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Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Emiliano Negrillo. Mostrar todas las entradas
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jueves, 7 de mayo de 2015

Alex Villaplane: De capitán de Francia a asesino nazi


Centrocampista con clase y uno de los mejores cabeceadores de su tiempo, en 1930 sería el capitán de la selección francesa que acudió a Uruguay a disputar el I Campeonato del Mundo de Fútbol. Sin embargo, su oscuro destino le iba a llevar a escribir una de las páginas más negras y ponzoñosas de toda la historia del balompié.

Nacido en Constantine (Argelia), el 12 de septiembre de 1905, Alexandre Villaplane pronto empezaría a destacar con un balón en los pies. Así, con solo 16 años, debuta en el FC. Sète (1921-1924). Más adelante, pasará por el SC. Nimes (1927-1929), Racing de París (1929-1932), FC. Antibes (1932-1933) y OGC Nice (1933-1934).

En 1926, siendo uno de los medios más habilidosos de Francia, recibe por primera vez la llamada de la selección gala, con la que será internacional en 25 ocasiones, hasta 1930, convirtiéndose en el primer jugador de origen africano en formar parte del combinado francés. En 1928 participará con su selección a las Olimpiadas de Amsterdam y, un año más tarde, el 14 de abril de 1929, Villaplane será uno de los once componentes del equipo de Francia que caerá derrotado nada menos que por 8 goles a 1 ante España, en un encuentro amistoso celebrado en Zaragoza.

Ya en 1930, Uruguay va a ser el país organizador del I Campeonato del Mundo de Fútbol. Una de las pocas selecciones europeas que acudirán a este evento será la francesa, con Villaplane como capitán del equipo. De este modo, el jugador de origen argelino será uno de los veintidós hombres que salten al terreno de juego en el Estadio de Pocitos, en el que será el primer partido de la historia de los Mundiales, que enfrentará a Francia con México, y donde su compañero Lucien Laurent será recordado siempre por marcar el primer gol logrado en un Mundial.

Francia en el Mundial de 1930. Villaplane de pie, el primero por la drecha

Un par de años después, siendo jugador del FC. Antibes, el que había sido uno de los mejores centrocampistas del país galo, empezará a arrojar por la borda su carrera deportiva, comenzando por ser uno de los artífices del amaño de un partido decisivo, que costará la descalificación de su equipo y poco después, ya siendo jugador del OGC. Nice empezará a ser visto con frecuencia en las carreras de caballos. Su última temporada como futbolista tendrá lugar en el Hispano-Bastidienne (de la 2ª División francesa), en la temporada 1934-35, aunque finalizará el campeonato entre rejas, involucrado en un escándalo de apuestas relacionado con las carreras. A partir de aquí, su periplo por distintas cárceles francesas será una constante, a causa de unos problemas económicos que le llevarán a verse inmerso frecuentemente en distintos escándalos y casos de corrupción.

Sin embargo, con el estallido de la II Guerra Mundial parece ver una vía de escape y se une a la causa nazi, integrándose como jefe de comando en el escuadrón de las SS Muhammad, del norte de África. En 1940 volverá a la cárcel por un período de seis meses, acusado de extorsionar a familias judías. A su salida de la prisión, se une a la Gestapo francesa, dedicándose a vender el oro sustraído a los prisioneros. Con el avance de la tropas aliadas, se verá obligado a adoptar una identidad falsa, pues comenzará a ser perseguido. En cualquier caso, este cambio de identidad no va a impedir que dé nuevamente con sus huesos en las cárcel, por su implicación en el mercado ilegal de piedras preciosas. Una vez liberado, el ex futbolista va a convertirse en uno de los cinco jefes de la brigada del Norte de África, donde será nombrado Untersturmführer (Jefe de Asalto). Durante la ocupación de este cargo saldrá a relucir el lado más vil de Villaplane quien, encargado de atacar a la resistencia francesa, acabará ordenando el asesinato de 52 prisioneros, por quienes había negociado a cambio de dinero, en la Matanza de Oradour-sur-Glane.
 
Villaplane, capitán del SC. Nimes

El 24 de agosto de 1944 va a ser arrestado, y esta ocasión será la definitiva, bajo la acusación de participar en, al menos, otros diez asesinatos de personas inocentes. El juicio en su contra sólo durará unos pocos días, debido a la evidencia de las pruebas mostradas contra él. El veredicto llega el 1 de diciembre, cuando es sentenciado a muerte y, finalmente, es fusilado el día 26 del mismo mes, en el Fuerte de Montrouge.

Las barbaries cometidas por este personaje aparecen aquí muy resumidas, pues fueron muchas y muy atroces, pero no merece la pena dedicar más líneas a este genocida, vergüenza del fútbol francés e internacional.

Emiliano Negrillo JR.

lunes, 4 de mayo de 2015

El largo vuelo del Gran Torino (y 3ª parte)


Antes de comenzar a leer este artículo te puede interesar...

Primera parte "El vuelo del Gran Torino" Segunda parte "El vuelo del Gran Torino"


La tarde del 3 de mayo de 1949, la plantilla casi al completo del equipo que desde hacía tiempo se venía conociendo como “Il Grande Torino” se encuentra en Lisboa para disputar un partido de carácter amistoso contra el Benfica, en homenaje al capitán del club portugués, Francisco “Xico” Ferreira. Cuando los jugadores saltan al terreno de juego, nada hace pensar que ésta va a ser la última vez que los hombres del Toro vistan los colores granates de la entidad, ya que en menos de veinticuatro horas la historia de este equipo de ensueño habrá terminado para siempre.


Los capitanes Mazzola y Ferreira se saludan antes del partido

Para la ocasión, los jugadores benfiquistas lucirán equitación blanca, debido a la similitud en los colores de su vestimenta habitual con la de sus visitantes, y en deferencia a estos. Henry Pierce será el colegiado inglés encargado de dirigir el match, cuyos primeros diez minutos permitieron disfrutar a los espectadores del juego más vibrante y maravilloso de los italianos, con gol del capitán Mazzola incluido, lo que hacía pensar en una amplia victoria de los turineses. Sin embargo, el estado del propio Mazzola, que venía aquejado de gripe y sale a jugar con unas décimas de fiebre, y la lesión del delantero centro Gabetto, a los veinticinco minutos de partido, propiciaron que el conjunto local terminara haciéndose con el dominio del encuentro. Así, el Benfica, que había desplegado un gran juego y había sabido superar a su rival, terminó resultando vencedor de la contienda, al imponerse por 4 goles a 3 a la genial escuadra granate.



Una instantánea del encuentro
A pesar del carácter amistoso del partido, los jugadores del Torino quedaron verdaderamente apesadumbrados por la derrota tras finalizar el match. Tal vez algo en su interior les estaba diciendo que acababan de jugar el último encuentro de su vida. Por parte del Benfica, la alegría inicial que había supuesto vencer al equipo más grande de la época, sólo unas horas después se iba a convertir en desolación, pues ésta iba a terminar por ser la victoria más amarga de toda su historia. 

La Tragedia de Superga
La mañana siguiente a la disputa del partido contra el Benfica, la expedición del Torino parte de regreso en el avión Fiat G.212 CP de la Avio Linea Italiane, que debía traerles de regreso a casa. Tras una breve escala en Barcelona, la aeronave continúa su vuelo hacia Turín. Por aquel entonces, el aeropuerto turinés se encontraba en el centro de la ciudad, lo que hacía preciso sobrevolar la colina de Superga para acceder al mismo.

La niebla que cubría el cielo y los alrededores de Turín aquella fatídica tarde del 4 de mayo era espesísima. El comandante Meroni, a los mandos del avión, iba siguiendo las indicaciones que desde tierra le iban llegando, pues tenía que pilotar prácticamente a ciegas. Pero nada pudo hacer cuando la colina se le vino encima.

A las 17:03 horas exactamente, un fuerte estruendo hizo que temblaran hasta los cimientos de la basílica situada en la cumbre de Superga. El planeador acababa de impactar contra la parte posterior del muro que rodea el recinto. Inmediatamente acuden el capellán y un hortelano que andaba por las inmediaciones. El panorama que se encuentran es desolador: el avión prácticamente se ha desintegrado y nadie ha sobrevivido a la catástrofe… jugadores, técnicos y directivos del club, periodistas, tripulación… todos han muerto.


La prensa lisboeta se hace eco de la noticia

Curiosamente, en la basílica de Superga hay enterrados dieciocho reyes de la dinastía Saboya, como dieciocho es el número de jugadores de la plantilla del Torino que allí pierden la vida.

Los futbolistas y directivos del Milan, que esa misma tarde se encuentran disputando un encuentro amistoso contra el Real Madrid, en Chamartín, se enteraron esa misma noche del fatal acontecimiento cuando, mientras se encontraban disfrutando de una cena ofrecida por la directiva madridista, entró en el salón el Secretario de la Federación Española de Fútbol, señor Cabot, para informarles del suceso. Inmediatamente, la expedición milanesa se retiró a su hotel en señal de duelo. Los billetes de avión que ya tenían para emprender el viaje de regreso a Italia al día siguiente, serán finalmente deshechados, partiendo de vuelta a la noche siguiente en tren.

El día posterior a la catástrofe, las páginas de “El Mundo Deportivo” barajaban la posibilidad de que el capitán Mazzola hubiera abandonado el avión durante su escala en el aeropuerto del Prat para quedarse en Barcelona, por encontrarse enfermo, aunque desgraciadamente esto nunca llegó a ocurrir.

La tragedia propició en tan sólo unas horas la decisión unánime de todos los clubs de la Serie A italiana de otorgar el campeonato de Liga a título póstumo a los hombres del Torino, debido a los cinco puntos de ventaja que los granates sacaban a sus seguidores, a pesar de las jornadas que aún quedaban por disputarse.

Las calles de Turín jamás se habían visto tan abarrotadas como durante los funerales por los héroes del Toro. Más de un millón de personas de la propia localidad piamontesa, así como provenientes de otros puntos del país, acompañaron a los 31 féretros por las calles de la ciudad bajo un cielo lluvioso. Vittorio Marassi, Presidente de la Federación Italiana de Fútbol, anunciaba, durante el cortejo fúnebre en el Palacio Madama: “Mi querido capitán, aquí está vuestra Copa, ya la habíais ganado, el Toro vuelve a ser campeón…” y, a continuación, como si se dispusiera a recitar la alineación previa a un partido, empezó a nombrar uno por uno, empezando por “il capitano” Mazzola, a cada uno de los 18 jugadores siniestrados.


Portada de “La Gazzeta dello Sport”
Destrozado por lo sucedido, “Xico” Ferreira, el capitán del Benfica homenajeado, donó el equivalente entonces a unos 250 euros para las familias de los fallecidos. Además, en su sala de trofeos personal siempre permaneció una fotografía con marco negro del equipo turinés.

Los que no llegaron a viajar
Dentro de esta tragedia existen cuatro personajes que, por uno u otro motivo, no llegaron a formar parte de la expedición a Portugal, burlando así el fatídico destino que les esperaba. Son los que vienen a continuación, y así escaparon a su propia muerte,

Unos días antes de la partida del equipo hacia Lisboa, el club tenía casi cerrado el fichaje de un jugador que pocos años después se haría bien conocido por la afición española: el húngaro Ladislao Kubala. El jugador, que había sido invitado a viajar con el equipo para disputar el partido ante el Benfica, tuvo que renunciar casi en el último momento, al enterarse de que su familia había logrado escapar de Hungría, por lo que tuvo que declinar la oferta para marchar a Udine y reunirse con su mujer e hijos. Poco podía imaginar el joven delantero que este acontecimiento terminaría por salvarle la vida.

Renato Gandolfi, que era el segundo portero de la entidad, se enteró unos días antes de que no iba a participar en la expedición, noticia que acogió con desagrado. Aldo Ballarin había intercedido por su hermano Dino, tercer guardameta del equipo, para que éste pudiera viajar a Portugal, en compensación por sus esfuerzos en cada entrenamiento, a lo que el técnico, Egri Erbstein, accedió. Gandolfi no sabía que, de este modo, iba a esquivar la catástrofe que se cernía sobre sus compañeros.

Sauro Tomá había sido uno de los últimos en incorporarse a la plantilla del imbatible Torino. Contaba 23 años cuando este prometedor lateral izquierdo vio cumplido su sueño de codearse con las máximas figuras del panorama balompédico de su país. Molestias en el menisco aconsejaron que el joven jugador tuviera que renunciar a viajar a Lisboa con el resto de sus compañeros para quedarse en Turín y recuperarse lo antes posible. Este contratiempo supuso una gran desilusión para Tomá, que deseaba participar en la expedición, aunque no tuviera posibilidades de jugar. La fatídica tarde del 4 de mayo, cuando regresaba del Estadio Filadelfia de su entrenamiento en solitario, alrededor de una treintena de personas se agolpaban a las puertas de su domicilio para comunicarle la fatal noticia del accidente que acababa de costar la vida a sus compañeros.

Por último, el propio presidente de la entidad, Ferruccio Novo, que tenía pensado acompañar a sus hombres al evento lisboeta, también tuvo que desistir a última de participar en el viaje, aquejado de una gripe que terminaría por significar su salvación.

A esta lista hubiera podido agregarse el nombre de Valentino Mazzola, inmerso, al igual que su presidente, en un fuerte proceso gripal. Al magnífico jugador, que tan sólo hacía unos días se había casado con su segunda mujer, se le aconsejó no participar en el viaje. Sin embargo, el bravo capitán y máximo estandarte del equipo, se negó a dejar a sus compañeros. De este modo, Mazzola pasaría a engrosar el número de fallecidos en Superga. Lo que ese negro destino no iba a poder evitar es que años después sus hijos, Sandro y Ferruccio, pudieran seguir sus pasos y hacer carrera en el fútbol. Sobre todo, Sandro, el mayor, llegaría a ser una de las grandes estrellas del panorama futbolístico italiano en las décadas de 1960 y 1970, conquistándolo todo con el Inter de Milan de Luis Suárez y Helenio Herrera, y constituyéndose en pieza clave de la selección “azzurra” de aquellos años.

Partido de homenaje ante el River Plate de Alfredo Di Stéfano
A lo largo del siglo XX, fueron diversas las ocasiones en las que el pueblo argentino demostró un carácter tremendamente solidario allá donde pudiera servir de ayuda. Y como reflejo de ello, ni siquiera sus clubs deportivos se quedaban atrás. Así, cuando la noticia de la tragedia ocurrida en Italia llegó a tierras bonaerenses, la directiva del River Plate se ofreció inmediatamente para que el equipo viajara hasta Turín, sin cobrar siquiera los gastos del viaje, para jugar un encuentro solidario a beneficio de las familias de los fallecidos.

De este modo, el 26 de mayo, tan sólo veintidós días después de la catástrofe, el River Plate, con sus máximas figuras, como Carrizo, Di Stéfano o Labruna, se enfrenta en Turín a un combinado de jugadores de la Serie A italiana que, bajo el nombre de Torino Símbolo, jugaron uniformados con la equitación del Toro.

Entrada del partido de homenaje a los fallecidos en Superga

El partido tiene lugar en el Estadio Comunale, con más capacidad que el Filadelfia, y, a pesar del elevado precio de las localidades, las gradas muestran un lleno absoluto. El empate a dos goles con que finalizó el encuentro fue lo de menos. Lo realmente importante es que gracias al bello gesto de los argentinos, ambos clubs quedaron hermanados para siempre. Finalizada la contienda, los platenses hicieron entrega de una copa, con el nombre de su Primera Dama, Eva Duarte, al presidente turinés, Ferruccio Novo.


Alineación del River Plate que jugaría ante el Torino
El Torino jamás volvería a ser “Grande”, y por eso pesa aún más la leyenda de aquel equipo de ensueño que en la década de 1940 fue capaz de enamorar a toda una nación. En cuanto a la selección italiana, tardaría tiempo en recobrarse de la tragedia, como demuestra su discreta participación, con más pena que gloria, en el Campeonato del Mundo de 1950, en Brasil, a donde llegaron exhaustos por el largo viaje en barco, debido a la negativa de los jugadores a tomar un avión.

Para terminar, si has sido capaz de leer toda la historia hasta aquí, me gustaría pedirte algo: si alguna vez tienes ocasión de viajar a Turín, no dejes de pasarte una tarde por las inmediaciones de lo que aún queda del viejo Estadio Filadelfia, porque puedes tener la fortuna de ver, hacia el centro del campo, la figura de un rubio “capitano” subiéndose las mangas de su camiseta granate hasta encima de los codos, mientras a voz en grito arenga a sus compañeros: “¡Alé Toro!”.

Emi Negrillo

viernes, 24 de abril de 2015

El largo vuelo del Gran Torino (2ª parte)


Finalizada la contienda bélica y con la reanudación de las competiciones deportivas, el equipo del Toro había logrado construir una escuadra que sería capaz de ilusionar a toda una nación sumida en la postguerra, gracias a su juego y la insultante superioridad que iba a ejercer sobre sus rivales.

Il Grande Torino
Para entender mejor de lo que estamos hablando, sólo hay que echar un vistazo a los números, que nos aportan unas cifras mareantes. Empezaremos por señalar que en las cuatro temporadas que estaban por venir, el Torino no iba a perder ni un solo encuentro en su estadio. Pero la cosa no queda ahí. Si sumamos los partidos de los cinco scudettos conquistados en estos años (el anterior al parón guerrero y los cuatro que vendrían tras el fin del conflicto) obtenemos como resultado un total de 121 partidos ganados, 34 empatados y tan sólo 17 derrotas.


Estadio Filadelfia
Los afortunados espectadores que poblaban las gradas del Estadio Filadelfia fueron testigos de primer orden de las evoluciones de esta máquina de hacer fútbol. En un partido típico del Gran Torino nos encontraríamos la meta cubierta por el gran Bacigalupo, portero de excelentes cualidades, no muy alto pero de gran agilidad, al que gustaba saltar de un palo a otro atrapando el balón en paradas espectaculares. Delante de éste, ocupando la línea defensiva, Aldo Ballarín y Virgilio Maroso. En el centro del campo se encuentran Castigliano, Martelli y Rigamonti, encargados de cortar las acciones del rival y lanzar balones a los interiores Enzo Loik y al capitán Valentino Mazzola; éste último, en cada partido, llegaba un momento en que arengaba a sus jugadores a la voz de “¡Alé, Toro!”, y estos ya entendían la consigna, que venía a ser algo así como “ataque arrasador” y, a partir de ese instante, el rival estaba perdido, independientemente de cual fuera el resultado en esos momentos. Junto a estos dos interiores, la línea ofensiva quedaba configurada con los extremos Romeo Menti y Franco Ossola. Y por delante de todos, el eficaz delantero centro Gabetto.

Bacigalupo, Martelli y Rigamonti formaban el llamado “Trío Niza”. Los tres compartían piso, salían a divertirse juntos, entrenaban y jugaban juntos… En cierta ocasión, en una entrevista, Mario Rigamonti realizó unas declaraciones casi proféticas: “El Trío Niza vive a la vez, se divierten juntos y moriremos juntos”.

Los granates vencían y además por goleada, por lo que el seleccionador nacional, Vittorio Pozzo, lo tenía bastante sencillo a la hora de escoger a los hombres que debían formar parte de la escuadra azzurra en las diferentes confrontaciones de la selección, formada casi en su totalidad por componentes del Torino. Quizás su mayor problema no era decidir qué jugadores llevarse, sino a cuáles de los hombres del Toro no alinear. Tal es así, que el 11 de mayo de 1947, en el encuentro disputado en Turín ante la Hungría de Puskas, considerada entonces la mejor selección del mundo, la selección italiana iba a estar formada por diez hombres del Torino; el único cambio en la formación se encontraba en la portería, defendida por Sentimenti IV, meta de la Juventus… y la victoria sería para los italianos, que ganarían a los húngaros por 3-2.

Precisamente, el último partido que iba a disputar esta selección de Italia iba a tener lugar en Madrid, en el Estadio de Chamartín, ante España, el 27 de marzo de 1949. Para esta ocasión, el seleccionador iba a contar con seis jugadores del Grande Torino, incluido el meta Bacigalupo, que lograría detener un penalty al mismísimo Gaínza. Nuevamente la victoria, por 1-3, sería para la Nazionale.



Justo un mes antes de este encuentro, la selección de Portugal había acudido a Génova para disputar otro amistoso con la italiana. Aprovechando la ocasión, Francisco “Xico” Ferreira, componente del combinado portugués, solicitó al propio Valentino Mazzola, amigo personal suyo, y al presidente Novo, la participación de la escuadra turinesa en el partido de homenaje que, en el mes de mayo, le iba a tributar su club, el Benfica. Debido a la diferencia de puntos que el Torino sacaba a sus rivales en la tabla de clasificación en el campeonato italiano, y a que el propio Novo estaba interesado en hacerse con los servicios de Ferreira, el presidente turinés dio el visto bueno a la expedición.

Nadie era capaz de imaginar entonces que dicha decisión iba a marcar para siempre la memoria del club, escribiendo una de las páginas más trágicas que la historia del fútbol haya conocido jamás.

@EmiNegrillo

viernes, 17 de abril de 2015

La Selección Española nació en 1909



Ni fue en Amberes, ni contra Dinamarca, ni en 1920... lo cierto es que el primer encuentro jugado por la Selección Española tuvo lugar en Toulouse, ante Francia y en 1909. Hoy vamos a desmontar la historia, acercando a nuestros lectores a aquel primer partido que un combinado nacional español disputó hace ya más un siglo en tierras galas.

Estadio de Pont Jumeaux (Toulouse), donde la Selección Española dio sus primeras zancadas, en 1909


Durante décadas, la historiografía dedicada al fútbol de nuestro país nos ha venido contando que la Selección Española nació en 1920, para tomar parte en los Juegos Olímpicos de Amberes, teniendo en Dinamarca a su primer rival. Hoy podemos afirmar que, efectivamente, este fue el primer encuentro oficial de nuestro combinado nacional... pero sólo eso oficial.

Con más de una década de anterioridad a lo que hasta ahora se nos había venido informando, aparece ya el que será el primer equipo nacional español, para enfrentarse con el francés, en el país vecino. Para el combinado español, este será el primer partido de su historia; no así para los franceses, que ya han disputado otros partidos con las selecciones de Alemania, Inglaterra y Suiza. En esta ocasión, los españoles formarán con hombres del Irún Sporting Club, Pontevedra Sporting Club y Real Club Fortuna de Vigo y, dada la importancia del evento, ni el mismísimo Cónsul español dejará pasar la oportunidad de acudir al encuentro.

El campo de Pont Jumeaux, en Toulouse, es el escenario donde la Selección Española salta por primera vez a un terreno de juego. La fecha: el 28 de Febrero de 1909. España viste completamente de blanco, a excepción del escudo que los jugadores lucen en el pecho con los colores de la bandera nacional. Los once alineados en esta primitiva formación serán:




Los franceses, camiseta roja, con el escudo con los colores de su bandera, forman con los siguientes jugadores:






Terminado el partido, hacia las ocho de la tarde de este mismo 28 de Febrero, un telegrama vendrá a alterar la calma (para regocijo de los muchos aficionados que aguardan expectantes noticias del partido)  en la ciudad de Irún. Su contenido es el siguiente: “Toulouse 28 (7 n.) - Partido soberbio. Empatados a cero goals. Nosotros siempre dominando.” Ante tal noticia, pronto las calles de la villa guipuzcoana se verán atestadas de aficionados, que lanzarán una buena cantidad de cohetes para celebrar el acontecimiento.

El bisemanario deportivo galo de la época  Le Journal des Sports describirá el partido como “el más interesante que jamás pudo verse en Toulouse”. Monsieur Labat será el árbitro de la contienda, la cual quedará excelentemente reflejada en el citado rotativo. Después de los dos tiempos de 45 minutos, dominando claramente los españoles en todo momento, el partido termina con el resultado de empate a cero, gracias en gran parte a la brillante actuación del meta francés Colombier. Las páginas del Journal analizan también la actuación de cada uno de los jugadores, calificando de “excelente” el trabajo de los defensas, medios y delanteros españoles, si bien nuestro guardameta, Costa, permaneció inédito durante casi todo el partido, a causa del escaso peligro presentado por la delantera local.

Una vez terminado el encuentro, los anfitriones agasajaron a los jugadores españoles con un banquete, al que tampoco faltó el Cónsul español. Al regreso de la expedición hispana, numeroso público congregado en los andenes de la estación de Irún, así como la Banda Municipal, recibirán entre numerosas ovaciones y muestras de reconocimiento a los protagonistas del histórico partido, que a continuación serán acompañados por toda una multitud de simpatizantes hasta la sede del club irundarra, en cuyas instalaciones, así como en las calles de la propia ciudad, los festejos continuarán desarrollándose durante horas.

Sin duda, la idea del encuentro que vio nacer a la Selección Española hay que debérsela a los directivos de aquel Irún Sporting Club, gran precursor del fútbol nacional en sus primeros años. Desde 1907, el club guipuzcoano venía disputando numerosos partidos amistosos contra equipos del país vecino, especialmente de Burdeos, por lo que no es difícil suponer que en uno de tales encuentros surgiera la idea de un evento internacional de estas características.

La Selección Española, de blanco, 75 años después


La Selección no son sólo los futbolistas que vemos jugar en nuestros días, ni aquellos que en 2010 conquistaron la Copa del Mundo en Sudáfrica, sino todos aquellos jugadores que, desde sus comienzos, han ido pasando por ella, aportando cada uno de su granito de arena para que el equipo fuera evolucionando hasta intentar alcanzar cada vez metas más altas. Y por supuesto, sería injusto dejar de lado a aquellos once hombres que, hace ya la friolera de 116 años, salieron a darlo todo en un pequeño campo de la villa francesa de Toulouse y a los que, hasta hoy, la memoria había ocultado entre las brumas en el olvido. Confiemos en que, a partir de ahora, tengan su reconocimiento y pasen a ocupar el lugar que merecen en la historia de nuestro fútbol.

Emiliano Negrillo Jr.



miércoles, 8 de abril de 2015

El largo vuelo del Gran Torino (1ª parte)

Il Grande Torino
Finalizando la década de 1930, el continente europeo iba a comenzar una de las etapas más convulsas de toda su historia con el estallido de la II Guerra Mundial, cuyo fin no llegaría hasta seis años más tarde. Por su parte, Italia, aún bajo la dictadura de Benito Mussolini, tomaría parte en el conflicto, dentro de las tropas del “Eje”, como uno de los principales aliados de la Alemania Nazi.

En el plano futbolístico, la Selección Italiana venía de ganar los dos últimos campeonatos mundiales: el de 1934, celebrado en su país y conquistado de forma bastante injusta gracias a alguna que otra colaboración arbitral, fue el típico acontecimiento deportivo de propaganda política, en este caso para mayor gloria y exaltación del Fascismo, por aquel entonces, al mando de la nación. Cuatro años más tarde, en el Mundial de Francia de 1938, Italia revalidaría su título de campeón del mundo, en el que sería el último campeonato mundial de fútbol en doce años.

Ferruccio Novo y Pino Grezar. Foto: forzaitalianfootball.com
Bajo este panorama, el turinés Feruccio Novo se hace cargo, en el año 1939, de la presidencia del AC. Torino, club cuyo palmarés ascendía entonces a un Scudetto (Temporada 1927-28) y una Copa de Italia (Temporada 1935-36). Desde ese momento, Novo comenzará a inspirarse en la organización de los equipos ingleses y contará con la inestimable ayuda del seleccionador nacional, conquistador de los dos últimos campeonatos del mundo, Vittorio Pozzo, a la sazón también turinés y ex jugador del equipo, para empezar a construir los cimientos de una escuadra campeona.

La forja de un gran equipo
En las dos primeras temporadas de Ferruccio Novo como presidente turinista, los resultados del equipo no son precisamente espectaculares, finalizando sucesivamente en sexto y séptimo lugar de la clasificación. Sin embargo, al finalizar la campaña de 1940-41, el ex jugador y ex entrenador granate Antonio Janni, en esa época entrenador del Varese, aconseja a Novo el fichaje del atacante Franco Ossola un chico de dieciocho años al que el club turinés adquirirá por una modesta cifra, y que supondrá la primera piedra en la construcción de lo que se conocerá como Il Grande Torino.

A continuación van llegando Romeo Menti, procedente de la Fiorentina; el campeón del mundo con la Selección Italiana Pietro Ferraris, del Inter de Milán; y del máximo rival, la Juventus, tres jugadores: el portero Bodoira y dos delanteros centros (Felice Borel y Guglielmo Gabetto). En el caso de Borel, molestias en la rodilla le obligarán a retirarse en esa misma temporada, aunque pasará a convertirse en parte importante del cuerpo técnico, siendo el ideólogo del sistema de juego a seguir…

…Y resulta que el sistema funciona. Tanto es así que, a tres jornadas de la finalización del campeonato, el Torino es líder en la clasificación. Sin embargo, los turineses no pudieron salvar un último escollo al perder en su enfrentamiento con el Venezia de Ezio Loik y Valentino Mazzola, cediendo así la cabeza en la tabla clasificatoria a la Roma, que sería quien finalmente se alzase con el Scudetto.

Mazzola Valentino. Foto: storiedicalcio.com
Dolido por aquella derrota que había costado a la escuadra turinesa la conquista del título liguero, Novo se hace con el fichaje de las dos estrellas venecianas, anticipándose, de paso, a la Juventus, que también los pretendía. Además, también se incorporaría a la plantilla Giuseppe Grezar. Así, estos tres jugadores serán claves para que, finalmente, el Torino se haga con el campeonato liguero y la Copa de Italia al término de la temporada 1942-43.

Durante los dos años siguientes, las vicisitudes de la guerra obligarían al cese de todas las competiciones deportivas. El presidente turinés conseguirá un contrato con la FIAT, por el que todos sus hombres sean empleados, librándolos así del campo de batalla y creando, a su vez, un clima de “hermanamiento” entre sus jugadores que siempre los acompañará desde entonces. Llegará incluso más lejos, ocupándose también de que sus familias no llegasen a pasar hambre, lo cual se traducirá, finalizada la contienda, en una total fidelidad de la plantilla a los colores del “Toro”, así como absoluta devoción a su presidente; de hecho, el propio Mazzola impondrá a su segundo hijo el nombre de Ferruccio.

El año 1945 marca el final de la II Guerra Mundial y el regreso de las competiciones deportivas. El presidente Novo prepara la nueva temporada y se producen nuevas incorporaciones al club granate, con la llegada del guardameta Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Eusebio Castigliano, Mario Rigamonti y Virgilio Maroso. A partir de ahora, la maquinaria del Gran Torino comienza a funcionar a toda velocidad, estableciendo un antes y un después en la historia del fútbol italiano y mundial.

@eminegrillo