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Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Alejandro Jabad. Mostrar todas las entradas
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domingo, 1 de febrero de 2015

Los renglones torcidos del fútbol


Cambiaré un poco el título de uno de los mejores libros jamás escritos para poder introducir la historia de un hombre que pudo llegar a hacer magia, pero se quedo a las puertas del codiciado Olimpo del fútbol. Y es que este hombre es uno más de los diferentes renglones torcidos del fútbol.

Estos “renglones” abarcan muchísimos tipos de futbolistas: algunos nunca llegan a la élite simplemente por falta de talento, otros por falta de espíritu, falta de continuidad… Pero este en concreto nunca llegó porque le falló el instrumento más importante que tenemos todos los seres humanos: el cerebro.

La historia de Sebastian Deisler comienza como comienzan las carreras de todos los futbolistas que ahora idolatramos (a no ser que veamos una película de alto presupuesto en Hollywood, la cual nos contará que un futbolista se convirtió en héroe por arte de magia).

Nació un 5 de enero en el año 1980 en una pequeña localidad de Alemania. Sebastian comenzó a jugar con tan solo seis años en el FV Tumringen y con una edad un poco más avanzada en el FV Lörrach, ambos equipos locales. Pronto, cuando Deisler alcanzó los 15 años de edad, los ojeadores del  Borussia Mönchengladbach pusieron sus miras en el joven interior alemán.

Como era de esperar, Sebastian fue fichado por el Borussia y pasó cuatro grandes años en su cantera, hasta que en la temporada 98-99 tuvo la gran oportunidad de saltar al primer equipo, cuajando una excelente temporada en la que jugó 17 encuentros y perforó la red en una ocasión. Como curiosidad, en aquel Borussia compartió equipo con Enke,  quien fuera portero del Barça. Con quien compartiría, para su desgracia, la misma enfermedad, la cual se dice que pudo acabar con la vida del portero: una grave depresión. Pero no avancemos acontecimientos, la “leyenda” nacía y el jovencito Deisler era considerado el niño de oro alemán.

El Borussia, a pesar de todo, descendió a la segunda división y fue entonces cuando el Hertha de Berlín aprovechó la oportunidad para hacerse con los servicios del jugador de la región de Friburgo. Todo iba para arriba. Jugaría en Berlín, una gran ciudad y jugaría Champions League, un salto de calidad importantísimo. Y es aquí, justo aquí, cuando comenzó la pesadilla para Sebastian.

El cerebro, del que os hablaba antes, comenzaba a fallar, y psicólogos especulaban sobre el mal rendimiento que podría dar debido al salto de una pequeña localidad de apenas 49.000 habitantes a una gran urbe de casi 4 millones de ciudadanos. Decían que no estaba preparado para ese cambio tan brusco y que podría afectarle, pero no le dio tiempo…

Deisler sufrió una rotura del tan temido por los futbolistas, ligamento cruzado. La primera de muchas lesiones y la primera de otras tantas operaciones. A pesar de eso, Deisler demostró un gran aplomo al hacer la recuperación entera y ganarse la titularidad arrebatándosela a Dariusz Wosz. Tan espectacular fue su segunda parte de la temporada que fue convocado para la selección alemana y así, disputó la Eurocopa del 2000 en la que no hizo mal papel. Jugó la temporada siguiente entera y sin incidentes, consolidándose como la  gran promesa del fútbol alemán, epíteto del que nunca saldría: promesa.

En su tercera temporada en el Hertha, sufrió otra lesión gravísima de rodilla y no pudo disputar ni un solo partido de la temporada 2001/02. Al finalizar esa temporada, se sometió a una nueva operación de rodilla, y el Bayern hizo un movimiento que algunos medios tildaron de “locura”: ficharon por 9 millones de euros (20 millones de marcos, muchísimo para la época de la que hablamos) a un ya veinteañero Sebastian Deisler.

Con este salto de calidad, la prensa se le echó encima con diferentes motivos: ya estaba en un grande, la gran promesa, todo el mundo le esperaba, no podía volver a lesionarse, decepcionaría a todo un país… Y fue aquí cuando, definitivamente, el instrumento del que hablaba al principio del artículo, se rompió. Deisler no pudo soportar aquella presión. Volvió a lesionarse y en la Navidad de 2003 toco el fondo más absoluto: fue internado en el Max-Planck-Institut de Munich, un sanatorio mental, para poder tratar su fuerte depresión nerviosa.

Sin prisa pero sin pausa fue avanzando. Poco a poco. A los dos meses salió del sanatorio, pero el cerebro no llegó a recuperarse realmente, lo que repercutió en su forma física. Nunca estuvo bien ni mental ni físicamente. El diario alemán Bild le apodó “Dalai Deisler” a su salida del sanatorio, ya que para apoyarse en su recuperación ingresó en una secta budista, quienes incluso fueron a visitarle a algún entrenamiento. El Bayern llegó a contratar espías para que no fuera más allá en aquella secta y no le afectara a nivel de juego.

Su vida sufrió un giro cuando Michael Ballack abandonó el Bayern, ya que tuvo que hacerse cargo del mediocentro durante dos temporadas enteras, llegando a recuperar un gran nivel y siendo convocado para la Copa Confederaciones de 2005 por la selección alemana. Su rodilla acabó definitivamente con su carrera deportiva y en el año 2006 tuvo otra grave lesión. Al recuperarse, no podía más (llegó a pensar en el suicidio según sus psicólogos) y decidió abandonar el fútbol definitivamente a la edad de 27 años.

Esta es la historia de uno de los numerosos renglones torcidos del fútbol que nos demuestra, ni más ni menos, que los futbolistas son personas, como todos nosotros, y que cuando el cerebro de uno de estos privilegiados dice “hasta aquí” no hay nada que pueda evitarlo.

Actualmente Sebastian Deisler es feliz, y regenta una tienda de productos del Nepal y del Himalaya en su ciudad natal, después de escribir su autobiografía y sacarse un buen dinero con ello.

El fútbol no son solo horas y horas de gimnasio. El fútbol no son solo 11 tíos dándole patadas una pelotita. El fútbol no son solo 50.000 personas cantando en una gran estructura con un césped rectangular en el centro. El fútbol es vida. Y no todos están preparados para llevar una vida así.

Artículo escrito por: @AlejandroJabad

viernes, 19 de septiembre de 2014

¿El mejor amigo del hombre?


Hartos estamos de oír en todos los medios (cine, series, libros, periódicos…) que el perro es el mejor amigo del hombre, pero en el caso del jugador que les voy a presentar, sobrepasó esa amistad e incluso estuvo a punto de costarle su trabajo en alguna ocasión. Este amor hacia sus mascotas, junto con su alta agresividad, empaña la carrera de este gran futbolista belga en numerosas ocasiones. Esta es la historia de Gilles de Bilde.

El amigo de Bilde nace en la pequeña localidad de Zellik, situada en la provincia del Brabante Flamenco, en la región de Flandes, el 9 de Junio de 1971.

En toda su carrera deportiva, Gilles de Bilde fue conocido por dos grandes características: ser un gran delantero, muy goleador y sobre todo por ser tremendamente agresivo.

Como aperitivo comentaré, que de Bilde cerca estuvo de abandonar la profesión con tan solo 23 años. ¿Razón? Fue sentenciado a dos años de prisión por dar dos severos cabezazos a dos dirigentes de los boy-scouts en Bélgica, los cuales habían acusado de robo a su hermano (la sentencia finalmente fue suspendida, pero perdió muchísimo tiempo en juicios y abogados). Pero esta simple anécdota no es ni lo más agresivo, ni lo más estrambótico que hizo el jugador flamenco a lo largo de su vida.

Siendo así, su carrera comienza en el KHO Merchtem de la cuarta división belga a la edad de 18 años. A los 21 dio el salto a la segunda división belga, concretamente a la ciudad de Aalst. Jugó tres temporadas en el Eendracht de Aalst anotando 40 goles en 86 encuentros. Haciendo grandes campañas subió al equipo desde la segunda división y acabó clasificándolo para la  UEFA el último año que allí jugó (fueron eliminados por el AS Roma en segunda ronda, ya sin Gilles en su filas).

Haciendo una última  campaña extraordinaria no pudo ser recompensado de otro modo que siendo nombrado Mejor Jugador Belga del año 1994.

Obviamente esa gran actuación no pasó desapercibida para otro de los grandes e históricos de la liga belga, el Anderlecht.

Fichó por el conjunto blanquivioleta en la temporada 1995-96. Firmó 22 tantos en 46 partidos durante las dos campañas en las que perteneció al club belga antes de hacer las maletas a Holanda.  Lamentablemente, su paso por el Anderlecht no será recordado por los grandes goles que anotaba. Será eternamente recordado por dos graves actos de violencia que terminaron de dilapidar su ascenso como futbolista.

El primero tuvo lugar en agosto de 1996, cuando fue a visitar a su padre al hospital. Llegó a una hora que no estaba dentro del horario estipulado por el hospital para las visitas. Amablemente los enfermeros que cuidaban de su padre les informaban que a esa hora él no podía estar allí y al bueno de Gilles no se le ocurrió otra cosa que pegarle un cabezazo a cada uno y entrar a ver a su padre. Siempre tan simpático nuestro amigo Gilles.

Después de pagar una cuantiosa multa por este acto, tan solo cuatro meses después, jugando ante su ex equipo, el Aalst, durante el lanzamiento de un penalti, le pegó un puñetazo y un cabezazo a Krist Porte, futbolista del equipo contrario. Fue el acto más violento de su carrera. Krist Porte sufrió un desprendimiento de retina en su ojo derecho y fractura del tabique nasal. Tocado por la varita mágica de la justicia, Gilles de Bilde no solo no fue a prisión (cosa que pidieron muchos medios deportivos en Bélgica) sino que además sólo tuvo que pagar una multa de 10.000 euros, cuando en un principio Krist Porte pedía una indemnización de 200.000.

Gilles de Bilde no volvería a levantar cabeza. Pocos días después, Johan Boskamp dio la sutil idea de que quizás el futbolista debería visitar a un psiquiatra y fue traspasado al PSV Eindhoven, donde a pesar de conseguir un título de liga en el primero de los tres años, nunca llegó a cuajar ni a consolidarse como titular.

Tras tres años sin pena ni gloria por su último intento de subirse al tren de la élite del fútbol, fichó por el Sheffield Wednesday (como curiosidad: actual equipo de Royston Drenthe, ex jugador del Real Madrid), por aquel entonces en primera división. En aquella temporada marcó 10 goles, pero no pudo evitar que el equipo descendiera.

Lo realmente curioso de su llegada a Inglaterra empieza con otra de las obsesiones de Gilles de Bilde que le provocó más problemas legales y profesionales. Diversos medios ingleses acusaban al jugador belga de haber colado ilegalmente a sus dóberman en el país, saltándose la ley de cuarentena y alegando que esa ley causaba muchísimos problemas psicológicos a sus perros. Tuvo que pagar una nueva multa. Algo que ya tenía casi por costumbre.

Cuando se hartaron en el Sheffield de él, le cedieron tres meses al Aston Villa, pero estuvo a punto de cancelarse esa cesión porque no tenía a nadie que diera de comer a sus perros. Finalmente el Sheffield puso un trabajador únicamente para poder alimentar a los animales.

Hasta sus últimos años de jugador, tuvo una carrera gris. Únicamente volvió a ser portada jugando en un equipo de tercera, el Willebroek, ya que fue castigado por su club por haber faltado a un entrenamiento y un partido por quedarse llorando la muerte de uno de sus dóberman.

Finalmente en el año 2008 se retiró la eterna promesa belga. Un cohete que nunca llegó a despegar por su convencimiento de que siempre quedaría alguien en el suelo al que soltarle un cabezazo. Un hombre al que lastró hasta el amor que sentía hacia sus perros. Otra historia más de un futbolista nacido para triunfar, frustrado por su propia cabeza. Esta es la historia de Gilles de Bilde.

@alejandrojabad