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Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
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miércoles, 26 de agosto de 2015

Volver a empezar

Asier Illarramendi. FOTO: fichajes.net

Mikel Arteta, Xabi Alonso o Asier Illarramendi. Zubieta fue la cuna de grandes mediocentros, pero ninguno de ellos estuvo tan expuesto a la magnificación mediática propia de los actuales “busca balones de oro” como lo estuvo Illarra. No hay joven talento que no cumpla la mayoría de edad sin verse sometido a un juicio en el que se debate cuál es su precio antes que ensalzar sus mejores cualidades futbolísticas.

Illarramendi no contaba con la jerarquía propia de timones como Xabi Alonso. Tampoco tenía esa capacidad para inventar que poseen genios como Luka Modric. Illarra era español, había salido de Zubieta y llevaba un año maravillando vestido de txuri-urdin. Asier es más de ir a su ritmo, de dar esos pasitos previos a un pase inteligente y de buscar –aunque no lo parezca- un cambio de orientación sin importar qué pierna tuviera que hacerlo. Compartió centro del campo (en la Eurocopa Sub21) con Koke y Thiago, y fue allí donde vimos qué podía dar a un Real Madrid en busca de un recambio para un mermado Xabi Alonso.

Thiago Alcántara es un jugador que, por características, se asemeja a Modric. Asier Illarramendi cuajó un europeo superlativo y pocos dudaban de que pudiera convertirse en el mejor escudero para el croata. Luka inventaría y, mientras tanto, Illarra le cubriría las espaldas.

Pero Illarra no es un fenómeno, no brilla con luz propia y, para más inri, Alonso desertó y Kroos se puso a tiro. Dosificar al tolosarra era la misión del de Mutriku mientras iba adquiriendo capacidad de mando, pero Toni no lo necesitaba, y los minutos a los que aspiraba Illarra se redujeron drásticamente a la vez que su confianza fue mermando. Algo que no casa con la madurez imprescindible para desempeñar el papel de mediocentro.

La confianza que le faltaba a Illarra la traía Toni Kroos, quien no necesitaba añadir a su palmarés experiencia ni noches de jerarquía: ya traía de todo esto en la mochila. Illarra quedó entonces en un segundo plano y el experimento de Ramos acabó por destrozar su anhelo por ser alguien en Chamartín. Venía ya arrastrando una losa de 40 millones de euros y la incompetencia de Khedira empujó a Florentino a realizar fichajes intranscendentes que ensuciaron más si cabe la imagen del vasco.

“Hay camisetas que se comen jugadores”. Se lo escuché a Paco González y qué bien define la experiencia vivida por Illarra. El vasco llegó a la capital para convertirse en una estrella y acabó estrellándose contra la lista de jugadores que el Real Madrid ha reclutado para convertirlos en mediocres. Pero el de Mutriku cuenta con una ventaja: aún es joven, y vuelve a casa. Anoeta será testigo de un reencuentro: el de Asier Illarramendi con su fútbol.


El texto que nunca vio la luz

Xavi Hernández celera un gol con el FC Barcelona
Hace algo más de un año los rumores sobre la salida de Xavi Hernández del FC Barcelona eran tan fuertes que, si les hubiéramos puesto un aplausómetro, habrían superado a los provocados por Cristiano Ronaldo el día que pisó el Santiago Bernabéu por primera vez. Intentando adelantar trabajo, escribí un breve artículo de opinión sobre mis impresiones en aquel momento. Hoy, día en el que parece que se han sentado las bases de un nuevo proyecto, lo pongo a disposición de este blog para realizar experimentos. 

"Si miramos solo el resultado nos quedamos en lo superficial. Hay que volver a ver los partidos, revisarlos, yo lo he hecho. Llegaron mejor que nosotros de ritmo y fuerza, pero el balón fue nuestro, no pudieron dominarnos. La guerra Barça-Madrid durante la temporada nos descasta mucho a los dos. En Alemania no es lo mismo, no tienen esta intensidad de duelo, esta rivalidad histórica". Así de contundente fue Xavi tras el 7-0 que les endosó el Bayern el año pasado en Champions.

Xavi Hernández nunca supo encajar las derrotas, siempre se refugió en hechos más bien intrascendentes para excusarse de los palos más dolorosos. Los problemas, cuando se afrontan de cara, son las mejores oportunidades para crecer, y quizá por eso, por no saber remar contra la adversidad, la carrera de Xavi termina cuando ha dejado de tenerlo todo a favor. Sin físico y sin un líder capaz de levantar un ánimo hundido, tanto el Barça como la selección española han dejado de navegar ante la incapacidad de su capitán. Proyectos tocados y hundidos que precisan ahora de una basta regeneración. Cierto es que nadie ha llegado tan alto como él: nadie ha jugado tantos partidos con la camiseta del FC Barcelona, y pocos jugadores del mundo podrán presumir de tener 25 títulos en su haber, pero su capacidad de reacción a la hora de culminar una carrera espléndida ha sido insignificante.

Siempre estaré muy agradecido a Xavi por todo lo que ha dado al fútbol en general. Nadie creó tantas situaciones de ventaja para un compañero con un giro de cadera y un balón en profundidad. Nadie vio el fútbol con tanta claridad como lo vio él desde el césped. Pero el dicho de "las cosas no son como empiezan, sino como acaban" es demasiado cruel si con él pretendemos definir la carrera de Xavi Hernández. Guardiola se fue del FC Barcelona porque ya no había hambre. Xavi se va porque ese hambre se va a regenerar, y él no va a tener las mismas ganas.

A Xavi una vez le preguntaron si, en una final, prefería jugar bien o ganar, a lo que contestó: "Esta pregunta es una putada". Siempre fue muy cerrado, muy de tópicos y de creerse sus propias barbaridades. Huyó de aquella pregunta como ahora, para placer de muchos, huye a destiempo. Siempre le admiraré por lo que fue sobre el césped, del mismo modo, seguiré esperando la guinda de un pastel del que, sin excepción, disfrutamos todos.

Me consuelo leyendo que "ese hambre se va a regenerar" (y se regeneró, ganaron el triplete) y "las cosas no son como empiezan, sino como acaban" (¡y cómo acabaron!).

miércoles, 29 de abril de 2015

Intensidad y pausa







Hay una serie de lugares comunes cuando solemos describir las virtudes (o carencias) de un equipo o un jugador de fútbol de base sobre los que valdría un poco la pena reflexionar. Uno es el concepto intensidad. La mayoría de las veces que lo he oído utilizar equivale a la invocación de una especie de tótem, de bálsamo milagroso, de lubricante imprescindible para hacer funcionar la maquinaria del equipo.

Es evidente que en la práctica del deporte, de equipo o individual, se requiere un gasto de energía adecuada para lograr nuestros objetivos y para contrarrestar al rival. Pero es un elemento más. Darle una preponderancia exagerada en la etapa formativa puede llegar a ser contraproducente para la mejora y el rendimiento de los deportistas. Primero porque se puede observar que hay quien convierte la intensidad en una definición-contenedor en la que se mezclan diversos factores vinculados a las capacidades físicas, pero también a aspectos de carácter o de maduración de los jóvenes deportistas. Este revoltijo de factores tan variados como son la fuerza, la velocidad (ya sea de desplazamiento o de ejecución), la motivación, la constancia, la pillería, etc., puestos todos en el mismo saco, puede provocar que algunos jugadores con talento, pero que no responden a la intensidad exigida por un aspecto madurativo o de talante, se sientan poco motivados para seguir en el grupo y, a la larga, abandonen la práctica del deporte.

Otro problema que puede generar una malentendida aplicación del concepto intensidad es que acabe derivando en una precipitación del equipo cuando tengamos la posesión del balón, tanto en cuanto a escoger la mejor línea de pase, como en la ejecución del gesto técnico, entre otros aspectos... Esto nos puede llevar a tener un grupo de jugadores que no saben aplicar el tempo necesario que reclama el juego en función del resultado, la zona del campo donde nos encontramos o el minuto del partido. En este caso, tendremos unos jugadores poco versátiles, acostumbrados a jugar siempre con la quinta marcha puesta, a piñón fijo, incapaces de hacer la pausa necesaria, especialmente en la zona de inicio y de creación. El concepto pausa es otro sobre el que habría que reflexionar. Al contrario que de la intensidad, he oído hablar, haciendo referencia al fútbol de base, como sinónimo de lentitud, de negatividad, de déficit del jugador, cuando no es más que la expresión del ritmo interno de un deportista que se para a contemplar todas las opciones, procesa la información y tomar la mejor decisión. Y estos jugadores no tienen precio, aunque la mayoría de las veces se les penalice más cuando pierden un balón que a los compañeros que lo hacen por una malentendida intensidad.


@martíayats

El balón de oro de la clase media



Tiempo ha me prometí que si algún día decidía sentarme y juntar unas líneas futbolísticas, lo haría sobre ese talento tan poco reconocido en nuestro fútbol como es Sergio García. No escribo para analizar su trayectoria, su palmarés, sus equipos ni sus números; sino para rendir un minúsculo homenaje a un tipo que pide a gritos el reconocimiento del fútbol nacional cada vez que se calza las botas y salta al césped. 

Actual buque insignia del RCD Español, símbolo 'Perico' y más que digno heredero de un brazalete que han portado auténticas leyendas del club como Pochettino, Tamudo o el tristemente fallecido Dani Jarque. Cualquier desconocedor de la historia de Sergio podría decir que su camino hacia el éxito habrá sido un plácido paseo desde los anillos de Montjuic -estadio donde el Espanyol fue local hasta 2009- al casi recién estrenado verde de "Corneprat" pero nada más lejos de la realidad, su carrera no ha sido nada sencilla. 

Tres descensos de categoría -Levante, Zaragoza y Betis- son tres pesadas cargas para un joven jugador que apenas había cumplido los 25 años. Todos sabemos la presión por parte de medios, afición, etc. que se crea alrededor de un equipo que desciende, y más si a ello le sumamos el clima de tensión que se genera en un club, en su cuerpo técnico y el vestuario en esas situaciones -en el descenso que vivió en Zaragoza, Sergio llegó a estar a órdenes de hasta 4 entrenadores diferentes- . Por ello, cabe también destacar, más allá de sus -evidentes- dotes futbolísticas, su capacidad mental para afrontar tales situaciones y continuar creciendo sin permanecer ajeno a todo. 

Evidente debilidad de quien escribe, Sergio se ha hecho un hueco inolvidable en las retinas de toda una generación de amantes del fútbol que, a golpe de tijera y tinte capilar, le hemos visto forjar una magnífica trayectoria futbolística. Sus filigranas, su dribling, la velocidad en la conducción, su descaro encarando a sus rivales, el manejo de ambas piernas, el gran golpeo desde media distancia, su olfato goleador, su sangre fría en el mano a mano y su polivalencia en la cancha han hecho de él un perfecto 10 y han encandilado a gran parte de los aficionados españoles, que todavía reclaman(mos) una mayor relevancia y reconocimiento. 

Sergio García supo reciclarse. Sus orígenes como profesional fueron como 9 "puro", debutando de esta manera con el F. C. Barcelona un 2 de septiembre de 2003 (20 años) tras dos excelentes campañas en el filial blaugrana -donde había destacado como killer- . Pero encajado entre centrales, con la movilidad reducida, "Falete" -apodo cariñoso con el que se le conoce entre la afición blanquiazul- apenas mostraba una mínima parte de su fútbol. Tras una gris temporada de cesión al Levante, recaló en 2005 en Zaragoza donde tampoco brillaría en su primera campaña, pero fue en el conjunto maño donde comenzó su metamorfosis. Con el puesto de 9 cerrado, por delante estaban un tal Ricardo Oliveira y, sobre todo, otro tal Diego Milito. Sergio se vio obligado a considerar otras opciones en su juego y ocupar puestos alternativos al "suyo". Justo en ese momento comenzó a nacer el crack que conocemos ahora. Partiendo desde la banda, con una velocidad y un desborde endiablados y cayendo al centro, formó una temible delantera junto a sus dos compañeros. Tal fue su aparición que, pese al turbulento descenso de categoría en 2008, Sergio fue una de las grandes sorpresas en la lista de Luís Aragonés para la Euro 2008 -que, a la postre, resultaría el inicio de la exitosa etapa de nuestra selección, pero eso es otra historia- .

Al término del Euro, ficharía por el Betis -fueron dos campañas con muchos altibajos aunque nadie allí dudó de sus cualidades- y, finalmente, terminaría regresando a su ciudad natal para recalar en el club rival: El R.C.D. Espanyol. Donde la estabilidad, la confianza y la madurez le llegaron, siendo éste el caldo de cultivo ideal para que el agrietado cascarón del Sergio García que comenzábamos a observar, fuese roto definitivamente mostrando así el superlativo futbolista que conocemos en la actualidad. Sin lugar a dudas, el Balón de Oro de la clase media. 

@AngelRoMon

sábado, 25 de abril de 2015

Lo que la final de Copa ha puesto de manifiesto


Queda poco más de un mes para que se dispute la final de la Copa del Rey. Será el 30 de mayo en el Camp Nou. Allí se verán las caras el Athletic y el Barça.

Todavía estoy asombrado de todo el proceso que ha habido para designar la sede. Ha habido finales que se han jugado en el campo de uno de los contendientes, pero creo que es la primera vez en la historia del fútbol que la sede se designa al final, cuando se sabe cuáles son los equipos que la van a jugar. ¡Increíble!

Cuatro entidades han quedado retratadas de mala manera

La primera, la FEDERACIÓN. ¡Qué manera de maltratar el torneo más antiguo de España! ¡Qué manera de honrar la figura del Rey! Año tras año se repite la misma historia, y no hay forma de cambiar el modo de actuar. Con lo fácil que sería determinar el número de estadios susceptibles de acoger el evento, y asignar al principio de la temporada la sede de la final, con designación de obligada aceptación para el club. 

Porque, así como en Europa son muchas las alternativas que hay a la hora de fijar una sede, en España no son tantas (por cuestiones de aforo, estado de la instalación, capacidad hotelera de la ciudad,…). No llegará a 10 el número de campos donde se pueda jugar una final. Así que, una vez tomada la decisión, la aceptación es de obligado cumplimiento para el anfitrión. En caso de negarse, nada como sancionar con la expulsión de la competición. Es mucho dinero el que está en juego.

En segundo lugar, ha quedado retratado de mala manera el REAL MADRID. El Santiago Bernabéu era la opción perfecta. Segundo campo más grande del país, ciudad equidistante para ambos equipos, todos los servicios de la capital de España… Sin embargo, no ha sido posible por la negativa de Florentino Pérez.

El presidente merengue siempre habla del señorío y los valores del club, pero a la hora de la verdad nos encontramos ante un auténtico acomplejado. Cada verano intenta demostrar que es quien “la tiene más larga”, haciendo los fichajes más caros de cada temporada (hay informaciones que anuncian la contratación de Pogba, jugador francés de la Juventus de Turín, a cambio de 100 millones de euros). Su negativa, con la excusa de que no quería que en su campo se pitara el himno nacional, es una muestra más de ese complejo de inferioridad.

En tercer lugar, ha quedado retratado el BARCELONA, club experto en hacer lo contrario de lo que dice. Durante años nos han querido vender la moto de la confianza que tienen en la Masía y en el estilo de juego propio e innegociable, pero a la hora de renovar el equipo campeón forjado por Guardiola han fichado mucho (y caro), sin dar apenas oportunidades a sus jóvenes promesas. 

Afirmaron públicamente que no querían jugar la final en su estadio, pero Joan Gaspart, dirigente federativo, contó, una vez designada la sede, la maniobra encubierta que habían preparado para llevarse el gato al agua.

El fiscal que lleva en los tribunales el caso Neymar ha pedido penas de prisión para Rosell y Bartomeu. Desde Barcelona se apela al victimismo y a la “persecución” desde Madrid. Pero la única verdad es que para hacer el fichaje del brasileño se utilizaron ¡siete contratos! La finalidad no puede ser otra que la de ocultar información económica (a Hacienda, a los poseedores originarios de sus derechos federativos,…). Bartomeu, para más inri, justificó el encarecimiento del fichaje en la petición de Tito Vilanova, que por desgracia no está aquí para defenderse. En esas manos está el club culé. Sin comentarios.

En cuarto lugar, queda mal retratado el ATHLETIC, y en especial, Josu Urrutia, su presidente. Una vez más ha quedado demostrado que el cargo le queda grande. Dejarse meter un gol así lo dice todo. Incapaz de establecer lazos de complicidad con nadie, siempre aparece en sus escasas ruedas de prensa, en las que apenas dice nada,  con gesto serio y antipático. Es lo que tiene elegir a personas que no han demostrado nada profesionalmente antes de acceder a un cargo como el que ostenta el ex-jugador rojiblanco.

A ver si por lo menos tenemos suerte y vemos un partido disputado en el césped. Porque las dos últimas finales entre ambos equipos se las llevó el Barça por incomparecencia rojiblanca (estar, estaban, pero jugar…).

Julen Basagoiti (@jbasagoiti)

domingo, 19 de abril de 2015

La ética y el fútbol

Desde la FIFA y la UEFA, así como desde la Federación Española de Fútbol, e incluso desde los clubes y los medios de comunicación, nos llegan continuamente mensajes connotativos relativos a comportamiento éticos. Pero, ¿hay ética en el fútbol actual?

¿Está manchado el fútbol español? Foto: eurosport.com
La Ética se define como la “Parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre”, y también como el “Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana”. Dicho de otra forma, es la “Disciplina filosófica que estudia el bien y el mal, su relación con la conducta humana, sus formas y manifestaciones, y el conocimiento que tenemos de ellos”.

Ni que decir tiene que en todo ámbito humano hay una esfera de conductas que son sancionadas por las ideas filosóficas o morales, en su acepción más genérica, sin pasar a las normas institucionalizadas, sino que se quedan en el plano de la costumbre o de los “usos sociales”. Y hay otra esfera de conductas, compartiendo campos coincidentes o tangentes, que están reguladas y sancionadas por normas emanadas de un poder político, jurídico o institucionalizado y que han sido amparadas por el uso regulado de la fuerza. Estas normas, a menudo contienen una base ética; o por mejor decir, tienen un contenido no puramente instrumental o procedimental, y se refieren también a conductas que se consideran “buenas” o “malas” para el ser humano y/o la sociedad.

También en el fútbol hay una ética, no sólo la que se refleja y contiene en los usos sociales (que podríamos identificar con la “moral social” o “dominante”), sino también la que está inserta en las normas jurídicas. Leyes, reglamentos, órdenes, decretos, resoluciones, sentencias... se convierten así en el vehículo (y quizás para muchos en la fuente) de unas valoraciones morales o ideológicas de las conductas humanas en general, y deportivas, en particular.

Las normas éticas del fútbol
Principios de conducta recomendados o reglamentados para los que trabajan y actúan en el mundo del fútbol profesional están recogidos en varios documentos internacionales, como es el Código Ético de la FIFA, aprobado por el Comité Ejecutivo el 6 de octubre de 2004; y nacionales, como el Código Ético de la RFEF, aprobado por la Comisión Delegada de la Asamblea General de la RFEF, el 28 de enero de 2015, y que define los valores esenciales de comportamiento y conducta en el seno de la RFEF. Deberíamos añadir la Carta Olímpica, como ejemplo egregio de valores éticos en el ámbito del deporte, que en su Preámbulo “propone crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos fundamentales universales”.

No son éstas las únicas normas que inciden en esta cuestión. Hay otras que, aun no teniendo como único objeto la práctica del deporte en general o del fútbol en particular, contienen preceptos sobre conductas que tienen su causa o su consecuencia en el ámbito del balompié. Así, el Código Penal, que recoge normas sobre lesiones (que también pueden darse en actividades deportivas y que serán punibles en determinados casos, aunque no es lo habitual), y regulaciones sobre corrupción en los negocios, o sobre defraudaciones, etc.

No termina aquí la lista de normas que pueden afectar tanto a los profesionales como a los aficionados al fútbol, especialmente dentro de las instalaciones deportivas y con ocasión de los partidos oficiales. Las Comunidades Autónomas han dictado numerosas leyes para promover y regular la práctica del deporte en sociedad, la fundación de clubes y asociaciones, el funcionamiento de los campeonatos, etc. Los Ayuntamientos han dictado ordenanzas y bandos. Los Patronatos regulan los horarios y los derechos de los usuarios de las instalaciones. Hasta los propios clubes y asociaciones privadas establecen reglamentos internos de funcionamiento, que a menudo contienen rigurosas sanciones para quienes los incumplen, no sólo para los socios, sino también para los propios deportistas.

Estamos rodeados de normas. Nuestra vida es una complicada estación de trenes donde innumerables raíles, que son las normas, nos conducen hacia destinos conocidos o desconocidos, sin que podamos evitarlo, salvo que estemos dispuestos a descarrilar. Y muchas de ellas son normas de contenido ético: juego limpio, no hacer trampas, respeto al adversario, respeto a la autoridad, orden y decencia en el vocabulario, lucha contra el racismo, etc.

Los problemas
Aun así, los peores males del fútbol actual no están dentro del terreno de juego ni en las gradas. Están en los despachos. Éste es un ámbito que los reglamentos de los clubes, las regulaciones de las federaciones, las ordenanzas de los Ayuntamientos o los decretos de las Comunidades Autónomas pocas veces contemplan ni prevén. Lo hemos visto hace poco con la investigación llevada a cabo a multitud de jugadores y directivos de varios clubes importantes de España en relación con varios partidos “sospechosos” de temporadas anteriores.

¿Está manchado el fútbol español? Es como las meigas: nadie las ha visto, pero haberlas, haylas. No tenemos pruebas, al menos por ahora, pero todos los aficionados, y hasta los propios profesionales (al menos algunos), llevan años sospechando de las competiciones, de los jugadores, de los directivos, de los árbitros, de los resultados de algunos partidos, de las decisiones de los comités o de los tribunales deportivos. Sin pruebas no hay acusación, pero el periodista tiene la obligación de dudar y de exponer las dudas de los demás como un hecho.

¿Está sucio todo el fútbol español? Desde luego que no. Hay gente leal, honesta, trabajadora, legal. Es la mayoría de la gente. Es lo “normal”... Pero eso no significa que no haya manzanas podridas, como en casi cualquier ámbito de la vida humana. Incluso se podría decir sin miedo al error que aquí son más abundantes que en otros ámbitos. ¿Por qué? Porque el fútbol ha sido y es un mundo opaco, resistente a la investigación; de lealtades ocultas y de cuchillos bajo la manga; de pasiones, de filias y fobias duraderas; de intereses económicos y reacciones populares desproporcionadas; de gran presión mediática. Es una picadora de carne humana. Es la rueda de la fortuna girando a gran velocidad. El éxito dura dos fines de semana y no hay memoria. La presión por vencer es brutal, y eso obliga a inversiones antieconómicas que buscan aplacar a un monstruo de mil cabezas sin nombre. Las diferencias económicas entre unos clubes y otros, entre unas divisiones y otras, entre unas competiciones y otras, son tremendas. La influencia que se alcanza desde la plataforma del fútbol, impagable. Todo ello hace que ciertas personas se sientan tentadas de buscar “soluciones fáciles”.

Ahora la Justicia investiga la compra de algún partido y ha llegado a tomar declaración a muchos futbolistas, a directivos y a personas relacionadas. Pero los rumores han sido constantes en la historia del fútbol español. Algunos claramente tendenciosos. Otros algo más verosímiles... Pero parece que ha llegado el momento histórico en que los poderes públicos han decidido intervenir. ¿Cuántos escándalos veremos salir a la palestra a partir de ahora? Sospechamos que habrá más.

¿Qué se puede hacer?
Toca a los medios de comunicación estar de parte de la legalidad, la igualdad y la justicia. Toca despojarse de colores y banderas. Toca reconocer los errores de quienes escribimos y opinamos, y a veces sumamos factores que tienden a crear este clima de estrés infinito que está en la base de un sistema montado para triunfar o morir. Toca dar la cara, encender las luces, hacer las preguntas exactas y valientes... A los medios de comunicación nos toca una responsabilidad también grande, para que la limpieza de las competiciones sea no sólo real, sino también evidente (recuérdese a la mujer del César...). 

La primera labor se debe hacer en las familias, en las escuelas, en los clubes de base, en las asociaciones y federaciones. Inculcar los valores éticos deportivos: respeto al contrario, igualdad y no discriminación, cumplimiento de las normas, deportividad en la victoria y en la derrota, la cultura del esfuerzo, la superación personal...

Y detrás, nosotros, los medios. ¡Hay mucha labor que hacer desde los medios y a menudo olvidamos nuestro papel! Alabar al tramposo (al “listo”, se dice en el fútbol), menospreciar al contrario, “manipular” (llámese como se quiera) la información que se saca a la luz en función de colores o gustos, presionar a los árbitros, etc. Es mucho lo que se debe evitar. Mucho lo que se debe cuidar. Si queremos una sociedad mejor, si queremos un deporte mejor, si queremos que nuestros hijos sigan teniendo ilusión por jugar al fútbol... hay que empezar hoy.

Jaime Árias

viernes, 17 de abril de 2015

Los escasos amantes del fútbol de ayer

En el fútbol, como en la vida, el amor está en desuso o, cuanto menos, con una concepción lejana a la de antaño.

Fuente: masdeportes.es
Ya no hay margen para la bisoñez ni el compromiso eterno (pensemos, en el mundo del balón, que los contratos se firman para romperse/ampliarse con un aumento salarial considerable, más que para afianzarse; o que los divorcios, en el mundo rosa, en el último año casi han igualado en número a los nuevas nupcias matrimoniales); es por eso por lo que sólo queda un leve aleteo melancólico que nos redirige automática y musicalmente a un popular estribillo de décadas pasadas en el que Karina rezaba aquello de «cualquier tiempo pasado nos parece mejor…».

Y tanto que era mejor pues Dida, Cafú, Pancaro, Nesta, Maldini, Gattuso, Pirlo, Seedorf, Kaká, Tomasson y Shevchenko jamás volverán a juntarse para visitar Riazor en un envite de Champions contra los Molina, Manuel Pablo, Romero, Andrade, Naybet, Mauro Silva, Pandiani, Djalminha, Víctor Sánchez, Luque o Valerón. A lo que me vengo a referir es que esos ya no vuelven, y, a muchos, por un defecto personal nuestro, el tiempo nos duele; fundamentalmente a los que nos confesamos románticos de ese balompié donde cada conjunto tenía un jugador «santo y seña» y a su alrededor una pléyade de compañeros que desde las categorías inferiores portan la zamarra que su padre un día le colocó cuando él apenas se mantenía en pie por sí mismo. No es esto una crítica a Keisuke Honda, Jérémy Ménez, Mbaye Niang, Marco Van Ginkel o Pablo Armero, recientemente llegados a la disciplina rossoneri, sino a la falta de aceptación de la política generalizada de los clubes más punteros del panorama internacional.

Son pocos, muy pocos, insultantemente pocos, con cuentagotas, los casos como los del capitán de los reds, Steven Gerrard, del galés Ryan Giggs, Alessandro del Piero, el chico del Pinturicchio, o el eterno dorsal diez del conjunto capitalino-giallorossi, Francesco Totti. A todos ellos, si los viera en directo les aplaudiría -tanto o más que como lo hizo la antigua Catedral del fútbol español un 15 de marzo de 2012 cuando el ahora ayudante técnico de Louis van Gaal y hace dos cursos, entrenador interino, iba a ser sustituido- y si me los cruzara de frentes les diría:

«Gracias por las veces que me habéis levantado del sillón; cuando yo escucho el vocablo ‘leyenda’, pienso en vosotros».

A mí, y perdóneseme esta autocita –dejando a un lado el color del equipo por el que simpatizo, río, me enervo y lloro–, por un lado, me produce nostalgia cuando, tras haber visto a Rafa Paz, mucho antes, Martagón o Prieto, menos lejos en el tiempo, Navarro y Alfaro compartiendo eje de la zaga, Puerta anotando contra el Schalke 04 ese gol en semifinales de UEFA en el año del Centenario hispalense, un 27 de abril de 2006, y ahora veo una alineación de Unai Emery y sólo dos futbolistas, no ya sevillistas «de cuna», sino españoles, Vidal y Vitolo, arremolinados entre Kolodziejczak, Tremoulinas, Mbia, Carriço o Figueiras; y, por otro, me emociono cuando hace unos meses Lampard anota un gol fundamental en el partido liguero en el Etihad Stadium entre citizens y blues, y al final del mismo se dirige a la que siempre fue su hinchada y les pide perdón; ellos no sólo le reconocen el detalle, sino que lo ovacionan con una firmeza admirable. Ese, justo ese, es el fútbol que admiro porque, a fin de cuentas, esto (aunque no lo creamos con tantos devaneos financieros) es un de-por-te, una forma de mantenerte activo y darle funcionamiento al corazón, el órgano que, no lo olvidemos, nos hace amar.

Juanje Ayala

martes, 14 de abril de 2015

Comentarios al código disciplinario de la RFEF


Un leguleyo ajeno al derecho deportivo se topa con esta norma y trata de echarle una primera ojeada... Estas son sus sensaciones nada más terminar de leer los primeros capítulos. 

Foto: LaSexta.com

Si uno se interesa un poco por el tema del régimen disciplinario dentro de las competiciones deportivas españolas, y más concretamente dentro del fútbol profesional, y hace una visita a la página web de la Real Federación Española de Fútbol, podrá leer en uno de sus apartados, relativo a la normativa, que “la Real Federación Española de Fútbol ejerce, por delegación de la Ley 10/1990, de 15 de octubre, la disciplina deportiva sobre todas las personas que forman parte de su propia estructura orgánica”. Así es como saluda la página a sus lectores, echando mano de una Ley ordinaria, para validar el ejercicio por los órganos de la Federación de la potestad disciplinaria, que luego veremos en qué consiste. 

Atribución legal de la potestad disciplinaria
Vaya por delante que la Ley 10/1990, de 15 de octubre, del Deporte, es ya una Ley algo antigua. Esto ni es bueno ni malo, en principio, simplemente es así. Cierto que ha tenido varias modificaciones, alguna de las cuales entrará en vigor a partir del 1 de julio de este año. Pero nada más. Aun así, lleva menos tiempo en vigor que el Presidente de la Federación Española de Fútbol en su cargo. 

Esta Ley, en su artículo 74.2.c), atribuye el ejercicio de la potestad disciplinaria, dentro de su ámbito propio, a las Federaciones Deportivas españolas. En su apartado 1, se encarga de establecer los límites de esta potestad, cuando expresa que “atribuye a sus titulares legítimos la facultad de investigar y, en su caso, sancionar o corregir a las personas o Entidades sometidas a la disciplina deportiva”. Pero está claro que hasta ahora estamos hablando sólo del “ejercicio” de la potestad disciplinaria, entendida como el poder para fiscalizar, juzgar y sancionar la conducta deportiva de las personas y entidades que están dentro del ámbito de actuación y organización de la federación. Pero nada se ha dicho la capacidad para “legislar”. 

¿Puede la Federación establecer normas disciplinarias? Desde luego, lo puede hacer por atribución de la Ley 10/1990, que en su artículo 75 no sólo lo permite, sino que lo ordena, dictando una serie de requisitos mínimos que deben tener las normativas disciplinarias. De una primera lectura del Código Disciplinario de la RFEF se puede deducir que ésta se ha limitado a cumplir estrictamente con esos requisitos mínimos del artículo 75, pero quizás pueda contestarse a renglón seguido que no hacía falta más. Veremos por qué. 

No obstante, entendemos, a modo de mera nota mental, que la existencia válida de una potestad normativa en materia disciplinaria, en este supuesto, no es un asunto pacífico, puesto que el artículo 129 de la Ley 30/1992 establece claramente que “sólo constituyen infracciones administrativas las vulneraciones del Ordenamiento Jurídico previstas como tales infracciones por una Ley”. Y aunque existe una derivación o atribución de facultades normativas llevada a cabo por una Ley (la 10/1990), cabe preguntarse si esta derivación no es contraria a la reserva de Ley formal que se establece en el artículo 129 de la mencionada Ley 30/1992. Dejaremos el asunto para otros más expertos. 

Principios informadores del régimen disciplinario del fútbol
Varios son los principios informadores del Código Disciplinario de la RFEF. Hay una primera referencia expresa, artículo 7.1, a los principios generales del derecho sancionador español. Por tanto, para ojos expertos, esta referencia nos conduce directamente a la Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y Procedimiento Administrativo Común; así como a su normativa reglamentaria de desarrollo, que en el ámbito sancionador es el Real Decreto 1398/1993, de 4 de agosto, del Procedimiento para el Ejercicio de la Potestad Sancionadora. 

¿Están reflejados esos principios generales sancionadores en el Código Disciplinario? A grandes rasgos, sí, aunque faltan algunos, y aquí estriba su mayor carencia. Volvemos a reiterar que la Federación parece haberse contentado con cumplir el “minimum” de la lista “numerus clausus” que recoge el artículo 75 de la Ley 10/1990. Está el principio de Tipicidad (art. 7.2 del Código); está el principio de “non bis in idem” (art. 7.3); está la previsión del efecto retroactivo de las disposiciones favorables a los infractores (art. 7.4); y también la exigencia o garantía del procedimiento y la obligación de motivar las resoluciones (art. 7.5). A ellos ha de sumarse el principio de ejecutividad inmediata, que se incluye en el art. 8 del Código, y el principio de proporcionalidad, que, aun cuando no se cita expresamente, viene desarrollado en el artículo 15 del Código. 

Sin embargo, llama la atención que, a pesar de la referencia a los principios generales del derecho sancionador, no haya una mención expresa del derecho a la presunción de inocencia, del ya citado principio de proporcionalidad y de la obligada separación entre órgano instructor y órgano sancionador (cf. art. 134.2 Ley 30/1992). En particular, la ausencia de este último resulta especialmente llamativa, puesto que, de acuerdo con el propio Código, el Juez disciplinario de primera instancia está adscrito orgánica y administrativamente a la Secretaría General de la Federación; esta adscripción y el hecho de que el Juez sea designado por el propio Presidente de la Federación podrían hacer dudar de su imparcialidad y su objetividad. Si a esta afirmación añadimos la sospecha de que también los árbitros, o algunos de ellos, obedecen a una cierta “política de la Casa”, sea cierta o no, entonces es normal que se activen las alarmas. Para acallar cualquier duda, sería ideal aportar aún mayor transparencia a todo el procedimiento de elección, nombramiento, recusación y ejercicio de los árbitros, jueces disciplinarios y cargos federativos en general. 

Prescripción de las infracciones
Hay que decir que el Código viene a clasificar las posibles infracciones en tres tipos según su gravedad: leves, graves y muy graves. Las primeras prescribirían al mes; las segundas, al año; las terceras, a los tres años (art. 9 Código). 

Lo primero a comentar es que los vocablos que usa el Código para referirse a las distintas vicisitudes que pueden acontecer en el inicio, desarrollo o fin del cómputo del plazo de prescripción, carecen de la suficiente propiedad. En efecto, mientras que el art. 9.1, 2º pár., aparentemente usa las palabras “interrumpirá” y “volverá a correr” en un sentido más o menos claro, la interpretación conjunta de la normativa deviene confusa cuando leemos el artículo 13.2, que mezcla impropiamente las palabras “suspensión” y “reiniciará”. Los entendidos en derecho comprenderán la cuestión más fácilmente. Para los demás, aclararemos simplemente que lo que se interrumpe no se reanuda, sino que se reinicia; y lo que se suspende, no se reinicia, sino que se reanuda. Es decir, la interrupción de la prescripción supone que el plazo “comienza a contarse de nuevo por entero”Al menos, esto es lo que nos enseñaron en la carrera. Los usos indebidos de las palabras pueden traer consecuencias nefastas. 

En segundo lugar, llama la atención el amplísimo plazo de prescripción de las infracciones graves (un año) y muy graves (tres años). Señálese que estos plazos son más cortos que los establecidos en la Ley 30/1992. Pero siguen siendo muy largos para el deporte. Piénsese en partidos de la temporada 2011-2012. Siguiendo la regulación actual, sería posible revisar un partido de abril de 2012 y sancionar las infracciones que no hubieran sido sancionadas en su momento, aplicando la sanción a partir del momento de la resolución; esto es, en la temporada actual. ¿Qué sentido tendría algo así? En el deporte de competición, algo que va tan deprisa y en lo que la inmediatez es un principio innegociable, la prescripción de las infracciones debe ser cuasi-automática; esto es, como mucho una semana, tiempo más suficiente para denunciar las posibles infracciones e iniciar un expediente sancionador en regla. 

Circunstancias atenuantes
Las posibles infracciones encontrarán una sanción menor en determinados casos, cuando se dé alguna de las circunstancias atenuantes. Éstas son, en esencia, tres: a) arrepentimiento espontáneo; b) provocación suficiente; c) ausencia de sanción anterior alguna. 

Las atenuantes parecen muy apropiadas para la práctica del fútbol, puesto que tienden a fomentar un comportamiento adecuado dentro del campo. Pero no dejan de resultar de contenido tan indeterminado, al menos algunas de ellas, que pueden conllevar ciertas diferencias de resultados entre distintas resoluciones. 

En efecto, ¿qué significa realmente “espontáneo”, referido al arrepentimiento? ¿Cuánto tiempo debe pasar para que un arrepentimiento ya no sea espontáneo? ¿A quién ha de manifestarse y por qué medio? ¿Sirven los típicos mensajes vía twitter? ¿Puede ser ajeno el agredido o dañado, como receptor del mensaje, al arrepentimiento? Esto es: ¿sirven los mensajes dirigidos sólo “a mi afición”, que algunos deportistas han llegado a realizar? 

Por otro lado, ¿cuándo existe provocación suficiente? ¿Deben aplicarse los criterios y doctrina asentados ya en derecho penal o no? ¿Qué ocurre en caso de concurrencia de culpas: hay alguna regulación específica en materia deportiva? 

Por último, ¿qué significa realmente “no haber sido sancionado con anterioridad en el transcurso de la ida deportiva”? ¿Y si aún se está a tiempo de revisar las infracciones pasadas por no prescripción? ¿Se computan las sanciones en otros deportes? ¿Se tienen en cuenta las “tentativas”, que según el artículo 50 son sancionables? 

Añádase a esto todas las circunstancias modificativas de la responsabilidad deportiva que se citan en el art. 15, que a mi modo de ser son demasiadas, puesto que el exceso de circunstancias a tener en cuenta no aporta mayor seguridad a la competición, a los afectados y al denunciado, sino que permite la introducción de una mayor arbitrariedad, al tener más abanico de posibilidades el juzgador para apoyarse en unas circunstancias o en otras. 

Para la reflexión: ¿responsabilidad objetiva? ¿Tentativa sancionable?
Queda para la aportación de otros o para futuros artículos el dúo de elementos que acabamos de citar, por cuanto resultan verdaderamente llamativos del Código Disciplinario de la Federación. Es así porque el art. 15, que recoge la responsabilidad de los clubes, parece hecho para que les apliquen sanciones sin ninguna excepción, salvo cuando el juez de primera instancia considere oportuno, discrecional o arbitrariamente, que no sea así. En efecto, no deja de resultar ambiguo e indeterminado lo de que “salvo que acredite el cumplimiento diligente de sus obligaciones y la adopción de las medidas de prevención exigidas por la legislación deportiva”, fundamentalmente porque las medidas de prevención las suelen aplicar los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y porque supuestamente los estadios ya cumplen las medidas de prevención y seguridad exigidas; en otro caso, los clubes no iniciarían la competición. Da la impresión de que no hay quien salve a un club cuando se produzca un hecho ilícito de su responsabilidad, salvo que la Federación quiera, como en el caso del famoso “cochinillo” del Camp Nou. 

En segundo y último lugar, la tipificación de la tentativa de infracción como infracción, valga la redundancia, que se hace en el artículo 50. ¿Cómo se sabe que había tentativa real y no puramente imaginaria? ¿Cómo se valora la intencionalidad? ¿Dónde queda el derecho a la presunción de inocencia? ¿La tentativa también prescribe a los mismos plazos (se supone)? ¿Podrían revisarse todos los partidos y sancionar todas las tentativas, por ejemplo, de empujones o patadas? Y finalmente, ¿por qué los clubes no reaccionan frente a esto? 

Lo dejamos aquí por hoy. Esto es periodismo, al fin y al cabo, y no una cátedra de derecho deportivo. Quizás todo lo anterior no haya sido sino un ejercicio de locura transitoria. Pero si alguien compartiera siquiera una línea de este artículo, entonces es que puede ser verdad que algo huele a podrido en Dinamarca, y que es necesario revisar ciertas formativas para ajustarlas a la Constitución y a los principios generales de nuestro ordenamiento. Esto se lo dejamos a otros más preparados y con más tiempo.

@jaimearicay

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Decisiones ante el fracaso


Este verano de 2014 se han disputado los Mundiales de fútbol y baloncesto. Alemania y USA han sido sus respectivos vencedores. España no ha obtenido en ninguno de ellos los resultados que se esperaban (recuerdo que la eliminación de la selección de fútbol en Brasil me coincidió con un viaje a Senegal. La televisión francesa tituló la caída de España con un expresivo “¿fin de la hegemonía?”), y las críticas y peticiones de dimisión o relevo de los seleccionadores no se han hecho esperar, con poco éxito hasta el momento: Vicente del Bosque y Juan Antonio Orenga continúan en sus cargos (el primero, salvo cataclismo, cumplirá otro ciclo de dos años, y el futuro del segundo está en el aire en estos momentos).

Una de las máximas que más he escuchado desde que estalló la crisis económica en 2008 es la de “dar la bienvenida a los fracasos”. Normalmente, se toma como referencia el modelo de USA (donde hay una gran cultura del emprendizaje) y donde se apoya especialmente a aquellas personas que han tenido unos cuantos fracasos en el pasado porque se supone que, de esa manera, habrán aprendido de sus errores y crearan nuevas empresas (o proyectos) exitosos en el futuro. Esa filosofía parece que no vale para el deporte (sobre todo, en España, donde fracasar es, todavía, un estigma).

Los dos combinados nacionales venían de una serie de años exitosos. En fútbol se llegaba a Brasil con la condición de defensor del título de Sudáfrica 2010, además de haber vencido en las dos últimas Eurocopas (algo que nadie había logrado jamás). Y el equipo de basket era el único que había hecho algo de sombra a la selección norteamericana, con el recuerdo de las dos últimas y disputadas finales olímpicas de Pekín 2008 y Londres 2012, o la obtención del Mundial de Japón en 2006. 6 y 8 años, respectivamente, en la cima.

Pero los años pasan, sobre todo en el deporte. Y ambos equipos han ido envejeciendo. El problema quizás era más palpable en el equipo de fútbol, con jugadores como Xabi Alonso, Xabi Hernández, Villa, Casillas o Fernando Torres que habían superado claramente la treintena y que, a su vez, ya no tenían el mismo protagonismo en sus respectivos equipos. Los chicos del baloncesto venían también de estar durante 8 años seguidos peleando por todo, con el desgaste que ello supone. Y los entrenadores han optado por jugar con aquellos que habían conseguido la gloria en el pasado, dejando fuera a nuevos valores más pujantes.

Los resultados han sido los que han sido, y ya no hay vuelta atrás. Frente a la opinión en caliente de cese de los seleccionadores, hay que tener la cabeza fría para hacer un análisis sosegado y tomar las decisiones correspondientes. Siendo Del Bosque y Orenga dos personas totalmente distintas (edad, experiencia, logros obtenidos, carácter,…), lo primero que habría que considerar es si ellos se ven preparados y con ganas para afrontar la tarea de renovar ambos combinados. El primero ha manifestado en varias ocasiones que sí (y ya está inmerso en la liguilla de clasificación para la Eurocopa 2016), y el segundo parece que no tiene intención de marcharse.

Ante esta la situación, yo soy partidario de tener paciencia, hacer una apuesta a largo plazo y aguantar las derrotas y los sinsabores que van a surgir. Es lo que hizo Alemania tras su fracaso en la Eurocopa de Portugal 2004. Se trazó un plan de trabajo con inversión en las escuelas de formación de jugadores, se renovó el equipo, y se apoyó a los dos únicos seleccionadores que ha habido desde entonces, Jürgen Klinsmann (que abandonó, por iniciativa propia, el equipo nacional tras el Mundial de 2006 para entrenar al Bayern) y Joachim Löw. La recompensa: una gran hornada de jugadores talentosos y el título en Brasil. Porque en el deporte, también, los proyectos fundamentados en el largo plazo y establecidos con sentido común terminan por dar resultados.

 @jbasagoiti

lunes, 1 de septiembre de 2014

Esos horarios locos


Nos encanta el fútbol. Tenemos “mono” de fútbol y de partidos que no sean insípidos amistosos. Nos encanta reunirnos con amigos en casa en torno a una pizza y unas cervezas, o ir al bar, a meternos con ese amiguete que sabes que es del Barça aunque lo disimule, o que le ha cogido un inesperado cariño al “Cholo” del “partido a partido”.

Nos vuelve locos esa sensación de creerte en posesión de la verdad en lo que se refiere a alineaciones, fichajes, estrategias, defensa en línea adelantada… ¡Y qué decir del cuarteto arbitral! Ahí nos sentimos como los “gurus” del balompié, y hacemos todo tipo de comentario, nada bonito por otra parte.

Incluso buscamos fórmulas accesorias si no tenemos una televisión al alcance, o nuestro presupuesto no nos da para comprar el acceso a todos los partidos. Ya sea por internet, por la radio, o gorroneándole al vecino su intimidad, el caso es que no nos perdamos nada de lo que más nos interesa. Eso será fundamental para que el lunes podamos demostrar, antes de haber repasado la prensa deportiva, cuánto sabemos y cuanto se equivocaba el compañero de trabajo o el vecino de patio, que estaba empeñado en que nuestra previsión sería la errónea.

Sí, señores, vivimos casi 10 meses al año de nuestra vida pendientes de lo que ocurre en los campos de fútbol, y descuidamos precisamente eso mismo. Nunca criticamos, ni dudamos de la LFP, ni de las plataformas mediáticas que nos condicionan nuestro ocio. Nos encanta el fútbol, y algunos incluso nos valemos de él, para vivir, o para dedicarle unas horas a la semana como comentaristas. Pero estamos descuidando lo más importante: acudir a los estadios.

En el siguiente enlace (también en la página oficial de la LFP o en las de los distintos clubes) se pueden ver los horarios y fechas para las primeras jornadas.
Salvando algunas honrosas excepciones, de las cuales no hace falta hablar, por masa social y por las poblaciones en dónde están, se está haciendo un daño enorme a los clubes modestos, aunque ellos, con su firma de contratos millonarios a las Televisiones, tienen parte de culpa. Las dos primeras jornadas, sin entrar en los enfrentamientos, que daría para otro artículo, tienen estos horarios:

Sábado 23 de agosto: 19.00, 21.00 y 23.00 horas
Domingo 24 de Agosto: 19.00, 21.00 y 23.00 horas
Lunes 25 de Agosto: 20.00 y 22.00 horas
Viernes  29 de agosto: 20.00 y 22.00 horas
Sábado 30 de Agosto: 19.00, 21.00 y 23.00 horas
Domingo 31 de Agosto: 19.00, 21.00 y 23.00 horas
FCB grada
Jóvenes aficionados del FC Barcelona acudiendo al Camp Nou

Eso es para las dos primeras jornadas. En la 3ª ya abarca desde el 12 al 15 de septiembre, y no coincide ninguno de los 10 encuentros. Fantástico. Nos encanta el fútbol. Pero los estadios están vacíos. Si ves algún partido de la Premier, o de la Bundesliga, los estadios están a reventar, las aficiones atronan y animan, y eso hace que el espectáculo sea superlativo. Esto no puede ocurrir aquí, ya que, además de los precios prohibitivos (culpa de los clubes), si eres socio y tu “peque” de 6 años también, no puedes acudir al estadio a las 23.00 horas, porque a las 23.30 ya está dormido. Su experiencia será un suplicio y no querrá volver. Y ese padre igual tiene que madrugar a las 6.00 para su trabajo. Imaginemos ya en pleno invierno, y con el cole… Ya si no eres socio, ni te lo planteas, salvo que sea un derby, o que venga Madrid o Barça.

Nos encanta el fútbol, por la tele, en el portátil, en casa o en el bar, pero no hay sensación igual que la de ir al estadio, acompañado de tus “peques” o de tus amigos. Con tu familia, o solo. Sentir cómo se te eriza el vello del cuerpo cuando suena el himno, y cuando lo cantas “a capela”. Corear el nombre de tus ídolos y gritar los goles hasta reventar la garganta.

Eso no se puede hacer por televisión, por muchos millones que mueva, y por mucho Smart TV que tengamos. Así que vivamos como auténticos aficionados y llenemos el estadio.

Artículo escrito por: @lajugue