• This is Slide 1 Title

    This is slide 1 description. Go to Edit HTML and replace these sentences with your own words. This is a Blogger template by Lasantha - PremiumBloggerTemplates.com...

  • This is Slide 2 Title

    This is slide 2 description. Go to Edit HTML and replace these sentences with your own words. This is a Blogger template by Lasantha - PremiumBloggerTemplates.com...

  • This is Slide 3 Title

    This is slide 3 description. Go to Edit HTML and replace these sentences with your own words. This is a Blogger template by Lasantha - PremiumBloggerTemplates.com...

Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Carlos Rodrigo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Autor: Carlos Rodrigo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2015

25 de diciembre de 1914, la tregua del fútbol

El 28 de junio de 1914 el joven nacionalista serbio Gavrilo Princip asesina al archiduque Francisco Fernando de Austria, lo que sirvió como detonante de una catarata de acontecimientos que desembocaron en la Guerra de Europa originariamente, y en lo que popularmente se ha conocido como la Gran Guerra o Primera guerra mundial (1914-1918).


En una Europa inconsciente y endogámica anclada en imperios decimonónicos, gobernada por primos y dinastías  rancias, más preocupadas en sus ritos y costumbres que en las necesidades reales de sus súbditos, una generación de jóvenes fue enviada a un matadero que duró más de cuatro años, y que se extendió como la peste provocando la muerte a uno de cada ocho soldados de los casi 66 millones que participaron en ella.

Mapamundi que muestra los participantes en la Primera Guerra Mundial. En verde, los Aliados; en naranja, las Potencias Centrales y, en gris, los países neutrales

En pocos días se pasó de esa euforia desmedida que sólo otorga la ignorancia, al más absoluto desánimo, al darse cuenta los contendientes de que lo que se esperaba que fuera un conflicto de unas pocas fechas, se había convertido en un infierno de guerra defensiva de trincheras en la que avanzar medio metro podía llevar meses.
En uno de esos campos de horror amanecía uno de esos días en los que uno se encuentra peor cuando está mal. Era el día de Navidad de 1914, y los soldados trataban de matar el tiempo antes de que el tiempo les matara a ellos. Alemanes e ingleses estaban empatados a 0 en un partido que tenía la muerte ganado de antemano. En nochebuena, las tropas alemanas comenzaron a decorar e iluminar sus trincheras, luego continuaron la celebración cantando villancicos,  principalmente el típico Stille Nacht (Noche de paz). Las tropas británicas contraatacaron con villancicos en inglés. Tras una noche de disparos, a las seis de la mañana se hizo el silencio, un silencio descorazonador que  se rompió a las once, cuando un soldado inglés informó a la superioridad  de que las trincheras se habían quedado vacías y que soldados ingleses y alemanes estaban en tierra de nadie (en ese momento tierra de todos) celebrando la Navidad.


Según ‘The Times’, en un artículo publicado el 1 de enero de 1915, con la ingenua esperanza de que el año nuevo supusiese una vida nueva, publicaba que según  relataba un oficial de la Royal Air Force, el primer paso lo dieron los alemanes, con un muy teutónico y precavido: eh, vosotros ingleses, ¿por qué no salís? A lo que un inglés respondió con un guasón camarero, ya que tenían fichado a un alemán en la trinchera de enfrente que había trabajado en el hotel Savoy de Londres.

Y fue así, un poco a lo Gila, cómo los contendientes de ambos bandos fueron saliendo de sus madrigueras, para hacerse de nuevo humanos durante unas horas. Alucinados, los soldados se saludaron e intercambiaron tabaco, alcohol y comida. Un alemán que había vivido en los Estados Unidos hizo de traductor. Comieron juntos, el menú fue pudding, paté y de bebida ron y agua caliente para luchar contra el frío. Y tras las canciones y una botella de vino surgió la idea: un partido de fútbol entre Inglaterra y Alemania en pleno campo de batalla. La victoria fue para los ingleses por 3-2,  y el acuerdo de no abrir fuego antes de medianoche.

Los fusiles permanecieron callados esa noche. Los caídos recientes fueron recuperados y enterrados. Se lloraron las pérdidas juntos y se ofreció  mutuo respeto. En un entierro en tierra de nadie, se leyó el Salmo 23:

El Señor es mi pastor, nada me falta.
Sobre pastos verdes me hace reposar,
por aguas tranquilas me conduce.
El Señor me da nueva fuerza,
me consuela, me hace perseverar.
Me lleva por el buen camino,
por el amor de su nombre.
Aunque camine por un valle oscuro
no temeré mal alguno porque Él está conmigo.

La tregua se llevó a la pantalla en la película francesa de 2005 Joyeux Noel (Feliz Navidad), siendo nominada al Oscar en la categoría de Mejor Película en lengua extranjera , y fue también rescatada en el vídeo de Paul McCartney, Pipes of Peace, de 1983.


En el episodio final de Blackadder Goes Forth, los protagonistas discuten sucesos del pasado, incluyendo la Tregua de Navidad. En un momento dado, el Capitán Blackadder sentencia: "Ambos bandos avanzaron más lejos una visita a la trinchera enemiga durante la tregua de Navidad de lo que lo hicieron en los dos años y medio de guerra siguientes".

El 17 de diciembre de 2014 en Ypres, Bélgica, la UEFA conmemoró el centenario de la tregua de Navidad de 1914 en las trincheras de Flandes, erigiendo un monumento en el sitio  en que se disputó el improvisado duelo futbolístico.

Michel Platini, presidente de la UEFA, invitó a los mandatarios de Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Irlanda y Reino Unido: “La ceremonia de conmemoración debe rendir homenaje a los soldados que, hace un siglo, expresaron su humanidad en un partido de fútbol escribiendo un capítulo en la construcción de la unidad europea y que son un ejemplo a seguir por las jóvenes generaciones de hoy”.

@crodrigo999

viernes, 17 de abril de 2015

La otra final del Mundial

Foto: latestanelpallone.com

"El fútbol es lo más importante de lo menos importante" 

Arrigo Sacchi (futbolista y entrenador italiano) 

El Reino de Bután, emparedado entre China y la India, está en el Himalaya y tiene un número de habitantes semejante a la suma de los barrios de Chamberí, Vallecas y La Latina. Una de las pocas cosas por la que es conocido este remoto país, es el hecho de que funcionen con un índice de Felicidad Nacional Bruta como indicador principal de desarrollo, en lugar de la economía (para el que le interese, este concepto se sustenta en nueve pilares: el bienestar psicológico, la salud, educación, cultura, distribución del tiempo, calidad del gobierno, relaciones sociales, ecología y vivienda). 

Montserrat es una pequeña isla caribeña bautizada por Colón en honor de la montaña de Montserrat de Barcelona. Con la creación en los 70 de los Estudios AIR por el productor de los Beatles George Martin, atrajo a muchos artistas famosos, pero el huracán Hugo en 1989 y la erupción del volcán Soufriere Hills en 1995 obligaron a la población a evacuar la isla, cerrándose aeropuertos y puertos, y condenando a la isla al ostracismo. Antes de la erupción volcánica, la población era de 13.000 habitantes. La población actual está alrededor de los 6000. 

El críquet es el deporte más popular en Monsterrat, y el de Bután es el tiro con arco… entonces, ¿qué demonios hacen estos dos países en un artículo de fútbol? 

La razón es bien sencilla: el 30 de junio de 2002, en el estadio Changlimithang de Timbu, jugó la selección de Bután contra la selección de Montserrat, y lo hicieron el mismo día en el que se jugaban las lentejas (con caviar) mundialistas los Ronaldo, Kahn y compañía, en la final del Mundial de Corea y Japón entre Alemania y Brasil. 

El porqué de esta genialidad radica en que a esa fecha, las susodichas Bután y Montserrat eran las dos selecciones nacionales de fútbol con peor ranking de la FIFA. Aquello vino a denominarse la Otra final (The Other Final. Bhutan vs. Montserrat) que fue llevada a un documental por el neerlandés Johan Kramer en 2003

La intrahistoria de este partido se debe a la ocurrencia del cineasta Matthijs de Jongh, que al no poder apoyar a Holanda en el Mundial porque había sido eliminada en la fase previa, trató de convencer a los dos combinados con peor clasificación en el ránking FIFA de selecciones nacionales para que jugaran un torneo entre ellos. Se lió la manta a la cabeza, y con la financiación de una productora japonesa logró reunir a ambos combinados. De los 203 países del celebérrimo Ranking FIFA, los dos últimos en aquel momento eran Bután (202), y la isla de Montserrat

Bután no tenía liga y su selección nunca había ganado un partido hasta la fecha y Montserrat había reducido sus comparecencias por la actividad volcánica de la isla (que a día de hoy aún continúa). Al partido asistieron más de 25.000 espectadores. Montserrat, acusó la altitud y la baja de siete jugadores por intoxicación alimentaria… 

El resultado final fue de 4-0, goles en el minuto 7 y tres en los fatídicos 10 minutos transcurridos entre el 67 y 76, en plena pájara montserratina. 

Al término del encuentro, los dos países lo celebraron con una copa dividida en dos mitades, demostrando al mundo de la habilidad del fútbol para unir sentimientos y culturas.

@crodrigo999

jueves, 16 de abril de 2015

Eduardo Chillida: El portero del aire


“Yo he tenido muy en mente toda la vida lo que he aprendido del fútbol. La gente se ríe cuando digo esto, pero en el fútbol yo aprendí muchas cosas que he utilizado después en la escultura”.
Eduardo Chillida (1924-2002): escultor universal y portero de la Real Sociedad

En el arte, en el fútbol, posiblemente en la vida, casi todo se puede aprender, pero nada o casi nada se puede enseñar.

Todos conocemos a Eduardo Chillida como posiblemente el escultor español más importante de todos los tiempos. Como el autor de ese magistral peine del viento, que acaricia el espacio y el tiempo de San Sebastián, recibiendo sin descanso las olas y los vientos frente al horizonte inalcanzable: “No vi el viento, vi moverse las olas, no vi el tiempo, vi caerse las hojas”, diría el artista para definir ese diálogo preñado de preguntas, entre el acero y las fuerzas de la naturaleza.

Pero Chillida también fue espacio y tiempo en el mundo del fútbol. Portero esculpido y forjado en las playas de Donosti, debutó con la Real Sociedad el 27 de septiembre de 1942 en un partido contra Osasuna.

 Hijo de familia acomodada, no olvidemos que su padre Pedro Chillida fue presidente de la Real Sociedad entre 1942 y 1945, Chillida quiso ser arquitecto y preparó el ingreso a la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, aunque abandonó por discrepancias con su idea y manera de entender la arquitectura, para volver al País Vasco y dedicarse al fútbol gracias al legendario entrenador txuri urdin Benito Díaz ( Tío Benito) que le fichó recién llegado a la Bella Easo tras su periplo en el Girondins de Burdeos.

La Real Sociedad era por entonces un equipo ascensor. No está de más recordar que en los 40, en plena posguerra, la Real tuvo que vender para sobrevivir económicamente, lo que imposibilitaba la constitución de un bloque estable y competitivo. Tras la campaña de 1939/40, la Real Sociedad perdió a sus dos mayores promesas, el portero Ignacio Eizaguirre y el delantero Epi, que fueron fichados por el Valencia CF , llegando ambos a ser internacionales. Tras la nefasta temporada 41/42 en primera división en la que se cosecharon unos paupérrimos 12 puntos en 26  partidos, la temporada 42/43 fue la del ascenso. Esa temporada el portero fue un prometedor Eduardo Chillida.

Chillida jugó los catorce partidos de liga como titular encajando dieciséis goles. La Real se impuso en su grupo, y luego superó en la liguilla final a Real Valladolid, Sporting de Gijón, SD Ceuta y Jerez CF. La Real Sociedad consiguió aquel año el ascenso directo a Primera División al quedar segundo tras el Sabadell. Sin embargo, una sucesiva cadena de lesiones fue debilitando su menisco, hasta su último partido contra el Valladolid en el que se retiró lesionado tras chocar con el potente delantero Fernando Sañudo.

Aunque entonces se habló de rotura meniscal, por la evolución y largo tratamiento con cinco intervenciones quirúrgicas, con el tiempo se especuló que probablemente sufrió una compleja lesión de ligamentos cruzados y meniscos de la rodilla. La realidad es que en el encuentro de reaparición, precisamente contra el Real Madrid, la lesión se reactivó en el que fue su último partido.

Aquellos escasos catorce partidos fueron suficientes para que le echara el ojo el FC.Barcelona, y que fuera pretendido por un Real Madrid en el jugaban conocidos vascos como Alsúa, Arzinegui o Querejeta. El Real Madrid de entonces, si bien había endosado al Barcelona un histórico 11-1 el la Copa del Generalísimo, andaba errático en una Liga en la que acabó el 10º. Pero coincidiendo con la llegada de Santiago Bernabéu en 1943, que fue presidente durante los siguientes 35 años, se estaban poniendo los cimientos de lo que llegaría a ser históricamente el club. Lo que hubiera podido nacer si esas negociaciones hubieran fructificado (y sobre todo si Chillida no se hubiera retirado con sus escasos 19 años), nunca lo sabremos, aunque resulta evocador imaginarlo.

El gato Chillida explicaba que el fútbol es un espacio bidimensional, y que el área y el marco de la portería constituyen la única realidad tridimensional de un campo, un diedro, para concluir que posiblemente las cualidades para ser un buen escultor y un buen portero son prácticamente las mismas… y así se lo relataba al cineasta Gonzalo Suárez: “En la portería aprendí cosas nuevas sobre el espacio y el tiempo, porque en ese lugar están actuando, y de qué manera. La portería es la única zona tridimensional del campo. Donde ocurren todos los fenómenos activos del fútbol es en el área y en la portería”.

Su inteligencia también la puso al servicio del fútbol: “Hubo un momento en el que intenté todavía, después de cinco operaciones, volver a jugar, poco a poco. Entonces ya no tenía la posibilidad de moverme con la velocidad que me movía antes ni de usar una pierna al mismo nivel que la otra. Por eso, cuando me tenían que tirar un penalti en los entrenamientos con Benito Díaz, que es el que me cogió a mí para la Real, me colocaba, no en el centro de la portería, sino un poco más a la derecha. Ellos debían pensar que estaba tan nervioso que me estaba colocando mal. Yo les dejaba tirar y sabía que lo iba a tirar por la izquierda, y paraba muchos penaltis”.

Su obra más importante relacionada con el fútbol fue el gran mural que le encargaron para el estadio de fútbol de Atocha en San Sebastián, del que sólo se conservan los dibujos preparatorios.

En una larga entrevista concedida a la periodista mexicana Sanjuana Martínez, Chillida a sus 77 años hablaba de fútbol. “Si no me lesiono, yo sería entrenador, en vez de escultor (…). Después de la lesión no podía saltar como antes (…) Cosas como estas tienen que ver con el espacio, el tiempo, la velocidad y la geometría, porque cuando un portero sale a buscar al delantero está reduciendo el tamaño de la portería”.

 Chillida dejó de ser portero para convertirse en posiblemente el escultor español más universal de todos los tiempos. ¿Se imaginan qué portero podía haber legado la historia, si no se hubiera lesionado ese genio que vivió obsesionado, no por el ángulo recto, sino por el ángulo que hace el ser humano con su sombra? Ese genio, que en su infinita modestia y pasión por su trabajo, era capaz de tener en la mente esta reflexión qué él mismo acuñaba cada mañana antes de ponerse a domar el aire, para forjarlo desde el hierro, espacio y tiempo:

 Tengo las manos de ayer, me faltan las de mañana.

 Qué portero perdió el fútbol, pero qué artista ganó la humanidad.

@crodrigo999

miércoles, 1 de abril de 2015

Platko: Poesía y tango


Franz Platko: Budapest 1898, Santiago de Chile 1983, portero y entrenador húngaro. Destacó con la selección húngara y como guardameta del FC Barcelona, como técnico hizo tres veces campeón al Colo-Colo, de Chile.

Rafael Alberti Merel: El Puerto de Santa María 1902-1999, poeta y miembro de la Generación del 27. Está considerado uno de los mejores poetas españoles de la Edad de Plata de la Literatura Española junto a Lorca y Aleixandre.

El 20 de mayo de 1938, Jose María Cossío (escritor y académico vallisoletano recordado principalmente por su enciclopedia taurina), invitó a Rafael Alberti, de quien por entonces era su editor, a Los Campos de Sport del Sardinero de Santander, a una final de Copa de España que duraría tres partidos (ya que entonces no existían las ahora tan denostadas tandas de penaltis) entre el F.C. Barcelona y la Real Sociedad de San Sebastián.

Alberti, que andaba con depre poética (agujero de oscuridad, bracear agónico en busca de una salida a la superficie habitada, al puro aire de la vida… Escribiría recordando esos días en sus memorias La Arboleda perdida) mientras buceaba en lo que sería su poemario Sobre los Ángeles, acompañó al Sardinero a su editor, con el que estaba pasando unos días en su casa montañesa de Tudanca. De esos días y de esa tarde de fútbol, nacería el posiblemente más famoso poema de la historia del fútbol: Oda a Platko.

Ya el sábado 19, automóviles de todas las regiones de España se acercaron a Santander, junto a trenes y autocares que llegados las primeras horas del sábado 20, hicieron que a media mañana ya no quedaran entradas para el match. A las cuatro y veinte de la tarde de aquel domingo, por lo caluroso, de verano, el árbitro Vallana (auxiliado en las bandas por Martín y Serrano) pitó el principio de la final de Copa, tras el intercambio protocolario de saludos y ramos de flores.

Durante el partido primó la lucha y la emoción sobre un pobre juego; el entusiasmo de los donostiarras fue neutralizado por la experiencia de los blaugranas, resultando una contienda equilibrada, algo que solía ser muy habitual en aquellos concursos regionales.

Tras un comienzo titubeante, Marculeta (el mejor del partido, todo hay que decirlo) estuvo a punto de marcar un goal a Platko, que atajó con, como sibilinamente un cronista denominó, peculiar seguridad, evitando que se abriera el marcador.

Pero en el minuto 32 Cholín, decidido y enormemente valiente, lanzó una formidable patada que en vez de impactar en el esférico, fue a estamparse contra la cabeza del cancerbero húngaro Platko, de la que empezó a manar abundantísima sangre. Retirado del césped el oso rubio, se reanudó el partido, sustituyendo al herido el jugador de campo Arocha (que también hay que decirlo hizo un par de intervenciones de mérito).

En aquellos momentos de incertidumbre surgió la figura del mago Samitier, que hilvanó momentos brillantísimos de juego hasta que también tuvo que retirarse lesionado, dando principio a los peores momentos del un Barcelona disminuido que tuvo que recurrir al juego duro para sobrevivir.

Ya comenzada la segunda parte Platko, sus seis puntos de sutura y Samitier vuelven al terreno de juego, ambos con la cabeza vendada, para euforia de sus aficionados, que tornarían en éxtasis cuando el propio Samitier perforó la meta de un desolado Izaguirre, tras pase medido de Sastre, a los 10 minutos del segundo tiempo.

Tras varios incidentes, lluvia torrencial incluida, dura patada de Samitier a Arrillaga, choque de Cholín con Platko en el que el húngaro pierde la venda, y algún que otro altercado que hizo intervenir a la propia Guardia Civil para poner paz… Marculeta se hace dueño de un partido, en el que brillaría su inteligente energía en la distribución del juego y su serenidad, para destacar notablemente sobre el resto. Así llega el empate a 1 en el minuto 38 obra de Mariscal, tras shoot imparable, para alborozo de la hinchada realista (que fue mayoritaria en el partido).

Tras la prórroga, con reseñadas marrullerías y violencias barcelonistas, en la que el omnipresente Marculeta de un derechazo quitó el polvo al travesaño catalán, el partido finalmente acabó en tablas. La final se reanudaría el martes siguiente a las 11 de la mañana con las mismas alineaciones y la sensible baja de un vapuleado Platko al que sustituiría el meta catalán Llorens. Pero esa es ya otra historia.

Rafael Alberti
Un algo menos sosegado Alberti recordaba épicamente el encuentro: “Un partido brutal, el Cantábrico al fondo, entre vascos y catalanes. Se jugaba al fútbol, pero también al nacionalismo. La violencia por parte de los vascos era inusitada. Platko, un gigantesco guardameta húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de guardia civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los del Real(sic) que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre los brazos. En medio de ovaciones y gritos de protesta, fue levantado en hombros por los suyos y sacado del campo, cundiendo el desánimo entre sus filas al ser sustituido por otro. Mas cuando el partido estaba tocando a su fin, reapareció, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar. A los pocos segundos, el gol de la victoria penetró en el arco del Real, que abandonó la cancha entre la ira de muchos y los desilusionados aplausos de sus partidarios.”.

Hay que aclarar, como hemos visto, que el partido acabó empate a 1, lo cual no quita un ápice al hermoso poema.

Sirva como cierre que Platko tuvo una larga y fructífera carrera como jugador 1914-1933 (Vas-és Fémmunkások, WAC Viena, Middlesbrough F. C., Sparta de Praga, MTK Budapest F. C., Basel) y entrenador 1933-1965 (Basel. Mulhouse, Barcelona, Arsenal, Colo- Colo, River Plate, Selección de fútbol de Estados Unidos, Valladolid entre otros).

Como curiosidad decir que en ese partido hubo un tercer ilustre, el gran Carlos Gardel, que no dudó en remedar su tango Patadura para meter en la letra a Piera, Sastre, Zamora, Samitier y Platko, y del que transcribo (como aperitivo de la Oda) estos impagables versos en los que pueden sustituir las palabra chingás por fracasaste y chambón por fracasado o chapucero para su mejor comprensión y deleite.

Chingás a la pelota,
Chingás en el cariño,
El corazón de Platko
Te falta, ché, chambón.
Pateando a la ventura
No se consiguen goles;
Con juego y picardía
Se altera el marcador

Carlos Gardel

___

Oda a Platko

Ni el mar,

que frente a ti saltaba sin poder defenderte.

Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.

Ni el mar, ni el viento, Platko,

rubio Platko de sangre,

guardameta en el polvo,

pararrayos.

No nadie, nadie, nadie.

Camisetas azules y blancas, sobre el aire.

Camisetas reales,

contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.

Platko, Platko lejano,

rubio Platko tronchado,

tigre ardiente en la yerba de otro país.


¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,


llave áurea caída ante el pórtico áureo !

No nadie, nadie, nadie,

nadie se olvida, Platko.

Volvió su espalda al cielo.

Camisetas azules y granas flamearon,

apagadas sin viento.

El mar, vueltos los ojos,

se tumbó y nada dijo.


Sangrando en los ojales,

sangrando por ti, Platko,

por ti, sangre de Hungría,

sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto

temieron las insignias.

No nadie, Platko, nadie,


nadie se olvida.

Fue la vuelta del mar.

Fueron diez rápidas banderas


incendiadas sin freno.

Fue la vuelta del viento.

La vuelta al corazón de la esperanza.

Fue tu vuelta.

Azul heroico y grana,

mando el aire en las venas.

Alas, alas celestes y blancas,

rotas alas, combatidas, sin plumas,

escalaron la yerba.

Y el aire tuvo piernas,

tronco, brazos, cabeza.


¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!

Y en tu honor, por tu vuelta,

porque volviste el pulso perdido a la pelea,

en el arco contrario al viento abrió una brecha.

Nadie, nadie se olvida.


El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.

Las insignias.

Las doradas insignias, flores de los ojales,

cerradas, por ti abiertas.

No nadie, nadie, nadie,

nadie se olvida, Platko.

Ni el final: tu salida,

oso rubio de sangre,


desmayada bandera en hombros por el campo.

¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !

¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?

Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Rafael Alberti

Carlos Rodrigo

La marcha verde


“Pues verá Míster, no corro porque correr es de cobardes…”

  (Rogelio, jugador legendario del Betis  desde 1962 a 1978, metió diez goles olímpicos)


Decía el gran Juan Bonilla, que “los domingos matan más personas que las bombas”; y es que el aburrimiento es una de las peores enfermedades del hombre contemporáneo, por ese ingrediente fatal que tiene de dejar desocupadas las cabezas cuando pocos son los privilegiados capaces de soportarlo.

Pero no se preocupen, que para  garantizar nuestro sagrado equilibrio y  canalizar ese punto fundamental de locura que se recomienda y debe ser consustancial al ser humano, los dioses inventaron, entre otras pasiones: el fútbol y la literatura.

Nos hacemos aficionados – eso que los ingleses llaman tan precisamente supporters por su sádica combinación de disfrute y aguante-, y el fútbol es la afición española por excelencia junto a la envidia y la crítica, por esa fórmula magistral de locura e inteligencia antibiótica del tedio.

Un nostálgico Goethe decía que “hasta una sucesión de días hermosos puede llegar a ser aburrida…”. Y es que el fútbol es como la caza (la otra gran afición del ser humano en sus distintas variantes…): a cazar uno va a ganar, pero lo bueno es que si uno ni caza ni gana no se viene abajo, sino que la afición aumenta.

Pero no nos pongamos estupendos y díganme: ¿qué equipo español ha sido el único en ganar 5-0 al Bayern de Munich, ha sido campeón en todas las categorías y ha sido el primero en ganar la Copa del Rey?

Pues, obviamente, el mismo que ha sido declarado por el sanedrín popular como el equipo más literario de la historia del fútbol, por aquello de que su once titular comenzaba por Cervantes y acababa por Calderón, o el más competitivo (ríanse de las dificultades de Illarramendi para entrar en el 11 titular del Real Madrid) por lo otro de que tuvieron que renunciar a fichar a Maradona a favor de su enemigo íntimo porque: “con García Soriano, López, Eulate, Cardeñosa y Benítez, ¿a quién iban a sentar para poner al pelusa?”.

Por eso de que la felicidad cuando se convierte en otra manera de aburrimiento deja de ser felicidad,  muchos nos consolamos diciendo que nos gustan  los equipos imperfectos, así como nosotros, con lunares, estrías, pero reyes magos de la simpatía, que montan la procesión del silencio cuando pierden, que se miran aliviados resoplando cuando ganan sin haber dado una a derechas, que meten el dedo en el ojo al eterno rival cuando en el fondo no pueden ni quieren vivir sin él…

Los equipos capaces de montar una marcha de 30.000 aficionados hasta el pueblo de al lado para ver un partido… como hizo el Betis aquel 19 de marzo de 1952 tras siete años como siete plagas en el pozo de tercera, peregrinando a Utrera  30.000 y metiendo 15.000 en un campo en el que sólo cabían 7.000… hasta el punto de que según la leyenda- aún hoy no desmentida-, allí se cuentan los años a razón de A.B y D.B… osease antes del Betis  o después del Betis según efeméride…

En fin, que algo tendrán esos conjuntos, aparte de guasa no exenta de mal café, con aficionados que, en el lecho de muerte, son capaces de pedir que les hagan del Sevilla por aquello de que no muera un bético (y/o que muera un sevillista…, que de todo tiene que haber en la viña del Señor) o de ponerse tan profundos y senequistas como para afirmar imperturbables que: las ideas pasan pero el Betis permanece.

Por  todo ello y porque me apetece les voy a recomendar, por encima de colores (aunque muchos béticos verdolagas ya se han encargado de recomendárselo con más guasa que otra cosa, a sus vecinos sevillistas palanganeros) el pequeño librito del escritor sevillano Antonio Hernández  Betis: La Marcha verde (1987, reeditado por Algaida en 2008 : El Betis la marcha verde y otros cuentos de fútbol), libro divertido, chocarrero y deliberadamente parcial de un beticista de pro, pero que por encima de filias y fobias es una radiografía novelada de este bendito invento tan divertido y tan humano, demasiado humano que diría Nietzsche, llamado fútbol.

Artículo escrito por: Carlos Rodrigo