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miércoles, 1 de abril de 2015

La radiología de Claudio Paul Caniggia


Para muchos les sobra –y les basta– con «el Nene» o «el Pájaro» para conocer sobre quien versará este análisis… Cierto también es que habrá quienes por lejanía en el tiempo les sea imposible adivinar su nombre. Nacido un nueve de enero de 1967, este bonaerense que responde al designio de Claudio Paul Caniggia, podemos decir que nunca se ha ido –futbolísticamente hablando– y ello sin contar con que su retiro oficial fue hace escasos dos años. Oficial, pero no oficioso, en tanto que el primero sólo fue un retorno anecdótico a la novena división inglesa con el Wembley FC para jugar dos partidos (incluyendo en uno de ellos su participación en la emblemática FA Cup y anotando un nuevo gol a su palmarés), mientras que el segundo se produciría allá por 2004 en la exótica liga catarí militando durante una campaña en el Qatar SC. Aquí fue donde verdaderamente hizo uso del tópico de «colgar las botas», unas botas por las que los argentinos todavía suspiran. ¿El motivo que justifique esto? Copa del Mundo de 2014, Brasil. Un grupo masivo de efervescentes y fervientes seguidores de la albiceleste se echa a las calles del país carioca y canta a viva voz para alentar a los suyos: «Brasil decíme que se siente teniendo en casa a tu papá… el Cani los vacunó…». Exacto; «el Cani» como abreviación de Caniggia. Un solitario gol que –manteniendo el idilio con la pegadiza canción popular– actuaría como la eficaz vacunación que en el Mundial de 1990 de Italia los pupilos de Carlos Salvador Bilardo infringió en octavos de final a la todopoderosa Brasil; la eterna rival claudicando, apeada y encumbrando a dos futbolistas que en un futuro quedarían fundidos en un beso como ejemplificación de lo que les unía y de lo que significaba ese gol para Boca Juniors; ellos son, de un lado nuestro hendersonense –según el gentilicio de donde nació– y, del otro, al que califican como el genio de todos los tiempos, «el Pelusa», Diego Armando Maradona, o inclusive, «D10S». Fue una jugada, la del Mundial, muy al estilo del Diez; arrancada desde muy lejos sorteando rivales haciendo que ello parezca algo de lo más sencillo (tal eventualidad está tan extendida y le es tan característica que cuando el que la efectúa es otro futbolista se le reconoce como una peripecia «maradoniana») y cuando asoma al balcón del área, asiste a su compañero que, desmarcado y consciente de la maravilla de la que proviene esa pelota, con suma elegancia quiebra al portero y empuja el esférico a la red. Fue el éxtasis de un país que vive por y para el fútbol.

Ya nunca sería igual para Caniggia. Su nombre ya se había asegurado el verse siempre escrito con letras doradas y archivado en la memoria de los amantes del balompié que pueblan la zona del Mar del Plata. De hecho, poco importa ahora que unos años después de ese gol el doping en forma de Crack se cruzara en su vida tras un infausto Nápoles – Roma en marzo de 1993. Un calco esta historia de la que padeció su inseparable Maradona dos años antes, si bien, en este caso, habría sido por restos de cocaína en su orina… Volvería a pisar un terreno de juego en mayo del siguiente año y continuaría anotando goles como hasta entonces había hecho con River Plate en su Argentina natal, en Hellas Verona, Atalanta y Roma en su primera aventura italiana, y levantando a aficionados de sus asientos llevando enfundadadas, por este orden, las zamarras del Benfica lisboeta, de Boca Juniors en su retorno a casa, la «Mágica» Atalanta nuevamente, en Escocia con Dundee United y Glasgow Rangers, y los ya citados con anterioridad en las postrimerías de su carrera.

Tras haber goleado con nueve clubes diferentes y disputado trescientos sesenta y siete encuentros, anunció el final de su vuelo en febrero de 2005. Sin embargo, su carácter excéntrico y anodino lo llevarían a reemprender una última parada británica; quizá no fue la despedida soñada (como tampoco lo fue la de la Selección, en donde Bielsa lo convocó para el Mundial de Corea y Japón del 2002 y sin formar parte del plantel un solo minuto, vería una expulsión por airadas protestas en la eliminación contra Suecia), pero fue la que él quiso; inesperada, chispeante y goleadora; «Cani» en estado puro.

@Juanje10Ayala

La marcha verde


“Pues verá Míster, no corro porque correr es de cobardes…”

  (Rogelio, jugador legendario del Betis  desde 1962 a 1978, metió diez goles olímpicos)


Decía el gran Juan Bonilla, que “los domingos matan más personas que las bombas”; y es que el aburrimiento es una de las peores enfermedades del hombre contemporáneo, por ese ingrediente fatal que tiene de dejar desocupadas las cabezas cuando pocos son los privilegiados capaces de soportarlo.

Pero no se preocupen, que para  garantizar nuestro sagrado equilibrio y  canalizar ese punto fundamental de locura que se recomienda y debe ser consustancial al ser humano, los dioses inventaron, entre otras pasiones: el fútbol y la literatura.

Nos hacemos aficionados – eso que los ingleses llaman tan precisamente supporters por su sádica combinación de disfrute y aguante-, y el fútbol es la afición española por excelencia junto a la envidia y la crítica, por esa fórmula magistral de locura e inteligencia antibiótica del tedio.

Un nostálgico Goethe decía que “hasta una sucesión de días hermosos puede llegar a ser aburrida…”. Y es que el fútbol es como la caza (la otra gran afición del ser humano en sus distintas variantes…): a cazar uno va a ganar, pero lo bueno es que si uno ni caza ni gana no se viene abajo, sino que la afición aumenta.

Pero no nos pongamos estupendos y díganme: ¿qué equipo español ha sido el único en ganar 5-0 al Bayern de Munich, ha sido campeón en todas las categorías y ha sido el primero en ganar la Copa del Rey?

Pues, obviamente, el mismo que ha sido declarado por el sanedrín popular como el equipo más literario de la historia del fútbol, por aquello de que su once titular comenzaba por Cervantes y acababa por Calderón, o el más competitivo (ríanse de las dificultades de Illarramendi para entrar en el 11 titular del Real Madrid) por lo otro de que tuvieron que renunciar a fichar a Maradona a favor de su enemigo íntimo porque: “con García Soriano, López, Eulate, Cardeñosa y Benítez, ¿a quién iban a sentar para poner al pelusa?”.

Por eso de que la felicidad cuando se convierte en otra manera de aburrimiento deja de ser felicidad,  muchos nos consolamos diciendo que nos gustan  los equipos imperfectos, así como nosotros, con lunares, estrías, pero reyes magos de la simpatía, que montan la procesión del silencio cuando pierden, que se miran aliviados resoplando cuando ganan sin haber dado una a derechas, que meten el dedo en el ojo al eterno rival cuando en el fondo no pueden ni quieren vivir sin él…

Los equipos capaces de montar una marcha de 30.000 aficionados hasta el pueblo de al lado para ver un partido… como hizo el Betis aquel 19 de marzo de 1952 tras siete años como siete plagas en el pozo de tercera, peregrinando a Utrera  30.000 y metiendo 15.000 en un campo en el que sólo cabían 7.000… hasta el punto de que según la leyenda- aún hoy no desmentida-, allí se cuentan los años a razón de A.B y D.B… osease antes del Betis  o después del Betis según efeméride…

En fin, que algo tendrán esos conjuntos, aparte de guasa no exenta de mal café, con aficionados que, en el lecho de muerte, son capaces de pedir que les hagan del Sevilla por aquello de que no muera un bético (y/o que muera un sevillista…, que de todo tiene que haber en la viña del Señor) o de ponerse tan profundos y senequistas como para afirmar imperturbables que: las ideas pasan pero el Betis permanece.

Por  todo ello y porque me apetece les voy a recomendar, por encima de colores (aunque muchos béticos verdolagas ya se han encargado de recomendárselo con más guasa que otra cosa, a sus vecinos sevillistas palanganeros) el pequeño librito del escritor sevillano Antonio Hernández  Betis: La Marcha verde (1987, reeditado por Algaida en 2008 : El Betis la marcha verde y otros cuentos de fútbol), libro divertido, chocarrero y deliberadamente parcial de un beticista de pro, pero que por encima de filias y fobias es una radiografía novelada de este bendito invento tan divertido y tan humano, demasiado humano que diría Nietzsche, llamado fútbol.

Artículo escrito por: Carlos Rodrigo

martes, 31 de marzo de 2015

El partido de la muerte: FC Start – Flakelf


Cada año, cuando llega septiembre se celebra una triste efeméride, en 2014 llegamos a los setenta y cinco años de la invasión nazi sobre Polonia. Creo que seria bueno recordar a un equipo de héroes ucranianos, que sacrificaron su vida para dar ánimos a una población ocupada, como era la ucraniana a principios de los años 40.

Dentro de las diversiones del pueblo ruso, destacaba una: el fútbol, que además estaba patrocinado por el Estado. Esta pasión sobre todo era patente en Ucrania, donde el equipo mas popular era el Dinamo de Kiev, que obtuvo el cuarto puesto liguero en 1938. Durante las dos siguientes temporadas, el Dinamo obtuvo peores resultados, pero eso poco importaba a la población, que vivía preocupada por una posible invasión nazi, que finalmente se produjo el 22 de junio de 1941, día en el que Hitler puso en funcionamiento la Operación Barbarroja.

Varios jugadores del Dinamo fueron reclutados primero y posteriormente llamados a combatir, como la operación diseñada por la Wehrmacht tuvo éxito en su fase inicial, Kiev cayó el 19 de septiembre de 1941. Varios de los jugadores que sobrevivieron a la invasión, fueron mandados a campos de concentración, el resto simplemente vagaba por la ciudad, buscando trabajo.

Uno de ellos, el portero Mykola Trusevych, llegó a la panadería estatal numero 3 de Kiev, buscando trabajo. La panadería estaba administrada por Iosif Kordik, ruso de origen alemán. Kordik, fanático de los deportes, le identificó enseguida, dándole trabajo como barrendero en la panadería, pero no de manera altruista, puesto que debía encontrar a sus compañeros, con el fin de formar un equipo de fútbol, encontró a siete compañeros mas que unidos a tres jugadores del Lokomotiv, dieron origen al FC Start, equipo hecho sobre las ruinas del Dinamo de Kiev.

 Los futbolistas se reunían a menudo para jugar entre ellos, aun a pesar del mal estado propio y de los campos de juego, con gran cantidad de lodo muchos de ellos, puesto que el fútbol les daba alegría. Sin embargo los propósitos de Kordik, no eran tan altruistas y generosos. Kordik formo el FC Start, con fines mercantiles, puesto que gracias a su origen, pudo ponerse en contacto con importantes mandos del régimen nazi, con el fin de venderles una serie de partidos de fútbol, ante un grupo de antiguas estrellas del balompié. Los nazis, vieron en esta posibilidad, un perfecto instrumento de propaganda de su régimen, primero para hacer llegar a todo el mundo la supremacía aria y segundo con el fin de terminar de hundir la moral de la población rusa, por lo que rápidamente accedieron a la disputa de estos partidos.

 El primero de ellos tuvo lugar el 21 de junio de 1942, lo disputó el FC Start ante el Rukh, ganando por seis goles a dos, poco a poco fueron acumulando victorias, algunas muy sonoras como la obtenida ante el PGS por seis goles a cero, dando así gran moral a la población ocupada y poniendo en jaque todas las teorías nazis, creándose además un entorno de altísima tensión en torno a la celebración de estos partidos.

Cartel publicitario de "el partido de la muerte"
El 28 de julio de 1942, nueve días antes del partido ante el Flakelf, equipo formado por soldados de élite del ejercito nazi, llego a los jugadores la orden 227 dictada por Stalin, esta se resumía fácilmente: “Ni un paso atrás”, esto subió hasta limites insospechados la tensión ambiental del partido disputado el 6 de Agosto, que acabo con victoria del FC Start por cinco goles a uno, cumpliendo con la orden de Stalin. A varios mandos alemanes se les pasó por la cabeza fusilar allí mismo a los jugadores, pero siendo conscientes de que esto les convertiría en mártires, y animarían a la población ocupada a redoblar sus esfuerzos en la lucha, con lo que concertaron una revancha a disputar tres días después en el estadio Zenit, de Kiev.



Para este segundo partido el conjunto alemán se reforzó, con jugadores profesionales traídos desde Berlín, mientras tanto en las horas previas del partido muchas voces advertían que una nueva derrota germana podría suponer castigos para el FC Start. Para asegurarse la victoria, los altos mandos nazis nombraron como árbitro, a un oficial de las SS, ya el partido comenzó con una alta tensión, el árbitro pidió a los jugadores ucranios efectuar el saludo nazi, a lo que estos respondieron gritando “Viva el deporte”, lema de los equipos soviéticos, causando la risa a los espectadores. Durante el transcurso del partido, los alemanes fueron extremadamente violentos con sus rivales, aprovechándose de la esperada permisividad arbitral, valga como ejemplo el hecho de que el Flakelf anotó el primer gol del partido con el portero ucranio en el suelo, de todas maneras ya al descanso el conjunto eslavo había dado la vuelta al luminoso. En el intervalo, oficiales alemanes bajaron al vestuario para amenazar a los jugadores del Start con la muerte si vencían el choque, en el vestuario se llegó a pensar incluso en no jugar la segunda parte, aun así el equipo salió a jugar y dejo patente su superioridad no solo en el marcador, sino sobre todo en el juego, en los últimos minutos y ya con 5-3 en el marcador, Klimenko se quedó solo delante del portero alemán, lo regateó y cuando se disponía a marcar, pateo la pelota hacia el centro del campo, esto fue muy celebrado por la afición local, que vio como el invasor nazi fue humillado.

Contrariamente a lo previsto, los alemanes no detuvieron a los jugadores ucranios ese día, incluso les dejaron jugar un partido más, pero tras el mismo, una semana después los jugadores del Start fueron detenidos por la Gestapo, acusados de colaborar con la NKVD, la policía soviética, fueron torturados cruelmente, un jugador murió a causa de las mismas, el resto fue llevado al campo de exterminio de Babi Yar, a las afueras de Kiev, allí fueron fusilados tres jugadores mas, Klimenko, Kuzmenko y Trusevych (portero y capitán del equipo).

Estos jugadores murieron haciendo lo que les gustaba, pero dieron aliento a un pueblo verdaderamente oprimido en aquella época, convirtiéndose en héroes que siempre serán recordados. Incluso hoy quien enseña una entrada de aquel partido, puede pasar gratis a ver los partidos del Dinamo de Kiev.

Artículo escrito por: @EUGENIOMATEO1

miércoles, 25 de marzo de 2015

El tulipán que se negaba a volar


Aerofóbia o fobia a volar. Este es temor que nos privó de disfrutar en más ocasiones de uno de los mayores talentos del fútbol holandés y mundial: Dennis Nicolaas Maria Bergkamp.

Ámsterdam (10 de mayo de 1969) tuvo el placer de ser la ciudad natal de esta leyenda futbolística. Su nombre sobrevino de la admiración de su padres a Denis Law (ex-jugador escocés y leyenda de Manchester United), pero no se imaginaban lo alto que Bergkamp dejaría su nombre.

Con apenas 11 años, Bergkamp entra a las categorías inferiores de AFC Ajax, pero no sería hasta el 4 de diciembre de 1986 cuando el mismísimo Johan Cruyff lo hiciera debutar profesionalmente con el primer equipo ajaccied. Sus números con el conjunto del Ajax crecen notablemente temporada tras temporada, dejando constante muestras de su incuestionable talento. En 1987 gana la Recopa de Europa, una Eredivise en 1990, en 1992 una Copa de la UEFA y en 1993 conquista la Copa Holandesa. Además, sus cifras goleadoras son de lo más notables y tras perder el título de máximo goleador en la temporada 1989/90 (lo ganó Romario con el PSV Eindhoven), una temporada más tarde consigue la friolera de 25 goles. Esto le sirve para, el 26 de septiembre de ese mismo año, debutar con su selección nacional -Holanda- frente a Italia.

Las dos temporadas siguientes serian un “suma y sigue” en su carrera, siendo el máximo goleador y proclamado mejor jugador de una liga que se le quedaba pequeña para su enorme talento. Sus números en el Ajax: 239 partidos, 122 goles. Casi nada.

Tras llamar la atención de todos los grandes clubes europeos, el maestro holandés decide poner fin a su etapa en su club natal para comenzar una nueva aventura. La ciudad elegida es Milán, el club: El Inter de Milán. Comienza su estancia en el Inter en el año 1993, pero pronto se dio cuenta de que el fútbol italiano no permitiría que desplegara todo su talento. La solidez defensiva que caracteriza al Calcio no le permite anotar muchos goles. Esa misma temporada el Inter queda demasiado lejos de los puestos de honor, aunque en Europa consiguen alzarse con la Copa de la UEFA, en la cual Bergkamp llega a anotar 8 goles.

En el verano de ´94 tocaba Mundial. EEUU organiza la cita y Holanda es una de las participantes. Dennis Bergkamp es una de las incuestionables figuras de la Naranja Mecánica. Pero antes de disputar el mundial, la vida de Dennis cambiará para siempre.

Durante el viaje de la selección orange a tierras norteamericanas, el vuelo en el que viajaba sufre problemas. El avión entra en una bolsa de aire que les hace caer durante unos segundos. Sin mayor transcendencia que el susto, es el momento en que Bergkamp decide no volver a volar. Montar en avión se convierte en su fobia, su temor.

Aquel susto no lo aleja de su talento, ni mucho menos. En ese mismo mundial, Bergkamp se convierte en la figura de su selección. Caen en cuartos contra Brasil (que acabaría siendo la Campeona del Mundo), por 3-2, siendo Dennis autor de un hermoso gol.


La temporada siguiente al mundial es sumamente decepcionante con el Inter de Milán, por lo que Máximo Moratti (propietario del Inter) decide traspasarlo. Su nueva casa está en Londres, su nueva familia: el Arsenal. Su fichaje se cierra en poco más de 7 millones de libras, y como cláusula, Bergkamp incluye su negativa a volar. Su fobia, latente en su nueva decisión.

Llega a un grande de Inglaterra, un club histórico que vivió sus mejores años en la década de los ´30 y que buscaba por aquel entonces su consolidación como club grande de Europa. La primera temporada en Arsenal no llega a ser lo suficiente prolífera en goles. En septiembre del ´96 llega al conjunto gunner Arsene Wenger como nuevo entrenador. Wenger llega con una idea atrevida de fútbol, en la que el talento de Bergkamp encaja perfectamente. La insuperable clase que atesora en sus pies comienza a reescribir la historia del Arsenal. Pero no sería hasta la temporada 1997/98 cuando Dennis se destaparía como máximo goleador y mejor jugador de la Premier League. Consecuencia: el Arsenal, campeón de Premier League y FA Cup.

El histórico Arsenal vuelve a dominar en Inglaterra como en antaño. Los aficionados tienen claro quién es su ídolo, el 10, Dennis Bergkamp. En 1998 disputa el Mundial de Francia. Su paso será recordado por un bellísimo tanto a Argentina en cuartos de final:


En semifinales se cruza con Brasil y, como en EEUU, vuelven a ser eliminados.

Las temporadas siguientes en Londres no hacen más que evidenciar lo sabido: La clase de Bergkamp es única. Sus jugadas, sus goles, su elegancia. El 10 holandés consigue que toda Europa tema al Arsenal. Su importancia en el equipo es tal, que en partidos cruciales de Europa, como Rusia o España entre otros, Wenger le permitía viajar en coche días antes para que el genio tulipán pudiera participar debido a su aerofobia.

A pesar de la irrupción de otra leyenda como Thierry Henry, Bergkamp es temporada tras temporada el jugador más aclamado por los hinchas de Arsenal. Saben que les devolvió a la gloria. Sus goles son puro arte. Al alcance de muy pocos, como prueba de ellos el gol que marco a Newcastle y que el propio Wenger describió como “increíble”. Quizás de los más bellos goles jamás marcados por un futbolista:


Tras 11 temporadas deleitando al club londinense, con 3 Premier Leagues, 4 FA Cup y 4 Community Shield en su palmarés y en las vitrinas de Arsenal, en 2006 disputa su último partido en la Final de la Champions League que Arsenal pierde 2-1 contra el F.C. Barcelona en Paris. Pudo ser el colofón final a una carrera.

¿Quién puede hablar de Arsenal sin hablar de Bergkamp? Tan grande fue Dennis para Arsenal que incluso los aficionados londinense llegaron a insinuar que Highbury Park (aquel característico estadio de Arsenal) se quedaba pequeño para ver a Bergkamp, por eso la inauguración del Emirates Stadium sirvió como homenaje al, posiblemente, mejor jugador de la historia del Arsenal.

Tan grande fue Dennis para Arsenal que tras la presión de los fans, el 16 de abril de 2006 los directivos decidieron nombrar “El día de Bergkamp”. Aquel día los aficionados gunners lucían camisetas naranja con el 10 y las iniciales DB.

Tan grande fue Dennis para Arsenal que en la entrada del Emirate Stadium permanece inamovible una estatua que reproduce al astro holandés y, al mismo tiempo, recuerda a todo aficionado al fútbol quien es el dueño del corazón gunner.

Pasarán años, décadas y en Londres la figura de Dennis Bergkamp será la de aquel rubio holandés que llegó a Highbury con miedo a volar, pero que, sin embargo, voló más alto que ningún otro jugador en la historia del Arsenal.

Artículo escrito por: @oscargomesende

jueves, 19 de marzo de 2015

VIDEO | Recital de Marco Verrati ante el Chelsea


VÍDEO | Marco Verratti será una de las bajas más significativas (quizá junto a Ibrahimovic) de la ida de Cuartos de final de la UEFA Champions League. Aún no sabemos a quién se enfrentará el PSG tras eliminar en Octavos al Chelsea, lo que sí sabemos es que, tras el recital que dio ante el equipo de Mourinho, será difícil que los de Blanc no echen de menos al italiano.




lunes, 2 de febrero de 2015

Del Camp Nou a La Victoria


Camp Nou
Aunque viniendo de una merengona resulte extraño hablar de esto, hoy quiero diseminar lo que fueron los inicios del Camp Nou, el estadio de fútbol más grande de Europa y el quinto mayor del Mundo. Actualmente tiene una capacidad de 99.354 espectadores, aunque cuando se inauguró su aforo era para 93.053 y durante el mundial de España 82 esta cifra llegó hasta la friolera de 120.000 espectadores. Obviamente este artículo no lo hago por amor a los colores blaugrana, sino al más puro e inmaculado blanco, y lo entenderéis inmediatamente.

El Camp Nou, cuya primera piedra se puso el 28 de marzo de 1954 se inauguró el día de la Virgen de la Merced, patrona de Barcelona. Así que un 24 de septiembre de 1957 tuvo lugar su primer partido, que enfrentó a los blaugrana con el Legia Warszawa. El primer gol que se vio fue del Barça y lo marcó el paraguayo Eulogio Martínez, quien aunque para muchos pueda ser un completo desconocido, es uno de los grandes de la historia culé. Estuvo seis temporadas en el club, siendo el máximo goleador de su equipo en tres de ellas con 168 goles en 225 partidos y ganando además dos Ligas, dos Copas de España y dos Copas de ferias.

Pero aquí viene mi pequeño homenaje al blanco y a mi tierra. El equipo que junto al Barcelona inauguró este gran estadio en partido oficial fue el Real Jaén en la segunda jornada de liga, el 6 de octubre de 1957. Si bien es cierto que los blaugranas ganaron por 6 a 1, estoy segura de que Sara, que marcó el gol del honor para los andaluces en el minuto 68, nunca olvidará la sensación de jugar en un campo así e intentar plantar cara a todo un gigante como el Fútbol Club Barcelona.

Estadio La Victoria (Jaén)
El Real Jaén es todo un histórico del fútbol español que ha estado tres temporadas en Primera División y ocupa la posición 51 con 73 puntos conseguidos en ésta. Últimamente no se encuentra en su mejor momento tras descender in extremis la pasada temporada a Segunda B en el último partido de liga, y hace unos años estuvo a punto de desaparecer como tantos otros históricos debido a su grave situación económica. Desde aquí quiero barrer para casa y declarar mi amor al blanco, a La Victoria y a todos los aficionados que van jornada tras jornadas a dicho estadio a proclamar su Orgullo Lagarto a los cuatro vientos. ¡Volveremos!

@eeeespe

domingo, 1 de febrero de 2015

¡Qué bueno que estés tan loco, Abreu!


El “loco” Abreu, ese jugador que para alguna gente es conocido por fallar un gol a puerta vacía cuando jugaba en San Lorenzo después de un tropezón, pero para los que nos “bebemos” horas y horas de fútbol le consideramos como un matador del área que golea allá por donde juega.

No me explico por qué Irureta no le dio la oportunidad en el Deportivo de la Coruña, aunque fuera como segunda opción en la delantera, cuando el uruguayo anotaba numerosos goles cada temporada que salía cedido. De las pocas cosas suyas que podemos recordar en el Depor fueron sus grandes actuaciones ante Real Madrid y Barcelona y su repentino desplome en un aburrido Mallorca-Depor, en el cual en los minutos finales del encuentro decidió irse al suelo de manera fulminante, sin ningún contrario al lado. Se fue en camilla como si estuviese en la playa y lanzando besos a la grada del Lluis Sitjar, el antiguo campo del Mallorca. Tan solo fue una de sus locuras.

Ha goleado por España, Argentina, Brasil, Grecia, México, Uruguay e incluso Israel, vamos que está hecho todo un trotamundos. Pero hablemos de sus locuras; era jugador de baloncesto, pero una noche estando en la Sub-17 uruguaya, salió y llegó tarde, por lo que le echaron. Un día más tarde llegaba a la convocatoria de Uruguay Sub-17, pero de fútbol, y en su debut metió dos goles y daba otras tantas asistencias, convirtiéndose en estrella. El mismo descubría un día en una entrevista que le llamaban “loco” porque en San Lorenzo entraba siempre en el vestuario con la música alta, haciendo bromas y aportando alegría, pero seamos sinceros, el mote le venía perfecto.

Podía raparse la cabeza, o teñirse de rubio o pelirrojo según como se levantaba, tan capaz era de regatearse a todo el Deportivo de la Coruña, en un partido que jugó con el América de México estando cedido por los gallegos, para luego acabar tirándola al palo, como de clasificar a Uruguay a semifinales en el Mundial de 2010 tirando el penalti decisivo a lo Panenka. Durante una época le dio por celebrar los goles poniéndose máscaras, la más célebre fue una siniestra calavera.

Enamorado del “13”, lo lleva siempre que puede. Cuando recaló en la Real Sociedad como era número de portero, cogió el “18” y le hizo una raya en medio para que el “8” pareciera un “3”. Y hablando de camisetas, aunque juegue a cuarenta grados siempre lleva debajo una camiseta de su padre, que él ha personalizado con fotos y escudos. Otra anécdota graciosa es que a veces cuando va a rematar un córner entra al área gritando “¡Llega el tsunami del área!”, para que a sus rivales les entre la risa y se distraigan para poder rematar mejor.

En diciembre de 2002 tuvo un accidente con su camioneta por culpa de un charco en el que falleció su mejor amigo y llamó a su hijo Fernando en su honor. Asegura que el accidente le hizo más fuerte y aprendió a valorar lo que importa en la vida.

Artículo escrito por: @VictorDebate

Los renglones torcidos del fútbol


Cambiaré un poco el título de uno de los mejores libros jamás escritos para poder introducir la historia de un hombre que pudo llegar a hacer magia, pero se quedo a las puertas del codiciado Olimpo del fútbol. Y es que este hombre es uno más de los diferentes renglones torcidos del fútbol.

Estos “renglones” abarcan muchísimos tipos de futbolistas: algunos nunca llegan a la élite simplemente por falta de talento, otros por falta de espíritu, falta de continuidad… Pero este en concreto nunca llegó porque le falló el instrumento más importante que tenemos todos los seres humanos: el cerebro.

La historia de Sebastian Deisler comienza como comienzan las carreras de todos los futbolistas que ahora idolatramos (a no ser que veamos una película de alto presupuesto en Hollywood, la cual nos contará que un futbolista se convirtió en héroe por arte de magia).

Nació un 5 de enero en el año 1980 en una pequeña localidad de Alemania. Sebastian comenzó a jugar con tan solo seis años en el FV Tumringen y con una edad un poco más avanzada en el FV Lörrach, ambos equipos locales. Pronto, cuando Deisler alcanzó los 15 años de edad, los ojeadores del  Borussia Mönchengladbach pusieron sus miras en el joven interior alemán.

Como era de esperar, Sebastian fue fichado por el Borussia y pasó cuatro grandes años en su cantera, hasta que en la temporada 98-99 tuvo la gran oportunidad de saltar al primer equipo, cuajando una excelente temporada en la que jugó 17 encuentros y perforó la red en una ocasión. Como curiosidad, en aquel Borussia compartió equipo con Enke,  quien fuera portero del Barça. Con quien compartiría, para su desgracia, la misma enfermedad, la cual se dice que pudo acabar con la vida del portero: una grave depresión. Pero no avancemos acontecimientos, la “leyenda” nacía y el jovencito Deisler era considerado el niño de oro alemán.

El Borussia, a pesar de todo, descendió a la segunda división y fue entonces cuando el Hertha de Berlín aprovechó la oportunidad para hacerse con los servicios del jugador de la región de Friburgo. Todo iba para arriba. Jugaría en Berlín, una gran ciudad y jugaría Champions League, un salto de calidad importantísimo. Y es aquí, justo aquí, cuando comenzó la pesadilla para Sebastian.

El cerebro, del que os hablaba antes, comenzaba a fallar, y psicólogos especulaban sobre el mal rendimiento que podría dar debido al salto de una pequeña localidad de apenas 49.000 habitantes a una gran urbe de casi 4 millones de ciudadanos. Decían que no estaba preparado para ese cambio tan brusco y que podría afectarle, pero no le dio tiempo…

Deisler sufrió una rotura del tan temido por los futbolistas, ligamento cruzado. La primera de muchas lesiones y la primera de otras tantas operaciones. A pesar de eso, Deisler demostró un gran aplomo al hacer la recuperación entera y ganarse la titularidad arrebatándosela a Dariusz Wosz. Tan espectacular fue su segunda parte de la temporada que fue convocado para la selección alemana y así, disputó la Eurocopa del 2000 en la que no hizo mal papel. Jugó la temporada siguiente entera y sin incidentes, consolidándose como la  gran promesa del fútbol alemán, epíteto del que nunca saldría: promesa.

En su tercera temporada en el Hertha, sufrió otra lesión gravísima de rodilla y no pudo disputar ni un solo partido de la temporada 2001/02. Al finalizar esa temporada, se sometió a una nueva operación de rodilla, y el Bayern hizo un movimiento que algunos medios tildaron de “locura”: ficharon por 9 millones de euros (20 millones de marcos, muchísimo para la época de la que hablamos) a un ya veinteañero Sebastian Deisler.

Con este salto de calidad, la prensa se le echó encima con diferentes motivos: ya estaba en un grande, la gran promesa, todo el mundo le esperaba, no podía volver a lesionarse, decepcionaría a todo un país… Y fue aquí cuando, definitivamente, el instrumento del que hablaba al principio del artículo, se rompió. Deisler no pudo soportar aquella presión. Volvió a lesionarse y en la Navidad de 2003 toco el fondo más absoluto: fue internado en el Max-Planck-Institut de Munich, un sanatorio mental, para poder tratar su fuerte depresión nerviosa.

Sin prisa pero sin pausa fue avanzando. Poco a poco. A los dos meses salió del sanatorio, pero el cerebro no llegó a recuperarse realmente, lo que repercutió en su forma física. Nunca estuvo bien ni mental ni físicamente. El diario alemán Bild le apodó “Dalai Deisler” a su salida del sanatorio, ya que para apoyarse en su recuperación ingresó en una secta budista, quienes incluso fueron a visitarle a algún entrenamiento. El Bayern llegó a contratar espías para que no fuera más allá en aquella secta y no le afectara a nivel de juego.

Su vida sufrió un giro cuando Michael Ballack abandonó el Bayern, ya que tuvo que hacerse cargo del mediocentro durante dos temporadas enteras, llegando a recuperar un gran nivel y siendo convocado para la Copa Confederaciones de 2005 por la selección alemana. Su rodilla acabó definitivamente con su carrera deportiva y en el año 2006 tuvo otra grave lesión. Al recuperarse, no podía más (llegó a pensar en el suicidio según sus psicólogos) y decidió abandonar el fútbol definitivamente a la edad de 27 años.

Esta es la historia de uno de los numerosos renglones torcidos del fútbol que nos demuestra, ni más ni menos, que los futbolistas son personas, como todos nosotros, y que cuando el cerebro de uno de estos privilegiados dice “hasta aquí” no hay nada que pueda evitarlo.

Actualmente Sebastian Deisler es feliz, y regenta una tienda de productos del Nepal y del Himalaya en su ciudad natal, después de escribir su autobiografía y sacarse un buen dinero con ello.

El fútbol no son solo horas y horas de gimnasio. El fútbol no son solo 11 tíos dándole patadas una pelotita. El fútbol no son solo 50.000 personas cantando en una gran estructura con un césped rectangular en el centro. El fútbol es vida. Y no todos están preparados para llevar una vida así.

Artículo escrito por: @AlejandroJabad

jueves, 1 de enero de 2015

La maldición de los nacionalizados


“Pero allá donde voy me llaman el extranjero…”. Bien valdría este estribillo de una canción de Enrique Bunbury para reflejar un debate que se ha instalado en los últimos meses en el balompié patrio. La posibilidad de llevar al Mundial a Diego Costa, jugador nacido en la localidad brasileña de Lagarto, hizo que la Federación se pusiera manos a la obra para intentar que el delantero que defendía los colores del Atlético de Madrid se enfundara la roja. Hasta la fecha, la apuesta no ha tenido los resultados deseados.

Unos meses después del fiasco mundialista, una lesión del propio Diego Costa ha servido para recuperar del olvido este debate. La razón se llama Munir El Haddadi, un delantero convertido en la sensación del inicio liguero y que tenía la oportunidad de defender los colores de Marruecos. Ante la duda, Vicente Del Bosque ha optado por convocarle cuanto antes con la selección absoluta, unas prisas que han originado críticas desde algunos sectores.

A la espera de saber si el esfuerzo por el jugador de El Escorial ha merecido la pena, lo cierto es que Munir no parece haber llegado a la ‘Roja’ en el mejor escenario posible. Su inesperada llegada hará que muchos miren su rendimiento con lupa y, además, el jugador deberá lidiar con una especie de leyenda negra que persigue a los futbolistas nacionalizados. Salvo alguna honrosa excepción como la de Marcos Senna, el rendimiento generalizado no ha acabado de ser positivo en lo que a los jugadores que, a pesar de nacer fuera de nuestras fronteras, decidieron vestir la roja por iniciativa propia.

Salvando las distancias, el caso de Munir recuerda al de Bojan Krkic. Al igual que la revelación de la presente temporada, Bojan se hizo un hueco en la primera plantilla del Barcelona a base de goles y descaro. Luis Aragonés se apresuró a convocarle para alejar los cantos de sirena que llegaban desde la federación serbia. Con la selección coronada como campeona de Europa en 2008, Bojan suponía un soplo de aire fresco y toda una apuesta de futuro. Sin embargo, casi sin llegar, el delantero de Linyola acabó yéndose de la absoluta.

Catanha, Donato, Pernía, Pier Luigi Cherubino, e incluso jugadores de tronío como Di Stéfano o Ladislao Kubala, parece complicado encontrar un jugador nacionalizado que haya tenido un rendimiento destacado con España. Otro de los que estaba llamado a romper esa racha es Thiago Alcántara, aunque el gafe también se fijó en el hijo de Mazinho en forma de lesión que le apartó del pasado Mundial.

Un gafe internacional
El consuelo que le queda a la selección española es que esta maldición no es exclusiva. Incluso la vigente campeona del mundo, Alemania, ha visto a lo largo de la historia cómo no siempre lo que se busca fuera del país asegura un buen rendimiento. Klose, Podolski e incluso Neuville (nacidos los dos primeros en la vecina Polonia y el tercero en Suiza) parecen ser las excepciones que confirman la regla.

Gerald Asamoah fue uno de los primeros futbolistas en exponer el mestizaje presente en el país germano. Nacido en Ghana, este rápido delantero llegó a formar parte de la lista de convocados nada menos que para dos Mundiales: el de 2002 y el de 2006. A pesar de haber defendido en 43 ocasiones la ‘mannschaft’, Asamoah fue, por desgracia, más protagonista por episodios racistas que por su aportación futbolística.

Durante su periplo en la selección, Asamoah llegó a coincidir con dos jugadores que estaban llamados a dotar de goles al rodillo germano. A pesar de haber nacido en Brasil, ni Cacau ni Kevin Kuranyi lograron trasladar a la selección su buena reputación en la Bundesliga.

Casos como estos demuestran que las nacionalizaciones de jugadores no son siempre garantía de éxito.

Artículo escrito por: @franciscoquiros