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jueves, 7 de mayo de 2015

Alex Villaplane: De capitán de Francia a asesino nazi


Centrocampista con clase y uno de los mejores cabeceadores de su tiempo, en 1930 sería el capitán de la selección francesa que acudió a Uruguay a disputar el I Campeonato del Mundo de Fútbol. Sin embargo, su oscuro destino le iba a llevar a escribir una de las páginas más negras y ponzoñosas de toda la historia del balompié.

Nacido en Constantine (Argelia), el 12 de septiembre de 1905, Alexandre Villaplane pronto empezaría a destacar con un balón en los pies. Así, con solo 16 años, debuta en el FC. Sète (1921-1924). Más adelante, pasará por el SC. Nimes (1927-1929), Racing de París (1929-1932), FC. Antibes (1932-1933) y OGC Nice (1933-1934).

En 1926, siendo uno de los medios más habilidosos de Francia, recibe por primera vez la llamada de la selección gala, con la que será internacional en 25 ocasiones, hasta 1930, convirtiéndose en el primer jugador de origen africano en formar parte del combinado francés. En 1928 participará con su selección a las Olimpiadas de Amsterdam y, un año más tarde, el 14 de abril de 1929, Villaplane será uno de los once componentes del equipo de Francia que caerá derrotado nada menos que por 8 goles a 1 ante España, en un encuentro amistoso celebrado en Zaragoza.

Ya en 1930, Uruguay va a ser el país organizador del I Campeonato del Mundo de Fútbol. Una de las pocas selecciones europeas que acudirán a este evento será la francesa, con Villaplane como capitán del equipo. De este modo, el jugador de origen argelino será uno de los veintidós hombres que salten al terreno de juego en el Estadio de Pocitos, en el que será el primer partido de la historia de los Mundiales, que enfrentará a Francia con México, y donde su compañero Lucien Laurent será recordado siempre por marcar el primer gol logrado en un Mundial.

Francia en el Mundial de 1930. Villaplane de pie, el primero por la drecha

Un par de años después, siendo jugador del FC. Antibes, el que había sido uno de los mejores centrocampistas del país galo, empezará a arrojar por la borda su carrera deportiva, comenzando por ser uno de los artífices del amaño de un partido decisivo, que costará la descalificación de su equipo y poco después, ya siendo jugador del OGC. Nice empezará a ser visto con frecuencia en las carreras de caballos. Su última temporada como futbolista tendrá lugar en el Hispano-Bastidienne (de la 2ª División francesa), en la temporada 1934-35, aunque finalizará el campeonato entre rejas, involucrado en un escándalo de apuestas relacionado con las carreras. A partir de aquí, su periplo por distintas cárceles francesas será una constante, a causa de unos problemas económicos que le llevarán a verse inmerso frecuentemente en distintos escándalos y casos de corrupción.

Sin embargo, con el estallido de la II Guerra Mundial parece ver una vía de escape y se une a la causa nazi, integrándose como jefe de comando en el escuadrón de las SS Muhammad, del norte de África. En 1940 volverá a la cárcel por un período de seis meses, acusado de extorsionar a familias judías. A su salida de la prisión, se une a la Gestapo francesa, dedicándose a vender el oro sustraído a los prisioneros. Con el avance de la tropas aliadas, se verá obligado a adoptar una identidad falsa, pues comenzará a ser perseguido. En cualquier caso, este cambio de identidad no va a impedir que dé nuevamente con sus huesos en las cárcel, por su implicación en el mercado ilegal de piedras preciosas. Una vez liberado, el ex futbolista va a convertirse en uno de los cinco jefes de la brigada del Norte de África, donde será nombrado Untersturmführer (Jefe de Asalto). Durante la ocupación de este cargo saldrá a relucir el lado más vil de Villaplane quien, encargado de atacar a la resistencia francesa, acabará ordenando el asesinato de 52 prisioneros, por quienes había negociado a cambio de dinero, en la Matanza de Oradour-sur-Glane.
 
Villaplane, capitán del SC. Nimes

El 24 de agosto de 1944 va a ser arrestado, y esta ocasión será la definitiva, bajo la acusación de participar en, al menos, otros diez asesinatos de personas inocentes. El juicio en su contra sólo durará unos pocos días, debido a la evidencia de las pruebas mostradas contra él. El veredicto llega el 1 de diciembre, cuando es sentenciado a muerte y, finalmente, es fusilado el día 26 del mismo mes, en el Fuerte de Montrouge.

Las barbaries cometidas por este personaje aparecen aquí muy resumidas, pues fueron muchas y muy atroces, pero no merece la pena dedicar más líneas a este genocida, vergüenza del fútbol francés e internacional.

Emiliano Negrillo JR.

miércoles, 6 de mayo de 2015

La alopecia nerviosa de Dertycia


Hoy vamos a hablar de una historia curiosa. Muchos conocen a Dertycia con el sobrenombre de “Míster Propper”, apodo cariñoso que le puso la simpática hinchada del Cádiz por culpa de su falta de pelo, pero pocos conocen el resto de su historia futbolística, y lo que es más curioso aun, la causa de su alopecia nerviosa.

Oscar Alberto Dertycia jugaba como delantero, dejándose la piel en cada partido y luchando cada balón como si fuera el último. Nacido en Córdoba (Argentina) no tardó en recalar en las categorías inferiores del equipo de su ciudad, el Instituto de Córdoba, donde se consolidó como un letal artillero. El club se le quedaba pequeño y el Argentino Juniors se fijó en él, consiguiendo hacerse con sus servicios y donde acabó convirtiéndose en pichichi del Torneo argentino. Su calidad resalta en sus cifras, ya que se convirtió en el segundo mejor goleador en Argentina en la década de los ochenta.

Un año después cruzó el charco para enrolarse en las filas de la Fiorentina, donde conformaría una dupla de ensueño con el emergente Roberto Baggio, pero también donde le cambió la vida para mal. Un choque fortuito con Maradona en un Fiorentina-Napoli de Copa italiana acabó con una atroz rotura de ligamentos que le tuvo doce meses sin jugar y que acabó costándole el hueco que tenía asegurado en la selección argentina del Mundial de 1990.

Hasta ese momento, Dertycia lucía una frondosa melena que acabó perdiendo por culpa de los nervios y el estrés a causa de la lesión. El jugador intentaba disimular sus nervios, pero tenía problemas personales que le impedían ser feliz y tener tranquilidad. Aparte de la lesión y todo lo que ello le supuso, el delantero estaba solo en Italia ya que su familia y amigos seguían en Argentina por lo que la mezcla de tanto problema y encontrándose solo, acabó costándole el pelo. Lo único que Dertyicia sacó positivo de la lesión según cuenta él mismo es una gran amistad con Maradona, del que cuenta la anécdota de que fue a visitarle al hospital con dos relojes firmados por él, y unas camisetas del Napoli, que se acabaron quedando los médicos.
La prueba: La melena de Dertycia


Ya sin pelo llegó a España para intentar recuperar su fútbol y su mente, y su primer equipo fue el Cádiz, donde la grada le puso el cariñoso mote antes mencionado de “Míster Propper”, ya que fue decisivo en la salvación del equipo gaditano y el público le cogió rápidamente cariño. Fichó por el Tenerife y tras un buen año de la mano de Solari, le tocó vivir dos años de peleas con Valdano, que no quería contar con él, pero el delantero se ganó un sitio a base de goles, lucha y entrega, por lo que acabó siendo importante todas las temporadas y siendo famoso por anotar un gol y hacer un partidazo en la segunda liga perdida por el Madrid en el Heliodoro Rodríguez. Se marchó al Albacete mientras su mujer negociaba con el Betis, lo que le causo algún que otro problema con Benito Floro, que acabó dejándole casi en el ostracismo como castigo; aun así anotó seis goles en los pocos minutos que tuvo y dejó una buena imagen y recuerdo en la grada manchega.

Viendo el panorama que tenía en el Albacete decidió volver a su país y jugar en su equipo de toda la vida, el Talleres de Cordoba. Luego jugó en Instituto y también en el General Paz Juniors donde se retiró, todos ellos de su Córdoba natal. Entre su etapa de Instituto y General Paz probó suerte en el Deportes Temuco chileno y en el Coopsol Trujillo peruano. Ahora ejerce como preparador de categorías inferiores en los equipos de Córdoba y ha fundado una ONG, la“Fundación Córdoba Fútbol”.

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viernes, 24 de abril de 2015

El futbolista que le negó la mano al dictador

Carlos Caszely en el Levante / Fuente: www.radio24.ilsole24ore.com
El 11 de septiembre de 1973, el presidente de Chile, Salvador Allende, miraba ataviado con un casco y un fusil en sus manos por la ventana de La Moneda cómo el ejército chileno, comandado por el general Augusto Pinochet, rodeaba el palacio presidencial y culminaba de esta forma un Golpe de Estado militar evocándole al suicidio, algo que derivó en 18 años de dictadura. La vida de muchos chilenos dio un giro de 180 grados y la de los futbolistas no iba a ser una excepción, más si eras un conocido militante de izquierdas como Carlos Caszely.

En marzo de aquel año, tras crecer en las filas del Colo-Colo ayudando a su equipo a ganar dos ligas y un subcampeonato de la Copa Libertadores además de ser el máximo goleador, Caszely era ya uno de los jugadores más famosos de Chile, no sólo por su calidad, sino también por su actividad política. En ese mismo año, al futbolista se le comenzó a conocer como "El Rojo" Caszely por apoyar públicamente en las elecciones al Partido Comunista de Gladys Marín y Volodia Teitelboim y mostrar su simpatía por Salvador Allende, un apelativo curioso que comenzó a ser peligroso seis meses después.

Muchos jóvenes comenzaron a estar en el punto de mira del nuevo 'gobierno', por lo que Caszely no dudó en aceptar una oferta del Levante para jugar en la liga española. "Antes el Real Madrid se había interesado por mí, pero cuando se enteraron de que yo apoyé a Allende desistieron, siempre fui un hombre del pueblo", declaró al diario Levante. Pero aunque el delantero se marchó de su país y de la dictadura, su compromiso con la selección chilena le obligó a pasar por diversas recepciones del equipo nacional por parte de Augusto Pinochet.
El general recibía a la original Roja antes de partir rumbo a Moscú para enfrentarse a la URSS en una eliminatoria de clasificación para el Mundial de 1974 que se convertiría en uno de los encuentros más politizados de la historia. Entonces fue cuando Caszely, fiel a sus principios, dejó el gesto más impactante de su carrera.
Caszely, con las manos en los bolsillos, junto a Augusto Pinochet / Fuente: elarchivoene.com
"Pinochet no era tonto, sabía que yo no le iba a saludar. Así que caminó por delante del equipo y todos le daban la mano, pero yo me quedé con las mías en la espalda. Pasó de largo y se medio sonrió. Hubo otras recepciones y nunca le di la mano. Él siempre venía a hablar conmigo, pero sólo de fútbol. Yo le respondía. Nada más.", explicaba el delantero.

La ida de la eliminatoria frente a la Unión Soviética concluyó con empate a cero, por lo que el pase se decidiría en Chile. El escenario elegido fue el Estadio Nacional, donde sólo diez días antes el cantautor Víctor Jara fue torturado hasta la muerte por los militares. Un estadio manchado de sangre que albergaría a decenas de miles de almas coreando el nombre de su país. Aunque finalmente no llegó a disputarse el encuentro ya que la URSS, tras la negativa de la FIFA a que la vuelta se jugase en campo neutral, decidió no presentarse. Con la renuncia de los soviéticos, Chile estaba clasificada para el Mundial de 1974, pero decidieron jugar un partido contra nadie en el Nacional frente a 15.000 espectadores. Fue el Partido de la Vergüenza de Chile y de Caszely.



El por entonces todavía jugador del Levante tuvo que pagar de su bolsillo el billete de avión y no pudo comenzar peor el torneo ya que, tras aguantar una ensalada de patadas de Berti Vogts, Caszely se revuelve y golpea al defensa germano, ganándose una expulsión que repercutiría en su país después de que los militares agitasen la noticia. "Caszely se autoexpulsó para no jugar el Chile - República Democrática Alemana" rezaban casi todos los titulares, eludiendo a que Caszely quería que lo expulsasen para no enfrentarse así "a sus hermanos de cerebro".

Tras lograr 16 goles en 15 partidos en la 2ª división española y 26 goles en 32 partidos en la 2ªB con el Levante, el RCD Espanyol decide hacerse con sus servicios, donde ya en su primera temporada se convertiría en el máximo goleador del equipo. Pero de nuevo a Caszely le volvían a caer palos desde la selección de su país en 1977. Eduardo Gordon, presidente de la federación chilena, le impone al seleccionador Caupolicán Peña que no convoque al futbolista del Espanyol. "Peña se cagó. No me llamaron y no nos clasificamos para el Mundial de 1978 porque yo era la figura del equipo. Es lo más nefasto y estúpido que he visto en mi vida", relata el delantero en el libro Futbolistas de Izquierdas.



Después de vivir años de intermitencia con La Roja, finalmente en 1983 el presidente de la Asociación Central de Fútbol veta a Caszely de jugar con la selección con 33 años, quedándose como el tercer goleador histórico del combinado chileno por delante de jugadores como Marcelo Salas o Iván Zamorano. Dos más tarde se retiraría en el club de su vida, el Colo-Colo, que celebró un partido homenaje de despedida para la leyenda chilena donde se corearon numerosos cánticos desde las gradas contra el dictador Augusto Pinochet, lo que provocó enfrentamientos con la policía.

Pero, ¿de dónde le viene esta conciencia de izquierdas a Caszely? La respuesta la encontramos en 1988 durante las campañas para votar a favor o en contra de la continuidad de un Augusto Pinochet disfrazado de demócrata al frente del Estado. El delantero apareció en un anuncio publicitario presentando a su madre, la señora Olga Garrido, quien explicó en pantalla el secuestro que sufrió por los militares, quienes la torturaron y vejaron de tal forma que ni siquiera las llegó a contar otras a sus más allegados por respeto a su familia y a sí misma.

Las campañas contra el discurso de la señora Garrido no tardaron en llegar por parte del bando del dictador, pero finalmente ganó el "No" a la continuidad de Pinochet con el 56% de los votos, quién sabe cuántos de ellos fueron arrastrados por el testimonio de la madre de Caszely, que en esa noche del 5 de octubre de 1988, cuando se dieron a conocer los resultados, vivió una de las grandes victorias de su carrera.



Artículo escrito por: Ernesto González

domingo, 19 de abril de 2015

Y Rivaldo tomó el testigo

Fuente: Fcbarcelona.es
Cruyff, Van Gaal, Rijkaard y Guardiola. La historia reciente más exitosa del barcelonismo puede emparentarse con el nombre de estos entrenadores, aunque, en muchos de los casos, la era de uno no fue encadenada por la de otro. De hecho, en este post vamos a recordar una de las épocas más oscuras del conjunto azulgrana. 

Después de dos temporadas conquistando la Liga, Van Gaal se despide de la Ciudad Condal por la puerta de atrás. El campeonato doméstico viajaba a A Coruña y, para colmo, los dos rivales históricos, el Espanyol y el Real Madrid, conquistaban la Copa y la Champions, respectivamente. ¿Podían empeorar las cosas? El mercado de fichajes veraniego volvió a dejar patente la Ley de Murphy, con uno de los mejores futbolistas de la plantilla, Luis Figo, posando con la elástica merengue. En medio de un terremoto institucional, Joan Gaspart, quien se había hecho con el sillón presidencial después de haber estado varios años a la sombra de Núñez, dilapidó los 60 millones de euros recaudados en la operación Figo en contratar a Marc Overmars, Emmanuel Petit, Richard Dutruel y tres jugadores nacionales que podían devolver el encanto a la grada: dos canteranos que regresaban, Gerard y De la Peña, y un jugador forjado en las categorías inferiores del Real Madrid, Alfonso Pérez.

Pero el destino, caprichoso casi siempre, quiso el mejor aval culé para esa temporada ya estuviera, desde hacía varias temporadas, en Can Barça. Durante las dos temporadas anteriores, Rivaldo había dejado un sabor agridulce entre los aficionados azulgranas. Sus cifras no eran malas, pero la relación con Van Gaal se había deteriorado hasta límites insospechados. Su negativa a jugar pegado a la banda izquierda, como un extremo a la vieja usanza, limitándose a driblar al lateral de turno y poner centros al área, por no hablar de las obligaciones defensivas, hizo que el brasileño acabara en el banquillo e incluso en la grada en algunas ocasiones. Su ausencia fue suplida con creces por Figo, quien partiendo desde la banda siniestra empezó a mostrar las cualidades que podría ofrecer un jugador a banda cambiada, vamos, la función que ahora es vital para cualquier mediapunta/extremo.

Con Figo ya en Madrid y el Barcelona dando tumbos con Lorenzo Serra Ferrer en el banquillo, los aficionados azulgranas en particular y los amantes del fútbol en general, pudieron disfrutar de muchas lecciones futbolísticas de Rivaldo, aunque el que fuera ganador del Balón de Oro en el año 1999, dejó tres actuaciones que brillaron más que el resto. Vayamos por partes:

· 18 de octubre del año 2000: Tras tres jornadas en la fase de grupos de la Liga de Campeones, el balance del Barcelona no era nada positivo. La victoria inicial por 4-0 frente al Leeds United dejó paso a dos dolorosas derrotas ante Besiktas (3-0 con exhibición de Nihat) y Milan (0-2) que dejaban como una verdadera final la visita a San Siro en la cuarta fecha. Dutruel demostró en tierras lombardas que la portería culé le quedaba demasiado grande, encajando dos disparos lejanos de Albertini. Pero ese día, a pesar de que no llevara el brazalete de capitán, Rivaldo demostró que sí que era el líder de su equipo. Tiró de repertorio para anotar dos goles de falta (uno por debajo de la barrera, un gesto que luego emularon jugadores como Ronaldinho o Cristiano Ronaldo) y otro de cabeza, demostrando que en ese alma de '10' también había cierto aroma de '9'.


· 4 de marzo de 2001: Corría la jornada 25 del campeonato de Liga y, a pesar de haber ganado en la ida al Real Madrid en el ruidoso retorno de Figo al Camp Nou por 2-0, los azulgranas peleaban por meterse en los puestos de cabeza, mientras su gran rival caminaba firme hacia el título. Las previas del 'Clásico' del Bernabéu apuntaban a una goleada blanca, pero casi nadie tenía en cuenta el factor Rivaldo. Aunque Raúl tiró del carro merengue con dos goles marca de la casa, Rivaldo contestó hasta en dos ocasiones, la última de ellas con un latigazo que había ensayado durante el calentamiento. Con el césped ligeramente mojado, el brasileño puso la cruz en la zona de tres cuartos para sacar otro zurdazo que acabaría en las redes de Casillas, aunque el árbitro Losantos Omar acabó anulándolo por un más que polémico fuera de juego. El partido acababa en tablas (2-2), recuperando las discusiones sobre favores arbitrales a unos y otros, pero sin negar la evidencia: Rivaldo sostenía al Barcelona en plena caída libre.

· 17 de junio de 2001: Por si algunos aficionados aún tenían dudas de la importancia de Rivaldo en el Barcelona, el internacional brasileño se guardaba aún la que ha sido, quizás, la mejor de sus exhibiciones. En la última jornada del campeonato, Barcelona y Valencia se disputaban en el Camp Nou la última plaza que daba acceso a la Liga de Campeones. Los 'ché' llegaban en plena depresión tras perder la final de la Champions en penaltis ante el Bayern, pero con un verdadero equipazo. Además, las matemáticas estaban de su lado, ya que un empate les bastaba para lograr su objetivo. Muy cerca se quedaron de lograrlo, pero un vez más, Rivaldo se vistió de héroe. Si algún aficionado no tuvo el privilegio de verle jugar, valgan estos tres goles como resumen de sus cualidades: golpeo a balón parado, capacidad de pegar al balón desde media distancia y una habilidad innata para manejar una suerte tan complicada como la chilena, como ya había demostrado antes ante el Valladolid. Sobran las descripciones, vean el vídeo y simplemente disfruten de él:
   

Shackleton: Las 'payasadas' de un genio

Fuente:www.readytogo.net
El fútbol británico vive mitificado de extravagantes e incomprendidos genios tanto dentro como fuera del campo. Desde George Best, pasando por Paul Gascoigne hasta el mismo Wayne Rooney. Excéntricos futbolistas, geniales en el césped. Ídolos de todo un reino. Pero todos ellos tuvieron su precursor. Un genio adelantado a su tiempo: Len Shackleton.

Nació en Bradford en 1922; su aura de talento precoz sorprendía a propios y extraños. Más sorprendió cuando en 1938 decide abandonar su ciudad para embarcarse en una aventura llamada Arsenal. En realidad fue una efímera aventura, pues dos años más tarde fichaba por el equipo de su vida, el Bradford City.

Jugando en “su” club, Lenny mostró todo su talento. Un delantero de jugadas de fantasía. Virtualidad ilusoria adornaban sus jugadas. Y sobre todo goles, muchos goles. Tanto fue así que el Newcastle United pagaría la cantidad de 13.000 libras de la época por hacerse con sus servicios. El Newcastle intentaba ascender y en ese intento se encomendaban a Shack para lograrlo.

Su debut con “las urracas” fue histórico. Victoria ante el Newport Country por 13-0, pero lo fantástico fueron los 6 goles que Len consiguió en la segunda parte. El record, ¡un hat-trick en 155 segundos!

Pero pronto la hinchada de St.James Park se dio cuenta de que Lenny era un genio dentro del campo, petulante fuera del verde. Su fachenda le permitía deslumbrar un día y, al siguiente pedir aumento de sueldo. Tras cada partido, Shack, endiosado, era capaz de retar a la directiva, al entrenador y hasta sus propios compañeros. Así pues, sus días en St. James Park llegaron a su fin. Ya se deslumbraba que Len Shackleton jugaba para la grada, no para ganar títulos. Ya la prensa británica lo había apodado como “El Príncipe Payaso”.

Newcastle United traspasaban a Len al Sunderland por 20.000 libras a final de temporada. Era finales de la década de los cuarenta.

“Espero que estén preparados para ver mi fútbol. No todos pueden decir eso”

Así fue, 11 temporadas en el Sunderland. Temporadas donde hizo la delicia de la afición de Roker Park y de sus rivales. Anoto más de 100 goles. No ganó ningún título importante pero dejó acciones de leyenda.

Cuenta que contra el Arsenal, a falta de 5 minutos, Shackleton regatea a dos defensas rivales. Sorprendentemente no encaró al portero, sino que plantó el balón en el punto de penalti, se sentó sobre el esférico y con un larde de bravuconada simula peinarse a la vez que se “mira el reloj imaginario” en su muñeca a modo de pedir la hora al árbitro.

En otra ocasión, Lenny corre con un balón hacia el córner para hacer una pared con el banderín. Delante de los contrarios. Jamás se supo si era un menosprecio a sus rivales o a sus propios compañeros.

Así se las gastaba Shackleton. Un futbolista fetén, místico. Su arrogancia, sin embargo, jamás le permitió jugar más de unas pocas veces con su selección nacional. A pesar que los hinchas pedían su presencia, sabedores de sus atributos innatos para el fútbol. Pero jamás un entrenador confió en él. Jamás dejó de ser “El Príncipe Payaso”.

El jugador que jugaba para divertirse y hacer disfrutar a los espectadores. Un genio que jamás olvidó que el fútbol no deja de ser un juego.

Artículo de @oscargomesende

sábado, 18 de abril de 2015

El futbolista que le quitó el sueño a Hitler



El 12 de marzo de 1938, Adolf Hitler anexionaba Austria en lo que se denominó Anschluss y esta pasaba a ser provincia del III Reich, algo de lo que no estaban a favor una gran parte de los austriacos, y cuando uno de estos es uno de los primeros futbolistas mediáticos de Europa supone un grave problema para las ambiciones expansionistas del Führer.

Matthias Sindelar nació en Jihlava a comienzos de 1903 en el seno de una familia trabajadora y no tardó en mudarse a Viena por motivos laborales de su padre. Allí comenzó a salir a la calle a pegarle patadas a un balón como todos sus compañeros de colegio y debía hacerlo bastante bien, porque con tan sólo 15 años recibió una oferta del Hertha Viena para fichar por el club, donde pasó seis temporadas antes de dar el salto al Austria Viena, club de la burguesía hebrea de la ciudad, en 1924. En el conjunto blanquivioleta, comenzó a sorprender a media Europa con sus destellos de calidad ya como futbolista profesional. Llevó al equipo a hacerse con la Copa de Austria en 1925, 1926, 1933, 1935 y 1936, un título de liga en 1926, y dos Copas Mitropa (la Copa de Europa Central) en 1933 y 1936.

Sindelar se destapó como el héroe del Austria Viena durante una de las décadas más doradas del conjunto austriaco -aunque también tuvo que lidiar con salvarse del descenso por los pelos- y también comenzaba a hacerse un hueco en la selección de Austria. Debutó con la absoluta con 23 años y marcó en sus primeros tres encuentros, pero el seleccionador Hugo Meisl optó por dejarle fuera de las convocatorias durante catorce partidos ya que nunca pasaba el balón, aunque las presiones de la prensa obligaron a su vuelta. Como capitán del combinado nacional conquistaron la Copa de Europa de selecciones -precursora de la Eurocopa-, llegaron a las semifinales del Mundial de Italia de 1934, y lograron una histórica derrota por 4-3 ante Inglaterra en Londres, siendo este el primer partido en el que los Pross recibían más de un tanto en casa. En aquel encuentro Sindelar anotaría un gol que fue, en palabras del árbitro de la contienda, "Una obra de arte que nadie más ha logrado hacer contra semejante adversario como eran los ingleses. Sindelar arrancó desde la mitad del campo, eludió con su inimitable elegancia a todos los que se le pusieron por delante y culminó su eslalon escorándose a un lado y disparando a la red". Había nacido el Mozart del fútbol.


Precisamente con la selección austriaca jugaría el partido que sería a la vez su bendición y su condena. Regresamos a 1938, donde hemos comenzado la historia, porque Adolf Hitler montó un partido entre las selecciones de Alemania y Austria como celebración del Anschluss. Se cuenta que para aquel encuentro los austriacos tenían la orden de no marcar y Sindelar se lo tomó al pie de la letra. Cogía el balón, se marchaba de todos los rivales como tenía por costumbre, dejaba sentado al portero y, a puerta vacía, echaba el balón fuera con guasa. Tras la advertencia de los nazis, el Hombre de Papel -llamado así por su gran agilidad- se tomó más en serio el encuentro y no tardaría en inaugurar el marcador y, en lugar de correr con el brazo en alto parar dedicárselo a su nuevo Führer, se plantó ante el palco y bailó mofándose del propio Hitler y el resto de militares uniformados que abarrotaban la tribuna. El dictador alemán quería a ese futbolista eliminado. Aquella fue, a posteriori, su sentencia de muerte.

Durante los meses siguientes, Sindelar no dejaba de poner excusas para no formar parte del combinado alemán de fútbol, ya que Hitler había decidido que los mejores futbolistas del Wunderteam -sobrenombre de aquella selección austríaca- debían jugar bajo la bandera roja de la esvástica. Extrañas lesiones, excusas, compromisos... no hubo manera de que el Mozart del fútbol volviera a disputar un partido internacional desde aquel encuentro ante Alemania.

Su historia no podía terminar de otra manera que envuelta en tragedia y misterio. El 23 de enero de 1939 se encontraron los cuerpos de Sindelar y su pareja en el suelo de su casa en lo que pareció ser una intoxicación por monóxido de carbono de alguna estufa defectuosa. Unos dicen que fue un simple y fatal fallo del aparato lo que acabó con su vida mientras que otros apuntan a que fueron juventudes del partido nazi en Viena los que manipularon el calefactor del futbolista que se había mofado de su Führer siendo noticia en media Europa. Tampoco faltan los que señalan que Sindelar y su mujer se suicidaron al sentirse incapaces de vivir en un país bajo el yugo de la esvástica y sin que Matthias pudiera desempeñar su mejor fútbol dignamente. Lo único que es cierto es que a su funeral acudieron 15.000 personas para velar su tumba en el cementerio central de Viena, donde entre mártires históricos y figuras de la política se puede encontrar un balón y la foto de Sindelar.

Fuente: biochile.cl
Aunque el mito que señala que Sindelar fue perseguido por los nazis por ser judío sea falso ya que era y fue educado en la fe católica, sí que hay constancia de su postura de izquierdas y su oposición política al régimen nazi como tantos otros habitantes de Viena a comienzos de siglo. Siempre se mostró defensor del socialismo y la lucha obrera y fueron estos ideales políticos los que comenzaron a ponerle en el punto de mira de los nazis, además de gestos como el de comprarle un café al judío Leopold Drill por un precio justo de 20.000 marcos cuando entonces los judíos estaban obligados a ceder gratuitamente sus bienes a los arios o el hecho de negarse a colocar propaganda nazi en el establecimiento.

Así era Matthias Sindelar, el segundo Mozart que dio la ciudad de Viena. Así era un hombre que defendió sus ideales cuando lo más cómodo hubiera sido callar y asentir. Así era el mejor deportista austriaco del siglo XX.

Artículo escrito por: Ernesto González

viernes, 17 de abril de 2015

Los escasos amantes del fútbol de ayer

En el fútbol, como en la vida, el amor está en desuso o, cuanto menos, con una concepción lejana a la de antaño.

Fuente: masdeportes.es
Ya no hay margen para la bisoñez ni el compromiso eterno (pensemos, en el mundo del balón, que los contratos se firman para romperse/ampliarse con un aumento salarial considerable, más que para afianzarse; o que los divorcios, en el mundo rosa, en el último año casi han igualado en número a los nuevas nupcias matrimoniales); es por eso por lo que sólo queda un leve aleteo melancólico que nos redirige automática y musicalmente a un popular estribillo de décadas pasadas en el que Karina rezaba aquello de «cualquier tiempo pasado nos parece mejor…».

Y tanto que era mejor pues Dida, Cafú, Pancaro, Nesta, Maldini, Gattuso, Pirlo, Seedorf, Kaká, Tomasson y Shevchenko jamás volverán a juntarse para visitar Riazor en un envite de Champions contra los Molina, Manuel Pablo, Romero, Andrade, Naybet, Mauro Silva, Pandiani, Djalminha, Víctor Sánchez, Luque o Valerón. A lo que me vengo a referir es que esos ya no vuelven, y, a muchos, por un defecto personal nuestro, el tiempo nos duele; fundamentalmente a los que nos confesamos románticos de ese balompié donde cada conjunto tenía un jugador «santo y seña» y a su alrededor una pléyade de compañeros que desde las categorías inferiores portan la zamarra que su padre un día le colocó cuando él apenas se mantenía en pie por sí mismo. No es esto una crítica a Keisuke Honda, Jérémy Ménez, Mbaye Niang, Marco Van Ginkel o Pablo Armero, recientemente llegados a la disciplina rossoneri, sino a la falta de aceptación de la política generalizada de los clubes más punteros del panorama internacional.

Son pocos, muy pocos, insultantemente pocos, con cuentagotas, los casos como los del capitán de los reds, Steven Gerrard, del galés Ryan Giggs, Alessandro del Piero, el chico del Pinturicchio, o el eterno dorsal diez del conjunto capitalino-giallorossi, Francesco Totti. A todos ellos, si los viera en directo les aplaudiría -tanto o más que como lo hizo la antigua Catedral del fútbol español un 15 de marzo de 2012 cuando el ahora ayudante técnico de Louis van Gaal y hace dos cursos, entrenador interino, iba a ser sustituido- y si me los cruzara de frentes les diría:

«Gracias por las veces que me habéis levantado del sillón; cuando yo escucho el vocablo ‘leyenda’, pienso en vosotros».

A mí, y perdóneseme esta autocita –dejando a un lado el color del equipo por el que simpatizo, río, me enervo y lloro–, por un lado, me produce nostalgia cuando, tras haber visto a Rafa Paz, mucho antes, Martagón o Prieto, menos lejos en el tiempo, Navarro y Alfaro compartiendo eje de la zaga, Puerta anotando contra el Schalke 04 ese gol en semifinales de UEFA en el año del Centenario hispalense, un 27 de abril de 2006, y ahora veo una alineación de Unai Emery y sólo dos futbolistas, no ya sevillistas «de cuna», sino españoles, Vidal y Vitolo, arremolinados entre Kolodziejczak, Tremoulinas, Mbia, Carriço o Figueiras; y, por otro, me emociono cuando hace unos meses Lampard anota un gol fundamental en el partido liguero en el Etihad Stadium entre citizens y blues, y al final del mismo se dirige a la que siempre fue su hinchada y les pide perdón; ellos no sólo le reconocen el detalle, sino que lo ovacionan con una firmeza admirable. Ese, justo ese, es el fútbol que admiro porque, a fin de cuentas, esto (aunque no lo creamos con tantos devaneos financieros) es un de-por-te, una forma de mantenerte activo y darle funcionamiento al corazón, el órgano que, no lo olvidemos, nos hace amar.

Juanje Ayala

jueves, 16 de abril de 2015

El primer gol en la historia de un Mundial


Lucien Laurent ha pasado a la historia por algo que mucha gente desconoce, fue el primer goleador en la historia de un mundial. Este francés nacido en Saint-Maur-des-Fossés en diciembre de 1907, desempeñaba su trabajo como empresario desde muy joven en la famosa fábrica de coches Peugeot, mientras se dedicaba como pasatiempo al fútbol.

El CA Paris fue el primer equipo en el que demostró sus buenas cualidades técnicas y su capacidad goleadora, tanto fue así que el Sochaux no dudó en ficharle en 1930, aunque sin pagarle absolutamente nada de sueldo. Su descubrimiento como jugador causó tanta repercusión que se hizo famoso a nivel nacional y fue llamado a las filas de la selección francesa para disputar el Mundial de ese mismo año, que se disputaba en Uruguay. Laurent solo pidió dos cosas para ir con la selección, que se le pagase el sueldo mínimo y que se le otorgara la licencia en Peugeot, para así  no regresar sin dinero a su tierra cuando acabase el Mundial.

Nos ponemos en materia y llegamos al primer partido que se disputaba en un Mundial. Este acontecimiento histórico enfrentaba a México contra Francia, donde nuestro protagonista se convertiría en el primer anotador en la historia de los mundiales de fútbol. Laurent tardó tan solo 19 minutos en perforar la portería mexicana con un gol de volea que el propio jugador explicó muy bien en una entrevista al diario “The Independent”. “Nuestro portero sacó hacia el defensa central, quien habilitó a nuestro extremo derecho, éste recortó al defensa lateral y envió un centro cruzado que rematé de volea al ángulo desde unas 12 yardas”. El hecho del que hablamos quedó en el olvido incluso por los propios franceses, que acabaron eliminados en la primera ronda y la afición estaba disgustada con el fútbol en esos momentos. Años después, el jugador al ser preguntado por su gol histórico le restó importancia por la gran decepción que sufrieron los aficionados dejándonos la siguiente declaración: “Por supuesto, yo jamás imaginé la trascendencia del hecho. Recuerdo que cuando llegué a casa, sólo apareció una pequeña mención en alguno de los periódicos”. Lo más curioso de todo es que el propio Laurent tuvo que ponerse de portero por la lesión del guardameta titular y acabó encajando el gol del empate mexicano. Fue así el primer francés, y único si no me equivoco, en meter y encajar un gol en la historia de un Mundial.

Lucien Laurent, durante sus últimos años de vida
Su carrera no acabó en el Sochaux, también milito en varios equipos franceses como el Mulhouse, o los  famosos Stade Rennes y Racing de Estrasburgo, para acabar volviendo al AC Paris. Una lesión le dejó sin poder disputar el mundial de Italia en 1934, pero ese no sería su mayor infortunio.

Después de estallar la Segunda Guerra Mundial, fue considerado como alistado en el ejército francés y llamado al frente de batalla. Por desgracia fue capturado como prisionero por los alemanes en 1942, estando retenido como prisionero en un campo de concentración los siguientes tres años. Acabada la guerra fue liberado, regresando a su país y siguió jugando tres temporadas más al servicio del Besançon.  Después de retirarse en 1946 se dedicó especialmente a ser entrenador, entre ellos por supuesto el Besançon donde colgó las botas, pero además del fútbol tuvo otros empleos para lograr una situación económica estable.

En 1998, cuando Francia se coronó Campeona del Mundo, él fue el único futbolista francés del Mundial de 1930 que seguía con vida, e incluso llegó a ver la consecución del título en el estadio. Falleció  el 11 de abril de 2005 en Besançon.

@VictorDebate

El abrazo del alma


Esta es la historia de Víctor Nicolás Dell´Aquila, un joven bonaerense con 22 años de edad, y de Ricardo Osvaldo Alfieri, reputado fotógrafo de la revista El Gráfico. Juntos protagonizaron una de las fotografías más bonitas, e impactantes, de toda la historia de los mundiales de fútbol, en el estadio Monumental de Núñez, en Buenos Aires, el día 25 de junio de 1978, día en que se jugó la final de la Copa Mundial de la FIFA de 1978, momentos después de que el italiano Sergio Gonella, juez del partido decisivo, decretase la conclusión del mismo.

Pero para llegar a este momento, primero vayamos a uno de los pasajes decisivos, de la vida de Víctor Nicolás, cuando a los doce años sufrió un accidente, después de subirse a una columna de las que sostienen un transformador de energía eléctrica, de quince metros de altura, para ver su barrio –San Francisco Solano, en Quilmes- desde lo alto. Como el mismo cuenta, subía y bajaba como si tal cosa, pero un día el destino le jugó una mala pasada, se resbaló cuando se bajaba de la torre eléctrica, para evitar la caída, se sujetó al cable del tendido eléctrico con una mano, quedándose pegado al mismo, para intentar despegarse uso el otro brazo, quedándose pegado al cable eléctrico. Víctor finalmente, acaba cayendo al piso desde quince metros de altura. Sus brazos quedaron tan carbonizados, que para salvar la vida de nuestro protagonista, hubo que amputarlos. Nuestro héroe despertó en el hospital, pero su despertar, tras haber estado seis días en coma, fue desagradable, y duro, muy duro. La vida le había golpeado con gran dureza a Víctor, tanta que no quería vivir, pero su médico le dio una razón para afrontar con entereza el resto de su vida: “Vos le tenes que devolver la vida a tu vieja, nene”, le dijo después de terminar de atenderlo.

A partir de este momento, comenzó una historia de superación, y ganas de vivir apoyándose en la pasión que Víctor sentía por el fútbol –y por Boca Juniors, su equipo-, esta misma pasión le llevaría diez años después, a ser uno de los protagonistas de la portada de El Gráfico, los otros fueron Matildo Fillol y Alberto Tarantini. Ese 25 de junio de 1978, día ya imborrable en su vida, su pasión por el fútbol – y por su país-, le llevó al Monumental de Núñez a  ver la final del mundial entre argentinos y holandeses, por aquel entonces no existían los tornos, ni los controles de accesos, siendo además bastante común el poder acceder al campo, si conocías a alguien que trabajaba en la organización del partido, incluso si el cotejo era de la importancia de una final del mundo: “Ese día no encontré a la persona con la que había arreglado e intenté ingresar como discapacitado, pero me dijeron que estaba lleno. Me fui a la platea que está sobre Figueroa Alcorta y un conocido me hizo entrar. Y ahí me fui bien abajo y me senté”. Desde ahí pudo ver la gran final, el partido más esperado por todos los argentinos hasta ese momento, y embriagado por la alegría del resultado, su cabeza retrocedió a su niñez, por lo que saltó al césped, como él mismo cuenta: “Cuando vi que el referí levantó la mano, pasé los pies, flexioné y ¡tac! caí paradito. Pero seguían jugando, habían adicionado minutos. Entonces caminé despacito y me puse al lado del palo de Fillol. Y cuando tocó pito el juez salí corriendo en busca de alguien a quien abrazar. En un momento, Tarantini se arrodilló como rezándole a Dios. Fillol hizo lo mismo y se abrazaron. Justo llegué yo. Me frené y las mangas se fueron para adelante”, en ese momento entró en juego Ricardo Alfieri, el otro protagonista de esta historia, y le devolvió parte de una felicidad que la vida le arrancó de cuajo diez años atrás…

Ricardo quiso moverse de su posición, para poder así captar las mejores instantáneas de la celebración, pero no lo pudo hacer. Mover el material en aquella época era dificilísimo, era muy pesado, por lo que se quedó en su lugar. De repente vio a Fillol y Tarantini, dándose un abrazo arrodillados en el suelo. Inmediatamente sacó fotos del momento, un total de ocho, pero no fue hasta que llegó a la redacción, cuando supo lo que tenia entre manos. Al ir revisando las fotos vio la instantánea, y sin dudarlo, fue elegida como la foto de la portada más importante hasta ese día que había realizado la famosa publicación argentina. Osvaldo Ardizzone, reconocido periodista y escritor argentino, enseguida la bautizó como “El abrazo del alma”.

A lo largo de los años, toda la mística que rodea a la Copa Mundial de la FIFA hizo ese momento aun más impactante, convirtiéndolo en una de las fotografías más sentidas de la historia del deporte. Una imagen que va más allá de la razón, y que refleja el amor de un hincha por la pelota, por la camiseta, hacia su país, y a la gloria conquistada. Fue algo único, instintivo, inimitable, y sobre todo presidido por el corazón, ese que te empuja a luchar y a pelear en la vida, pasando por encima de grandes dificultades, como era el caso de Víctor Nicolás.

Con esta foto Ricardo Alfieri ganó varios premios internacionales, recibiendo mucha notoriedad profesional, y nuestro protagonista, Víctor Nicolás, vivió un momento de felicidad única, indescriptible, que le insufló nuevos bríos para vivir y sortear las trabas que aquel desdichado día de 1968 le puso la vida. Con el paso del tiempo, y la inestimable ayuda del fútbol, Víctor Nicolás Dell´Aquila, pudo hacer una vida normal, admirable diría yo. Se casó, tuvo dos hijos, estudió dibujo y consiguió llevar una vida como la de cualquier persona. Recibió la foto dedicada por parte de Ricardo Alfieri, conservándola aun en su domicilio. Importancia mediática no obtuvo demasiada, le hicieron algunas entrevistas pero poco más, no quiso tampoco convertir ese instante en dinero, prefirió guardarse para sí mismo ese momento irrepetible, ese momento que es historia de la competición más importante del deporte …

Hasta que treinta y seis años después, Coca Cola uno de los principales patrocinadores de la FIFA, y empresa encargada de organizar la gira mundial del trofeo, a la llegada a Argentina del mismo, quiso dejar algo que fuera recordado para siempre, por lo que decidió recrear “El abrazo del alma”. Buscó en San Francisco Solano a Víctor, para que rememorara junto al “Pato” Fillol y al “Conejo” Tarantini, aquel momento que pasó a la posteridad, y mientras juntos recordaban todo lo ocurrido aquella tarde de junio de 1978 en el estadio propiedad de River Plate, Coca Cola de manera sorpresiva, le llevó la copa a Víctor dándole así la posibilidad de tocar la copa, haciendo que disfrute de un privilegio al alcance de ganadores del trofeo, o jefes de estado. Víctor Dell´Aquila emocionado, observó ese brillo especial y característico del trofeo diseñado hace cuarenta años, por Silvio Gazzaniga. Como no pudo levantar la copa, la dio un inmenso beso, como si la misma fuese el primer amor de su vida. “Uno nunca se hubiera imaginado, que una fotografía por un problema físico, te llevaría a formar parte de la historia de un mundial”, contó Víctor. No Víctor, no pasaste a la posteridad por esa foto, has pasado a la posteridad porque has demostrado a todos que lo mas preciado que tenemos, la vida se vive con alma, y a todos los apasionados por el fútbol que existen en el mundo, nos recordaste con la ayuda de Coca Cola que la Copa del mundo, se levanta con el alma.


@EUGENIOMATEO1

Cuando ETA condiciona tu carrera

Fuente: marca.com

Con cinco años la niñez de Eñaut llegó a su fin. Mientras dormía en su cuarto soñando con convertirse en jugador de la Real, unos desconocidos entraban en su cuarto para sacarle en brazos de la cama y llevarle a casa de su abuela. Aquella noche escuchó golpes, gritos y disparos y pudo ver mientras le sacaban de su habitación a su padre, su madre y los tres hombres que llevaban un par de días viviendo en su casa siendo detenidos por esa gente tan extraña que acababa de asaltar su casa. Era 16 de abril de 1989 y la Guardia Civil acababa de asestar un duro golpe al Comando Eibar de ETA en Ondarroa.

Ese niño no era otro que Eñaut Zubikarai, actual guardameta de la Real Sociedad, y tardó varios años en volver a ver a sus padres, Kandido e Iñake, en libertad. A los dos se les acusó de colaboración con banda armada por ocultar a Iosu Ziganda Eneko, Juan Carlos Balerdi y Fermín Urdiain Txiki en su casa. Su padre reconoció que era colaborador de ETA desde hacía dos años, pero declaró que Iñake no tenía nada que ver. Aun así ella también pasó varios años en la cárcel sin poder pasar tiempo con su hijo fuera del centro penitenciario, aunque muchos menos que los 22 que pasó Kandido en la prisión de Alicante.

La familia Zubikarai recibía de esta manera un segundo duro golpe en menos de diez años ya que en 1980 Jesús María Zubikarai Badiola Jhisa, el hermano de Kandido, tío de Eñaut y simpatizante de Euzkadiko Ezkerra -escisión política de ETA a finales de 1970 que se integró en el PSOE-, era brutalmente asesinado a tiros por el Batallón Vasco Español, grupo terrorista de extrema derecha, en un atentado del que no hubo condena alguna hacia sus asesinos. Quizás fuera esto lo que empujaría a Kandido a enrolarse a ETA, o quizás no.

Fuente: marca.com

Toda esta espiral de violencia no llegó a salpicar al joven Eñaut, una persona educada, tranquila y humilde tal y como aseguran todos los que le conocen. Comenzó su carrera bajo palos en el equipo de su pueblo, el Aurrerá de Ondarroa, antes de ser fichado por la Real Unión de Irún para recalar en la Real Sociedad a los 19 años, donde ha desarrollado toda su carrera salvo un breve paréntesis en 2005, cuando estuvo cedido en el Eibar.

Pero viviendo con su abuela y con sus dos padres en la cárcel, la conciencia política del guardameta no podía ser inexistente como la de la mayoría de futbolistas y nunca ha escondido su militancia abertzale (izquierda nacionalista vasca). De hecho, siempre ha sido de los primeros en ofrecer su nombre y firmar manifiestos sobre la causa, bien fueran para la oficialidad de la selección de fútbol de Euskadi o para pedir la liberación de Arnaldo Otegi, injustamente encarcelado según el manifiesto. También participó en el más polémico de todos en 2006, el manifiesto de Ibaeta, que apoyaba la marcha que exigía unas mejores condiciones para los presos de ETA y en el que participaron multitud de deportistas vascos. Desde jugadores de la Real como Aranburu, Labaka o López Rekarte, hasta ex futbolistas de la talle de Iribar, Karmona, Sarriegi o Guarrotxena, pasando por otros deportistas relevantes de Euskadi como pelotaris, trontzalaris o aizkolaris.

Pero hubo un momento en el que la historia de Eñaut Zubikarai llegó más allá del Ebro y las fronteras mediáticas vascas. Fue en 2009 durante el Hartotxu Rock, festival de música para concienciar a la sociedad de la política penitenciaria hacia los presos de ETA, donde fue fotografiado sobre el escenario junto a cincuenta familiares de presos mostrando retratos de sus padres, madres, hijos, etc. encarcelados. Allí estaba Eñaut, sujetando una foto de su padre a punto de cumplir su condena de 22 años de prisión en Alicante. Ahí fue cuando se comenzó a conocer su historia fuera de Euskadi y cuando comenzaron los problemas para el guardameta de la Real Sociedad.

Fuente: libertaddigital.com

Fue dos años más tarde, en 2011, cuando la Real Sociedad recibió una oferta del Hércules para que Zubikarai se marchara cedido a Alicante y convertirse así en el guardameta titular del equipo que acababa de descender meses atrás. La directiva txuri-urdin decidió que era un buen momento para que el guardameta de 27 años pudiera rodarse en otro equipo y dejar de estar a la sombra de un incontestable Claudio Bravo, por lo que aceptó la oferta. Eñaut no se lo pensó mucho y también dio su visto bueno a este préstamo; era una gran oportunidad para poder estar al fin cerca de su padre.

Kandido Zubikarai seguía en prisión 22 años después. Debió haber salido en 2006, pero la famosa Doctrina Parot no se lo permitió hasta septiembre de 2011. Eñaut soñaba con jugar en Alicante sólo por poder vivir el momento de recibir a su padre a la salida del centro penitenciario de Fontcalent, pero entonces todo se torció inesperadamente.

Las redes sociales y correos del Hércules comenzaron a llenarse de mensajes, exigencias e incluso amenazas pidiendo que Eñaut no firmara por su equipo al ser hijo de un colaborador de ETA. Tal fue la presión ejercida por los aficionados que la cesión del futbolista fue imposible. Ambas partes anunciaron que se habían roto las negociaciones por discrepancias económicas, pero el club alicantino emitió en la nota que "cuando interesa un jugador nos fijamos en sus cualidades, no en si es de derechas o de izquierdas o si le gustan los hombres o las mujeres. Pero esto es un tema que puede herir la sensibilidad de mucha gente".

Finalmente, Zubikarai no pudo esperar a su padre a la salida de Fontcalent ni vistió la camiseta del Hércules, por lo que se quedó una campaña más en la Real Sociedad como suplente de Bravo. Aquel curso debutó con el conjunto txuri-urdin en Primera División y cuajó varias buenas actuaciones en Copa del Rey, pero para Eñaut su principal triunfo de aquella temporada fue volver a tener a su padre y a su madre juntos en casa por primera vez desde aquella noche de abril de 1989.

Artículo escrito por: Ernesto González

¿Qué fue de... Ali Dia?

Foto: dailyecho.co.uk

Ali Dia, el peor futbolista de la historia de la Premier League.

Grandes y geniales futbolistas nutren la historia del fútbol, pero en ocasiones nos sorprende con singulares historias.

Una de ellas historias es el debut de Ali Dia en la Premier League, un momento inolvidable.

Corría el año 1996 cuando el técnico escocés del Southampton ,Graeme Souness, recibe una llamada. Al otro lado de la línea se encontraba George Weah, por aquel entonces atacante del AC Milan y Balón de Oro. El liberiano le comenta a Souness que tiene un primo que acababa de finalizar su contrato con el PSG, era internacional absoluto con Senegal y se encontraba sin equipo. Ante esas credenciales aportadas por Weah, Souness decide contratar a ese flamante jugador. Así pues, Ali Dia firmaba su contrato con el Southampton por un mes (contrato muy típico de equipos británicos).

El momento del debut de Ali Dia iba a ser un amistoso ante Arsenal. Era el momento de que los Saints conocieran a su nuevo talento africano. Quizás por desgracia o casualidad, el partido no pudo celebrarse a causa de intensas lluvias. El estreno de Ali debería esperar.

Partido de Premier entre Southampton y el Leeds United. Souness cuenta con varias bajas en el equipo, por lo que decide convocar a Ali Dia. Ahora sí, Ali acaricia su debut.

Al minuto 33 del encuentro, Le Tissier (la gran estrella de los Saints) cae lesionado. Souness no lo duda, en su banquillo estaba Ali Dia. Así pues, el senegalés salta al césped.

El estreno no puede ser más esperanzador, pues al primer balón, Ali dispara con peligro a portería… y nada más. Solo apariencia. Cada uno de los espectadores que presenciaron ese encuentro no podía salir de su asombro. Cada minuto de Ali sobre el césped era más inaudito que el anterior. Cada minuto dejaba en evidencia que Ali Dia no era un talento, no era ni buen jugador, quizás no era ni jugador un fútbol. La afición vivía a carcajadas, mientras Souness no daba crédito a lo que veía. Era imposible que Ali Dia hubiera jugado al fútbol con anterioridad.

“Parecía un cervatillo caminado sobre hielo”, describió Le Tissier sobre la actuación del africano.

Souness decidió cambiar al senegalés en la segunda parte, quizás para evitar más bochorno, aunque no la derrota ante el Leeds (2-0).

Al día siguiente, Ali no se presentó al entrenamiento. Había comunicado a sus compañeros que se iba a tratar una lesión. Nunca más lo volvieron a ver.

Souness, confundido por lo sucedido, decide entonces llamar a George Weah para pedirle explicaciones. Al final el propio escocés fue quien dio explicaciones al liberiano, pues sorprendentemente, Weah no tenía un primo senegalés y, mucho menos había realizado la llamada.

Intentado aclarar los hechos, descubrieron que la llamada del falso Weah la había realizado un amigo de Ali Dia. Ali no era futbolista, ni mucho menos, era un estudiante de la Universidad de Northumbria que por un día cumplió un sueño: debutar a nivel profesional en la Premier League.

Un tiempo después de estos hechos volvimos a saber de Ali Dia, quien fichó por otro equipo no profesional, el Gateshead, equipo con el que llegó a disputar ocho partidos. Poco más sabemos de su vida después de que se licenciara en 2001 en la Universidad de Northumbria. Hoy en día, se rumorea que trabaja para una empresa llamada G02 Football Representation (agencia de representación de futbolistas). Curioso, de ser así, cómo el peor jugador de la historia ha conseguido acabar reconociendo y representando talentos. A Dia la broma le sirvió para ser mundialmente conocido y, algo con lo que todos soñamos, tener su propia página en la Wikipedia.

Ali Dia, posiblemente el peor jugador de la historia de la Premier League.

viernes, 10 de abril de 2015

Puskás significa 'escopeta' en magiar



Un sol de justicia cae sobre Budapest a pesar de ser noviembre. Al mismo tiempo cae también sobre una cama del hospital de Budapest la mano inerte de Ferenc Puskás que un día fue Purczeld. Elisabet, su esposa, solloza y se abraza a Anke que llora por la pérdida de su padre a pocos metros del Estadio Nacional de Hungría que años más tarde portaría su nombre en la fachada con letras de oro.

Ha fallecido Ferenc Puskás, aquel con nombre de premio. Aquel que fue el máximo goleador del siglo XX. Una neumonía sería la encargada de poner fin a 79 años de vida de una de las figuras más relevantes de la historia del fútbol. Una neumonía que escribía ese punto y final acompañada de un Alzheimer presente en la vida del hispanohúngaro en sus últimos años. Enfermedad que le impedía acordarse de que fue él el que protagonizó el mejor partido de la historia de clubs con aquel 7 a 3 del Real Madrid frente al Eintracht Frankfurt en 1960. Fue él el que anotó 4 de los tantos blancos en un encuentro que se retransmite año tras año en la BBC británica cuando llega la Navidad a modo de regalo para las retinas.

La vida de Ferenc Puskás habla de muchas cosas. Habla de un madurito rechoncho que no pudo jugar en su juventud en su Hungría natal por haber renunciado al comunismo instaurado en el país pero que combinaba sus imparables arrancadas con su habilidad con la zurda y sus acertados pases a extremos como Paco Gento. Pero la vida de Cañoncito Pum no se calla aquí. Nos habla además de un coronel que fue un desastroso comerciante: perdió un bazar en Budapest por regalar más ollas de las que vendía y quebró una fábrica de salchichas en Madrid porque casi nadie le pagaba.

El de los tripletes. El que provocó que la familia madridista viera a Santiago Bernabéu como un loco al traerse a Pancho Puskás, que daba dinero a sus compañeros exiliados porque era “un poco tonto” y cuyo corazón era “tan grande como su panza”. En unos tiempos sin televisión y en los cuales la palabra globalización sonaba a ciencia ficción, vivió Ferenc Puskás, aquel que llevó a la selección húngara a lo más alto y que recibía cartas de todo el mundo sólo con que se pusiera su nombre en el sobre. Un fracaso como comunista pero que como futbolista era de los buenos.

Artículo escrito por: @claras26

jueves, 9 de abril de 2015

''No fue culpa mía, éramos once''


Palabras dichas en su lecho de muerte por Moacir Barbosa, portero de la selección brasileña en el mundial de 1950, aquel en el que se produjo él celebre Maracanazo, hecho que cambio su vida para siempre, pasando de ser un héroe nacional a un condenado a muerte en libertad.

En los inicios de su carrera curiosamente, no era portero, Moacir Barbosa… era delantero, concretamente extremo izquierda en Sao Paulo, pero un año después cuando llego al Clube Atlético Ypiranga, lo hizo en condición de guardameta. Se mostró como un guardameta muy seguro y ágil, lo que llamo la atención del Vasco da Gama, que le ficho en 1945, aun siendo un portero sin experiencia en el alto nivel, rápidamente se hizo con la titularidad. Con los “camisas negras”, conquisto cinco campeonatos estaduales en ocho años y el Campeonato Sudamericano de Campeones de 1948, precursora de la Copa Libertadores, campeonato que le daría uno de sus pocos pasajes de felicidad tras el Maracanazo.

Que Barbosa llegara a la selección, era un paso natural y lógico, también controvertido, puesto que fue el primer portero de color de la “seleçao”, pero sus condiciones mandaban, además un año antes, Barbosa obtuvo la Copa América con Brasil en 1949, con lo cual, el equipo brasileño llegaba con sobradas razones para creer que podría proclamarse campeón al mundial del año siguiente, que se celebraría en Brasil. Llegado el campeonato el juego del equipo brasileño daba aun más ilusiones a su pueblo, obtuvo sonoras goleadas, entre las que destacan el 7-1 a Suecia, y el 6-1 a España, según muchos, este partido ante los ibéricos, fue la mejor exhibición de fútbol dada por una selección “verdeamarelha”, en Maracaná. Los brasileños llegaron al partido decisivo con Uruguay, en una inmejorable posición para ganar el torneo, le valía empatar -el ganador del torneo, salía de una liguilla entre Uruguay, Brasil, Suecia y España-, era la selección que mejor jugaba, pero…

El fútbol es un deporte muy caprichoso, pero ante todo es cruel con aquel que lo desprecia, y ese fue el error de todo Brasil, error que por desgracia pago quien menos culpa tenia, y en solitario. Repasemos las horas previas a la final: El día anterior a la final, Juvenal, el libero de aquella selección brasileña, fue autorizado a salir de Sao Januario –lugar de concentración de Brasil durante la Copa- llegando a la concentración tarde y en estado de embriaguez, fue al Dancing Avenida, un cabaret de Rió de Janeiro, mantuvo su puesto por la lesión de su suplente, Nena.

El día de la final, el plantel fue levantado a las siete de la mañana para ir a una misa organizada por una radio, el diario O Mundo los presento como campeones del mundo sin jugar, los jugadores tenían previsto el almuerzo a las once pero se interrumpe por la llegada de varios políticos entre los que destaca el ministro de educación, Eduardo Ríos. La concentración no tiene ningún control, se invoca una misión oficial para que los jugadores firmen fotos que luego serán revendidas cuando Brasil gane, la gente de Vasco da Gama pide por Ademir, su ídolo, cuando Flavio Costa el técnico, da la orden de emprender viaje a Maracaná, el autobús toca una de las puertas del lugar de concentración, quedándose parado. Cuando se llego al estadio, el técnico pone colchones en el suelo para que sus jugadores descansasen, y llevando comida a aquellos que no habían podido almorzar, como colofón de todo este descontrol, la charla final de Flavio Costa fue interrumpida por la llegada de Ángelo Mendes de Moráis, la persona que construyo Maracaná en menos de dos años, con estas palabras:  “Ustedes -dice el alcalde por los 254 altavoces del estadio-, que en pocas horas serán aclamados campeones por millones de compatriotas. Ustedes, que no tienen rivales en todo el hemisferio. Ya los saludo como vencedores. Yo cumplí mi promesa construyendo este estadio. ¡Ahora cumplan con su deber, ganando la Copa del Mundo!”.

Casi toda la selección uruguaya estaba amedrentada, como se esperaba por otra parte, pero su capitán Obdulio Varela, ahuyento todos los miedos, primero, contradiciendo a su mister, y animando a sus compañeros a salir a ganar, y segundo, recordándoles que el público no jugaba: “Los de afuera son de palo”, le dijo a sus compañeros en el túnel de vestuarios antes de salir a jugar. El partido comenzó con Brasil apretando mucho y buscando el gol que les diera tranquilidad, pero los celestes consiguieron llegar al descanso con empate a cero. A los dos minutos de la reanudación, Friaça hizo el gol que adelantaba a Brasil, transformando el estadio en una olla a presión, entonces Varela volvió a actuar, protesto la posición del autor del gol, pidiendo fuera de juego, que no era tal…, con el fin de enfriar al publico, puso luego lentamente el balón en el suelo y les dijo a sus compañeros: “Ahora a ganar el partido”. A partir de ahí, Uruguay creció, a los 66 minutos, una internada de Ghiggia, termina con un centro al área que Schiaffino convirtió en el empate, helando definitivamente al conjunto brasileño. La celeste lo percibió, y trece minutos después, otro avance de Ghiggia, que todo el partido pudo con su marcador Bigode, lleva el miedo a Brasil. Barbosa salió a tapar el centro al área, la acción lógica, pero Ghiggia sorprendió a todos y disparo al primer palo, el arquero brasileño se lanzó con decisión por la pelota, incluso llego a tocarla, pero cuando miro atrás…

La tragedia se consumó, Uruguay había anotado su segundo gol, poniéndose en ventaja y todo el estadio clavo sus ojos sobre el portero, condenándolo sin juicio previo. Durante los pocos minutos restantes, Brasil fue a por el empate, incluso dispuso de ocho saques de esquina consecutivos, pero no pudieron hacer el gol que le diera la victoria en el campeonato. Tras concluir el partido, Barbosa reconoció su parte de culpa alzando la mano en señal de disculpa al público, cuando este buscaba culpables. Toda la pirotecnia lista para festejar el título acabó en el agua. La gente se fue en silencio, apenas hubo destrozos en las calles. Tal fue la magnitud de la tristeza que algunos cuentan que Obdulio Varela, capitán uruguayo, se arrepintió de haberles ganado, ese día Brasil vivió una pesadilla.

Curiosamente Barbosa fue nombrado mejor portero del campeonato, incluso siguió jugando en la selección brasileña hasta 1953, pero ya nada fue lo mismo. Al día siguiente, salió con su mujer Clotilde de compras, ese día ya vio que todos le miraban. Pensó que seria algo pasajero, pero nada mas lejos de la realidad. Con el pasar del tiempo la gente se burlaba de él, uno de sus días más difíciles llego cuando en un supermercado, una mujer le señaló diciéndole a su pequeño: “Ese fue el hombre que hizo llorar a doscientos millones de brasileños”. Intento apagar su condena quemando los postes de aquella portería, cuando se los regalaron después de que FIFA mandara poner porterías con los postes de hierro, pero como cantaba Tabaré Cardozo: “Quema los palos Barbosa, del arco de Brasil, la condena del Maracaná, se paga hasta morir”.

En 1994, cuando fue a visitar a la selección brasileña y desearles suerte, Zagallo, segundo entrenador no le dejó entrar puesto que era considerado gafe, “En mi país, la condena máxima por un asesinato son treinta años, yo llevo cuarenta y tres años de condena por un crimen que no cometí” fueron sus palabras tras el desprecio. Para agravar su tristeza, Clotilde, su mujer, murió de cáncer en 1996, aunque unos años antes, en 1991 volvió a la vida, cuando un joven le reconoció, y le agradeció el Campeonato Sudamericano de Campeones ganado con Vasco da Gama en 1948. A partir de ese momento, Teresa Borba, la mujer de este joven se convirtió en su hija adoptiva, de hecho ella consigue que Vasco da Gama le pague una pensión, cuando se queda arruinado por culpa de la enfermedad de su mujer. Ella también fue quien intento limpiar el nombre de Moacir, lo describió como un tipo alegre, que ya no tenia pesar por haber perdido esa final, fue una batalla muy difícil para Teresa. De hecho la prensa brasileña apenas registro su muerte y solo un viejo rival Idario Peinado, estrella del Corinthians de los años 50, lo evocó.

Quizá todo esto acabo setenta y cuatro años después, cuando Brasil perdió 7-1 contra Alemania, en semifinales del mundial 2014. Teresa lo siente así, de hecho declaro: “Creo que con esto lava su alma. Con esto mi padre se está quitando el peso de aquella culpa”, pero lamentablemente Moacir Barbosa nunca lo sabrá, puesto que murió catorce años antes, olvidado prácticamente por todos.

@eugeniomateo1