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Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Francisco Quirós. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 6 de mayo de 2015

Juventus-Real Madrid, la mejor noche europea de Paco Buyo

Miticosymadridistas.blogspot.com

Ahora que el bombo de la Champions quiso que los caminos del Real Madrid y la Juventus se cruzaran en el viaje hacia Berlín, son muchos los que están echando la vista atrás para recordar partidos míticos entre los merengues y los bianconeri. Uno de los recuerdos recurrentes es la final de 1998 en Amsterdam, resuelta con el archiconocido gol de Mijatovic. Sin embargo, nos vamos a remontar casi 21 años para recordar otro histórico duelo entre ambos conjuntos.

El formato actual de la Liga de Campeones ha provocado que perdamos la cuenta de las veces que, por ejemplo, se han enfrentado en los últimos años clásicos como el Real Madrid y el Ajax o el Barcelona y el AC Milan. Viajando en el tiempo, llegamos a la temporada 1986-1987, con el formato clásico de la Copa de Europa. Nada de liguillas interminables, ni choques intrascendentes. Los campeones de cada país, frente a frente, sin privilegios de ser cabezas de serie y en eliminatorias a cara de perro, a ida y vuelta desde la primera ronda.

En ese año, el Real Madrid soñaba con recuperar el cetro continental y para ello contaba con la Quinta del Buitre en pleno auge. Tras dejar al Young Boys suizo en la cuneta, los blancos se iban a ver las caras en octavos con un rival de enjundia, la Juventus de Turín. Los italianos habían conquistado la edición anterior del Calcio, conjugando la seguridad defensiva de jugadores como Cabrini, con la magia de Michel Platini o el danés Michael Laudrup. La eliminatoria se vendía por sí sola, así que las expectativas hicieron que se colgara en Chamartín el cartel de 'No hay billetes'. Aquella noche del 22 de octubre de 1986, 100.000 espectadores fueron testigos de una victoria corta, pero brillante, del Real Madrid. Un solitario tanto de Butragueño daba al conjunto de Leo Beenhakker cierta ventaja de cara a la vuelta en Turín.



Antes de emigrar a Delle Alpi o de estrenar el coqueto y moderno Juventus Stadium, la Vecchia Signora tenía en el Comunale su particular fortín. Con las gradas mucho más cerca del terreno de juego, los bianconeri convertían sus partidos como locales en una olla a presión, especialmente en Europa. El 5 de noviembre de 1986, 65.000 tiffosi abarrotaron las gradas del Comunale para llevar a su equipo hacia la remontada. A los 10 minutos de juego, la Juve ya había igualado la eliminatoria, gracias a un tanto de Cabrini. Massimo Mauro le hacía un traje al lateral izquierdo del Real Madrid, antes de centrar al segundo palo, donde el mítico defensa transalpino ponía el 1-0 en el marcador. Parecía que los italianos ya habían hecho lo más difícil.

Sin embargo, el destino quiso que el gran protagonista de esa legendaria velada no fuera Platini, ni siquiera Emilio Butragueño. La eliminatoria acabó decidiéndose en la tanda de penaltis, momento en el que emergió la figura de Paco Buyo. El guardameta de Betanzos ya evitó la eliminación de su equipo en la prórroga, pero fue en ese instante cuando acabó siendo realmente decisivo. Beenhakker optó por lo más seguro y dio a su gran goleador, Hugo Sánchez, la responsabilidad de iniciar la tanda. El potente chut del mexicano se encontraba con la rápida intervención de Tacconi. Con el primer penalti errado, la eliminatoria se ponía realmente complicada.

Brio tenía la oportunidad de poner a la Juve por delante, pero Buyo hizo gala de su agilidad para detener el lanzamiento, muy cerca de su poste derecho. Butragueño y Vignola no fallaron y el marcador era de empate cuando Valdano debía lanzar su pena máxima. El argentino no erró, sacando a relucir su clase, y colocaba toda la responsabilidad a Manfredonia. El central zurdo, a sus 31 años, tenía ante sí uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Tomó carrera, amagó con lanzar al lado izquierdo de Buyo, pero el gallego acabó rectificando su estirada para poner un 1-2 favorable al Madrid. La experiencia de Juanito se tradujo en una calma increíble para transformar el cuarto lanzamiento, obligando a Favero a meter su penalti para dar continuidad a la tanda. Con la figura de Buyo engrandecida, el '2' de la Juve ajustó tanto su lanzamiento que acabó tirándolo fuera, aunque el portero blanco ya había volado hacia ese palo para detener el balón si fuera preciso.



El Madrid pasó la eliminatoria, aunque acabaría cayendo en semifinales ante uno de sus grandes ogros en Europa, el Bayern Munich, en la eliminatoria tristemente recordada por el pisotón de Juanito a Matthaus. Pero esa es otra historia. Hoy sólo quería recordar la figura de un portero que aguantó bastantes años la presión de defender una meta tan exigente como la del Real Madrid. Aunque no llegara a levantar la 'orejona', esta fue, quizás, la gran noche europea de Paco Buyo.

miércoles, 29 de abril de 2015

Irán, triunfo deportivo y derrota moral

Foto: Fourfourtwo.com

Concebida como la gran fiesta del fútbol internacional, la Copa Mundial de la FIFA ha ido variando su cupo de participantes en los últimos años. Así, mientras en 1994 todavía se luchaba por alcanzar una de las 24 plazas disponibles en la fase final, dos décadas después el cupo había crecido hasta 32, en una decisión que, al margen de completar este gran menú futbolístico, supone una pequeña democratización de este deporte, abriendo la puerta a selecciones que, históricamente, apenas habían podido gozar de esta experiencia.

Dentro de ese grupo podría incluirse al combinado de Irán. Hasta 1998, el bagaje de la selección persa en este torneo se reducía a su paso fugaz por Argentina '78. Encuadrada en el grupo 4, sólo pudo arañar un empate en los tres partidos disputados, tras firmar las tablas con Escocia en la segunda jornada. Tanto Holanda como Perú (3-0 y 4-1) dieron buena cuenta del equipo asiático, cuyos aficionados debieron esperar 20 años para ver a su selección en otra cita mundialista.

En Francia '98, Irán aparecía como una de las selecciones más exóticas, aunque su papel no se limitó a ser un convidado de piedra. El cuadro asiático dio mucho de qué hablar, tanto fuera como dentro del terreno de juego. Comandados por Jalal Talebi, los 22 convocados competían principalmente en el torneo local, con destacada presencia de jugadores del Persepolis. Sin embargo, quienes estaban llamados a marcar las diferencias eran tres futbolistas que se ganaban la vida en una Bundesliga que aún carecía del glamour actual. Bagheri, Ali Daei y Azizi eran los únicos nombres que el gran público podía reconocer entre una lista de nombres desconocidos y casi impronunciables.

A pesar de este contexto, el 14 de junio de 1998, Saint-Etienne iba a ser testigo de que Irán no había ido de vacaciones. Yugoslavia, que apuraba su último torneo bajo esa denominación, sufrió más de lo esperado para ganar el partido inaugural, por más que en su alineación aparecieran jugadores de la talla de Jugovic, Mijatovic o Milosevic. A poco más de cuarto de hora para el final, el marcador registraba un sorprendente 0-0. En el minuto 73 tuvo que ser una acción a balón parado la que decantase el encuentro. Mihajlovic sacó a relucir el cañón de su pierna izquierda para deshacer la igualdad.


Sin embargo, Irán iba a ser noticia pocos días después por motivos bien distintos. Durante su concentración en tierras galas, la cadena francesa M6 tuvo la 'brillante' idea de emitir la película 'No sin mi hija', un filme basado en el 'best-seller' que relata la historia de Betty Mahmoody, recluida contra su voluntad en Teherán durante dos años. La Federación Iraní tomó este detalle como una afrenta y amenazó con retirarse del torneo. Finalmente, la sangre no llegó al río, gracias, sobre todo, a la ágil respuesta de la FIFA, en la que pedía disculpas al combinado persa, recordando que M6 era "un canal privado" y que no pertenecía al grupo que tenía los derechos televisivos del Mundial.

Tras el incidente extradeportivo, Irán volvía a ser objeto de todas las miradas, aunque en esta ocasión por un motivo bien diferente. En el marco de la segunda jornada, se vería las caras con Estados Unidos, un país con el que mantenía unas complicadas relaciones diplomáticas. Pero el fútbol sirvió, una vez más, para llegar a puntos donde la política no lo hace, con una foto de familia entre los jugadores que dio la vuelta al mundo. Irán ganó el choque por 2-1, mandando a los norteamericanos a casa a las primeras de cambio, tomándose cierta revancha sobre el terreno de juego de Gerland y dando a conocer a un futbolista que acabaría haciendo carrera, cómo no, en Alemania: Mehdi Mahdavikia. El segundo gol, con tintes maradonianos, llevó su firma.


Con 4 puntos en su casillero, Irán buscaría otra campanada en la tercera jornada, sabiendo que debía buscar una carambola casi imposible: ganar a la todopoderosa Alemania y esperar a que la ya eliminada Estados Unidos no perdiera ante Yugoslavia. Finalmente, ninguno de estos dos supuestos se cumplió e Irán hizo las maletas con la moral deportiva reforzada, pero con la religiosa un poco dañada por la dichosa película. Al menos en esta ocasión, el fútbol tuvo más fuerza que cualquier creencia dogmática.

domingo, 19 de abril de 2015

Y Rivaldo tomó el testigo

Fuente: Fcbarcelona.es
Cruyff, Van Gaal, Rijkaard y Guardiola. La historia reciente más exitosa del barcelonismo puede emparentarse con el nombre de estos entrenadores, aunque, en muchos de los casos, la era de uno no fue encadenada por la de otro. De hecho, en este post vamos a recordar una de las épocas más oscuras del conjunto azulgrana. 

Después de dos temporadas conquistando la Liga, Van Gaal se despide de la Ciudad Condal por la puerta de atrás. El campeonato doméstico viajaba a A Coruña y, para colmo, los dos rivales históricos, el Espanyol y el Real Madrid, conquistaban la Copa y la Champions, respectivamente. ¿Podían empeorar las cosas? El mercado de fichajes veraniego volvió a dejar patente la Ley de Murphy, con uno de los mejores futbolistas de la plantilla, Luis Figo, posando con la elástica merengue. En medio de un terremoto institucional, Joan Gaspart, quien se había hecho con el sillón presidencial después de haber estado varios años a la sombra de Núñez, dilapidó los 60 millones de euros recaudados en la operación Figo en contratar a Marc Overmars, Emmanuel Petit, Richard Dutruel y tres jugadores nacionales que podían devolver el encanto a la grada: dos canteranos que regresaban, Gerard y De la Peña, y un jugador forjado en las categorías inferiores del Real Madrid, Alfonso Pérez.

Pero el destino, caprichoso casi siempre, quiso el mejor aval culé para esa temporada ya estuviera, desde hacía varias temporadas, en Can Barça. Durante las dos temporadas anteriores, Rivaldo había dejado un sabor agridulce entre los aficionados azulgranas. Sus cifras no eran malas, pero la relación con Van Gaal se había deteriorado hasta límites insospechados. Su negativa a jugar pegado a la banda izquierda, como un extremo a la vieja usanza, limitándose a driblar al lateral de turno y poner centros al área, por no hablar de las obligaciones defensivas, hizo que el brasileño acabara en el banquillo e incluso en la grada en algunas ocasiones. Su ausencia fue suplida con creces por Figo, quien partiendo desde la banda siniestra empezó a mostrar las cualidades que podría ofrecer un jugador a banda cambiada, vamos, la función que ahora es vital para cualquier mediapunta/extremo.

Con Figo ya en Madrid y el Barcelona dando tumbos con Lorenzo Serra Ferrer en el banquillo, los aficionados azulgranas en particular y los amantes del fútbol en general, pudieron disfrutar de muchas lecciones futbolísticas de Rivaldo, aunque el que fuera ganador del Balón de Oro en el año 1999, dejó tres actuaciones que brillaron más que el resto. Vayamos por partes:

· 18 de octubre del año 2000: Tras tres jornadas en la fase de grupos de la Liga de Campeones, el balance del Barcelona no era nada positivo. La victoria inicial por 4-0 frente al Leeds United dejó paso a dos dolorosas derrotas ante Besiktas (3-0 con exhibición de Nihat) y Milan (0-2) que dejaban como una verdadera final la visita a San Siro en la cuarta fecha. Dutruel demostró en tierras lombardas que la portería culé le quedaba demasiado grande, encajando dos disparos lejanos de Albertini. Pero ese día, a pesar de que no llevara el brazalete de capitán, Rivaldo demostró que sí que era el líder de su equipo. Tiró de repertorio para anotar dos goles de falta (uno por debajo de la barrera, un gesto que luego emularon jugadores como Ronaldinho o Cristiano Ronaldo) y otro de cabeza, demostrando que en ese alma de '10' también había cierto aroma de '9'.


· 4 de marzo de 2001: Corría la jornada 25 del campeonato de Liga y, a pesar de haber ganado en la ida al Real Madrid en el ruidoso retorno de Figo al Camp Nou por 2-0, los azulgranas peleaban por meterse en los puestos de cabeza, mientras su gran rival caminaba firme hacia el título. Las previas del 'Clásico' del Bernabéu apuntaban a una goleada blanca, pero casi nadie tenía en cuenta el factor Rivaldo. Aunque Raúl tiró del carro merengue con dos goles marca de la casa, Rivaldo contestó hasta en dos ocasiones, la última de ellas con un latigazo que había ensayado durante el calentamiento. Con el césped ligeramente mojado, el brasileño puso la cruz en la zona de tres cuartos para sacar otro zurdazo que acabaría en las redes de Casillas, aunque el árbitro Losantos Omar acabó anulándolo por un más que polémico fuera de juego. El partido acababa en tablas (2-2), recuperando las discusiones sobre favores arbitrales a unos y otros, pero sin negar la evidencia: Rivaldo sostenía al Barcelona en plena caída libre.

· 17 de junio de 2001: Por si algunos aficionados aún tenían dudas de la importancia de Rivaldo en el Barcelona, el internacional brasileño se guardaba aún la que ha sido, quizás, la mejor de sus exhibiciones. En la última jornada del campeonato, Barcelona y Valencia se disputaban en el Camp Nou la última plaza que daba acceso a la Liga de Campeones. Los 'ché' llegaban en plena depresión tras perder la final de la Champions en penaltis ante el Bayern, pero con un verdadero equipazo. Además, las matemáticas estaban de su lado, ya que un empate les bastaba para lograr su objetivo. Muy cerca se quedaron de lograrlo, pero un vez más, Rivaldo se vistió de héroe. Si algún aficionado no tuvo el privilegio de verle jugar, valgan estos tres goles como resumen de sus cualidades: golpeo a balón parado, capacidad de pegar al balón desde media distancia y una habilidad innata para manejar una suerte tan complicada como la chilena, como ya había demostrado antes ante el Valladolid. Sobran las descripciones, vean el vídeo y simplemente disfruten de él:
   

jueves, 16 de abril de 2015

Stuttgart, el invitado inesperado

Fuente: Kicker


Las grandes potencias del fútbol continental están condenando a los aficionados a vivir unas últimas jornadas de los grandes campeonatos ligueros sin apenas trascendencia. Salvo en España, y quizás en Francia, el resto de torneos domésticos de cierta enjundia parecen seguir la rutina de cursos anteriores, con el nombre del campeón ya definido de forma virtual, aunque no matemática. Un claro ejemplo de esto es el dominio con puño de hierro que está ejerciendo el Bayern Münich en la Bundesliga. Desde la llegada de Pep Guardiola, la rebelión de equipos como el Borussia Dortmund o el Wolfsburgo ha quedado en un segundo plano, ante la dictadura de los Robben, Müller y compañía. Más pronto que tarde volverá a correr la cerveza por el Allianz Arena, pero antes de deshacernos en elogios ante el gigante bávaro, vamos a echar la vista atrás para recordar una de las ediciones más animadas que se han vivido en la Bundesliga.

Corría el curso 1991-1992 y el campeonato germano se adaptaba a los nuevos tiempos. Por primera vez desde la caída del Muro, conjuntos de las dos Alemanias competían en una misma Liga. A pesar de este hecho tan noticioso, la gran noticia no estuvo en el comienzo sino, como en las buenas películas, en el final. En el reparto hubo de todo: sonrisas, lágrimas y, sobre todo, una última jornada de infarto. Pero antes de relatar esa fecha de taquicardia, nos remontamos al mes de agosto de 1991, cuando uno de los ex equipos de la Alemania Oriental, el Hansa Rostock, se convertía en la gran revelación de la Bundesliga al situarse líder durante cinco de las primeras siete jornadas. Tras la euforia inicial, el globo dirigido por Uwe Reunders acabó desinflándose, cediendo puestos hasta llegar a la última jornada metido en los puestos de descenso.

 Esa sorpresa inicial dio paso a un pulso a dos bandas entre el Eintracht Frankfurt y el Borussia Dortmund. Andreas Moller y Uwe Bein contra Michael Zorc y Chapuisat. La emoción estaba servida, pero entre los intercambios de posiciones de unos y otros, hubo un equipo que lanzó un par de avisos efímeros, pero a la postre muy importantes. En las jornadas 10 y 32, el primer puesto era propiedad del Stuttgart, aunque una derrota en el viejo Olímpico de Münich le pasó factura y muchos descartaron a este conjunto para la pelea por el título. A la siguiente jornada, el Eintracht reafirmaba su liderato con una contundente victoria en Leverkusen, viéndose beneficiado por el enfrentamiento directo entre el Stuttgart y el Dortmund, que se saldó con un 4-2 para el primero.

A medida que se acercaba el final, los nervios fueron lastrando a unos y otros. En la penúltima jornada, el Eintracht se dejaba un empate de forma inesperada en su casa ante un Werder Bremen que acabaría la temporada en novena posición. El Stuttgart tampoco aprovechó el fallo, sumando otra igualada como local ante el Wattenscheid, dando alas a un Dortmund que goleaba plácidamente por 3-1 al Bayer Leverkusen. En resumen, a la jornada 38 (la Bundesliga tenía 20 equipos y no 18 como ahora) llegó el Eintracht como líder, con 50 puntos, igualado con el Dortmund y el Stuttgart. Más emoción imposible. En un campeonato en el que aún se otorgaban dos puntos por victoria, el frente estaba abierto en tres campos de cara a la jornada 38: Hansa Rostock-Eintracht, Duisburgo-Dortmund y Leverkusen-Stuttgart. Por clasificación, el que más complicado lo tenía era el Stuttgart, ya que jugaba en el campo del sexto clasificado, mientras que sus dos rivales directos se verían las caras con dos conjuntos que estaban en zona de descenso.

El primero en golpear fue el Dortmund. Corría el minuto 9, cuando el suizo Chapuisat, quien formaba una dupla excelente con el danés Poulsen, ponía patas arriba la Bundesliga con un 0-1 que, de forma momentánea, les daba el título. Todo eran nervios en aquella calurosa tarde del 16 de mayo de 1992 y más en Rostock. Una ciudad que se tuvo que conformar años atrás con la endogamia de la Oberliga, se despedía de una Bundesliga en la que llegó a saborear las mieles del liderato. El destino quiso que fuese allí, en Rostock, donde se viviera uno de los desenlaces más inesperados. En Leverkusen, el Bayer se adelantaba gracias a un tanto de penalti, aunque el Stuttgart logró igualar en el 43, por lo que la fiesta entre los seguidores del Borussia era total. Al descanso, el Dortmund era campeón, pero en la segunda parte aún habría varios giros en el guión.

Jornada frenética
La sorpresa saltaba en el minuto 18 de la segunda parte, cuando el gran favorito, el Eintracht, encajaba el 1-0. Sin embargo, el tanto de Dowe fue rápidamente contestado con el empate, obra de Kruse, que dejaba todo abierto para el cuarto de hora final. Mientras el Dortmund vivía unos últimos minutos de calma, atento a lo que sucedía en otros campos, sucedió otra carambola. El Stuttgart, que estaba con un jugador menos desde el minuto 79 por expulsión de Sammer, anotaba el 1-2 en Leverkusen, gracias a un cabezazo histórico de Guido Buchwald. Ese golpe anímico viajó rápidamente hasta Rostock, donde el Hansa aprovechó el desconcierto del Eintracht para poner el 2-1 final. Después de tanta emoción, el Stuttgart se hacía con la ensaladera, casi de forma inesperada, mientras que el Eintracht, cerraba el curso en tercera posición, a pesar de haber tenido el título en su mano. A aquel episodio se le denominó como el 'trauma de Rostock', un mazazo que aún permanece en un club que no ha vuelto a verse en una situación similar. 

miércoles, 8 de abril de 2015

Xabi Alonso, un 'kaiser' del Siglo XXI


Año 2014. El fútbol vuelve a tener marcado acento alemán después de un Mundial en Brasil en el que la máxima de Gary Lineker (el fútbol es un deporte de once contra once en el que siempre gana Alemania) vuelve a tener vigencia. A pesar de su buen rendimiento de los últimos años, entre 1990 y el presente año, la mannschaft ‘sólo’ ha conquistado tres títulos. Uno de ellos, el de la Eurocopa de 1996, llevó el sello de un sistema, el 5-3-2, que no es muy familiar para aquellos que nos hicimos adultos en la década de los 90.

Volviendo a 1996, al margen de un Bierhoff vestido de héroe inesperado, la cara de esa Alemania ganadora era Matthias Sammer. El jugador acabaría conquistando ese año el Balón de Oro, un premio que más que individual puede considerarse colectivo. Era el reconocimiento a una extirpe de jugadores que, sin el desempeño físico de los primeros años de sus carreras, habían encontrado acomodo en el puesto de líbero. El propio Sammer, Olaf Thon e incluso Mario Basler acabaron anclándose en la defensa para dar una correcta salida de balón y dirigir, desde un puesto privilegiado, a todas las líneas de su equipo.

Pero si hay un jugador que sobresalió en esa posición fue Lothar Matthaus, aquel futbolista que incluso un argentino reconoció como el mejor del mundo a pesar de estar en plena era maradoniana. La anécdota la cuenta Manolo Lama en el extraordinario libro ‘De la naranja mecánica a la mano de Dios’, escrito por Julio Maldonado ‘Maldini’ y editado por Planeta. Precisamente otro espacio relacionado con Julio Maldonado, esa joya llamada ‘Fiebre Maldini’, entrevistó al propio Matthaus, quien describía cómo se gestó ese cambio de centrocampista total a líbero.

Han pasado quince años desde que ese Bayern imponía su dictadura en la Bundesliga. El fútbol, cíclico y caprichoso, ha dictado que el club bávaro recupere su hegemonía después de sufrir varios años la rebelión de equipos como el Borussia Dortmund o el Wolfsburgo. Es el segundo episodio de la era Guardiola, y el de Santpedor que, más allá de filias y fobias, sabe de esto un rato, ha apostado por ‘fabricarse’ un nuevo káiser. Al contrario que Matthaus, Xabi Alonso juega por delante de los centrales en fase defensiva, mientras que a la hora de dar salida al balón se coloca entre los zagueros. Su lectura del juego hace que no tenga que recorrer demasiados metros a la hora de intentar recuperar el esférico, algo a lo que ayuda notablemente el hecho de jugar en un equipo tan compacto como el Bayern. En fase ofensiva, su capacidad para alternar juego en corto y en largo hace que los rivales que vengan a apretar la salida del Bayern puedan encontrarse con un balón a la espalda de sus defensas, algo que ya se vio en su debut ante el Schalke.


Casi mimetizado con el fútbol germano, podemos decir que Pep Guardiola ya cuenta con un nuevo káiser. Beckenbauer, Matthaus, Xabi, ¿Javi Martínez?… la saga continúa y no tendrá fin mientras haya futbolistas que tengan en su cabeza un decodificador privilegiado para este bendito deporte.

@franciscoquiros

miércoles, 1 de abril de 2015

Rio Mavuba, fútbol sin bandera


Hace unas semanas hablábamos de la suerte dispar que habían tenido algunos futbolistas a la hora de decantarse por la selección de un país diferente al de su origen. A nuestro protagonista de hoy le pasó algo similar, pero con un matiz un tanto diferente.

El pasado 8 de marzo, Rio Mavuba cumplió 30 años. Futbolista profesional, internacional con Francia y con un palmarés que, sin ser demasiado extenso, sí puede catalogarse de importante, la vida de este centrocampista defensivo puede considerarse afortunada, aunque en su origen el destino pudo ser bien diferente. Cualquier seguidor del fútbol africano recordará la participación de Zaire en el Mundial de 1974. Su actuación no pasó de ser testimonial, con algún toque exótico, pero de haber defendido sus colores puede presumir el delantero Mafuila Mavuba, el padre de Rio.

Mafuila pasaba por ser una de la piezas clave del club local AS Vita. Con la camiseta de los ‘delfines negros’ consiguió uno de los mayores logros de su carrera y del fútbol zaireño en general, la Liga de Campeones africana de 1973. Su carrera le llevó hasta Angola, donde conoció a la que sería su esposa, a la que dejaría embarazada a mediados de 1983. Sin embargo, la familia Mavuba iba a ser testigo en primera persona de la inestabilidad política que ha regido este continente durante muchas décadas. La guerra civil estalló en Angola y Mafuila y su mujer, ya encinta, tuvieron que echarse a la mar para huir del horror.

Sorpresas de la vida, la esposa se puso de parto, dando a luz un varón el 8 de marzo de 1984. En ese momento, el barco discurría por aguas internacionales, por lo que hasta pasados varios años el retoño fue considerado un apátrida. Mafuila tuvo claro el nombre del niño: por el hecho de haber nacido en el océano Atlántico, se llamaría Rio.

Nadie o casi nadie pensaba que, aunque no llegaría a emular a su padre jugando un Mundial, la carrera futbolística de Rio iba a ser mejor que la de su progenitor. Convertido en un mediocentro de referencia en la Ligue 1 por su trabajo incansable, llegó a dar el salto al Villarreal en 2007, aunque su escasa participación le llevó a emprender el viaje de vuelta 12 meses después. Recaló en el Lille, donde es el capitán y pudo contribuir a conquistar el ‘doblete’ de la 2010-2011.

Aún le quedan años para la retirada y, durante este tiempo, Rio Mavuba seguirá ganando partidos, aunque quizás el más importante lo ganó hace ya 30 años huyendo, aún en las entrañas de su madre, de una cruenta guerra.

@FranciscoQuiros

jueves, 1 de enero de 2015

La maldición de los nacionalizados


“Pero allá donde voy me llaman el extranjero…”. Bien valdría este estribillo de una canción de Enrique Bunbury para reflejar un debate que se ha instalado en los últimos meses en el balompié patrio. La posibilidad de llevar al Mundial a Diego Costa, jugador nacido en la localidad brasileña de Lagarto, hizo que la Federación se pusiera manos a la obra para intentar que el delantero que defendía los colores del Atlético de Madrid se enfundara la roja. Hasta la fecha, la apuesta no ha tenido los resultados deseados.

Unos meses después del fiasco mundialista, una lesión del propio Diego Costa ha servido para recuperar del olvido este debate. La razón se llama Munir El Haddadi, un delantero convertido en la sensación del inicio liguero y que tenía la oportunidad de defender los colores de Marruecos. Ante la duda, Vicente Del Bosque ha optado por convocarle cuanto antes con la selección absoluta, unas prisas que han originado críticas desde algunos sectores.

A la espera de saber si el esfuerzo por el jugador de El Escorial ha merecido la pena, lo cierto es que Munir no parece haber llegado a la ‘Roja’ en el mejor escenario posible. Su inesperada llegada hará que muchos miren su rendimiento con lupa y, además, el jugador deberá lidiar con una especie de leyenda negra que persigue a los futbolistas nacionalizados. Salvo alguna honrosa excepción como la de Marcos Senna, el rendimiento generalizado no ha acabado de ser positivo en lo que a los jugadores que, a pesar de nacer fuera de nuestras fronteras, decidieron vestir la roja por iniciativa propia.

Salvando las distancias, el caso de Munir recuerda al de Bojan Krkic. Al igual que la revelación de la presente temporada, Bojan se hizo un hueco en la primera plantilla del Barcelona a base de goles y descaro. Luis Aragonés se apresuró a convocarle para alejar los cantos de sirena que llegaban desde la federación serbia. Con la selección coronada como campeona de Europa en 2008, Bojan suponía un soplo de aire fresco y toda una apuesta de futuro. Sin embargo, casi sin llegar, el delantero de Linyola acabó yéndose de la absoluta.

Catanha, Donato, Pernía, Pier Luigi Cherubino, e incluso jugadores de tronío como Di Stéfano o Ladislao Kubala, parece complicado encontrar un jugador nacionalizado que haya tenido un rendimiento destacado con España. Otro de los que estaba llamado a romper esa racha es Thiago Alcántara, aunque el gafe también se fijó en el hijo de Mazinho en forma de lesión que le apartó del pasado Mundial.

Un gafe internacional
El consuelo que le queda a la selección española es que esta maldición no es exclusiva. Incluso la vigente campeona del mundo, Alemania, ha visto a lo largo de la historia cómo no siempre lo que se busca fuera del país asegura un buen rendimiento. Klose, Podolski e incluso Neuville (nacidos los dos primeros en la vecina Polonia y el tercero en Suiza) parecen ser las excepciones que confirman la regla.

Gerald Asamoah fue uno de los primeros futbolistas en exponer el mestizaje presente en el país germano. Nacido en Ghana, este rápido delantero llegó a formar parte de la lista de convocados nada menos que para dos Mundiales: el de 2002 y el de 2006. A pesar de haber defendido en 43 ocasiones la ‘mannschaft’, Asamoah fue, por desgracia, más protagonista por episodios racistas que por su aportación futbolística.

Durante su periplo en la selección, Asamoah llegó a coincidir con dos jugadores que estaban llamados a dotar de goles al rodillo germano. A pesar de haber nacido en Brasil, ni Cacau ni Kevin Kuranyi lograron trasladar a la selección su buena reputación en la Bundesliga.

Casos como estos demuestran que las nacionalizaciones de jugadores no son siempre garantía de éxito.

Artículo escrito por: @franciscoquiros